viernes, 12 de octubre de 2007

CARTA DEL PRELADO EN OCTUBRE

GRACIAS MUCHAS VECES AL DÍA

«Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día».

Estas palabras de Camino podrían condensar la carta de octubre del Prelado del Opus Dei.

Como siempre hace el Prelado vuelve a invitarnos a que sigamos los pasos de San Josemaría.

En esta ocasión aprovecha la circunstancia de que ha podido recorrer una parte de la travesía que hizo San Josemaría por los Pirineos durante la Guerra Civil.

Y recordando aquello nos dice que «Siguiendo sus pasos, era muy fácil vibrar con los mismos afanes suyos».

Tuvo que pasar San Josemaría pruebas interiores y exteriores, en las que se pusieron de manifiesto su delicadeza de alma, y su heroísmo.

Tenemos que dar gracias a Dios, por cumplirse un nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei, que ha comenzado el año 80 de su historia.

«Renovemos nuestra acción de gracias por esta manifestación de la misericordia divina con la humanidad, que es el Opus Dei: instrumento de evangelización y de santificación.»

Y también damos gracias por el quinto aniversario de la Canonización de San Josemaría.

«Y añadimos nuestra gratitud a Dios por haber ofrecido a la Iglesia universal el ejemplo de la santidad de nuestro Padre, proclamada mediante su canonización».

–Gratias tibi Deus, gratias tibi. Le decimos ahora al Señor.


Cuánto le gusta al Señor que le mostremos nuestro amor siendo agradecidos.

Le dijo a una persona santa:
«Recuerda que un solo leproso, entre diez, me dio las gracias. Los otros nueve, simplemente se fueron...»

Los compañeros del leproso, que también fueron curados, en los momentos duros, se acordaron de pedir a Jesús; pero luego se olvidaron.

Y es que con frecuencia tenemos mejor memoria para nuestras carencias que para las cosas que hemos recibido.

Puede ser que vivamos pendientes de lo que nos falta, y nos fijemos poco en lo que tenemos, y por eso nos quedamos cortos en la gratitud.

También puede suceder que pensemos que las cosas salen gracias a nuestra lucha y nuestro trabajo.

Por eso darle gracias a Dios nos aumenta la fe, porque nos hace reconocer que el Señor está detrás de todo lo bueno que nos llega.

Dice el Prelado:
«Examinad vuestra vida, hijas e hijos míos, y descubriréis muchos otros motivos personales de agradecimiento a Dios»

Entre otros motivos está:
«el haber sido convocados por el Señor para colaborar en la misión de la Iglesia precisamente ahora, en los albores del sigo XXI, con el encargo de configurar cristianamente la sociedad...»

Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades es nuestro fin.

También es bueno que nos acostumbremos a darle gracias a Dios por las cosas que nos parecen malas.

Cuánto bien nos ha hecho la Cruz. Precisamente por la Santa Cruz nos ha venido la salvación al mundo.

Por eso hemos de agradecer las cosas que se nos presentan como dificultades. Dice el Prelado:

«Alcemos al Cielo nuestra oración de gratitud por las alegrías y por las penas, por las facilidades y por las dificultades que hayamos podido encontrar, pues todo concurre al bien de los que aman al Señor (cfr. Rm 8, 28)».

El «omnia in bonum» que tenía grabado en el alma San Josemaría. Todo es bueno para los que aman a Dios.

Todo es bueno: lo dulce y lo amargo, lo blanco y lo negro…con tal de que amemos al Señor. El mismo Dios se encargará de que el veneno se transforme en medicina.

Como decía el mismo san Josemaría: «dale gracias por todo porque todo es bueno».

Por eso le decimos ahora:
–Gracias, Señor, por todo…

San Josemaría aconsejaba que le diéramos gracias a Dios incluso por nuestras infidelidades, porque al reconocerlas le pedimos perdón y hacemos el propósito de nos fallarle más.

Por eso al final de sus años en la tierra nos animaba a permanecer
«siempre en una continua acción de gracias a Dios, por todo: por lo que parece bueno y por lo que parece malo, por lo dulce y por lo amargo, por lo blanco y por lo negro, por lo pequeño y por lo grande, por lo poco y por lo mucho, por lo que es temporal y por lo que tiene alcance eterno. Demos gracias a Nuestro Señor por cuanto ha sucedido este año, y también en cierto modo por nuestras infidelidades, porque las hemos reconocido y nos han llevado a pedirle perdón, y a concretar el propósito —que traerá mucho bien para nuestras almas— de no ser nunca más infieles»

Muchos favores del Señor los recibimos a través de las personas que tratamos diariamente.

Y por eso el agradecimiento a Dios debe pasar por esas personas que tanto nos ayudan a que la vida sea más grata, y el Cielo más cercano.

Al darle gracias a esas personas, se las damos a Dios, que se hace presente en nuestros hermanos.

Y el mejor momento para agradecerle a Dios todo es durante la Santa Misa. Precisamente la palabra Eucaristía significa eso: Acción de gracias.

«Allí, nos dice el Prelado, el Señor presenta la ofrenda de su vida y la de su Cuerpo Místico».

Su cuerpo estaba roto pero el Señor entrega su vida con una inmensa alegría sobrenatural. Por eso decía San Josemaría:

«Sin abandonar las acciones de gracias, os pido ahora, hijas e hijos míos: servite Domino in laetitia» .

La mayor entrega que la humanidad puede hacer a Dios, el mayor don que Jesús hace al Padre por la salvación de los hombres: esa era su intención.

Y por esa intención «Él, hijos no regatea ni una gota».

Por eso el Prelado pide para que aprovechemos las gracias que nos llegan desde el cielo.

Y a continuación cita unas palabras de Benedicto XVI que nos pueden ayudar a concretar:

«Quien quiera ser amigo de Jesús y convertirse en su discípulo auténtico (…), no puede por menos de cultivar una íntima amistad con Él en la meditación y en la oración».

Y pasa el Prelado a aconsejanos un medio tradicional en la Iglesia: los retiros espirituales
«en los que el alma se dedica a pensar en Dios –dejando de lado las preocupaciones de la vida ordinaria– y en el propio provecho espiritual».

El mismo Jesús se retiró muchas veces con sus discípulos para estar con ellos y quiso pasar 40 días en el desierto para rezar con tranquilidad. Es un medio necesario para la vida del cristiano.

A San Josemaría le servían de mucho los retiros. Precisamente en este mes se cumplen 75 años de un curso de retiro que hizo en Segovia en el convento de Carmelitas descalzos edificado por San Juan de la Cruz.

Como siempre hacía, sabiendo la importancia que tenían esos días pidió oraciones a otras personas para aprovecharlo bien.

Y le sacó mucho jugo. Uno de esos días, el 6 de octubre, recibió la moción divina que le llevó a poner bajo el patrocinio de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael las labores apostólicas del Opus Dei.

«Salió de aquellas jornadas, escribe el Prelado en su carta,
con propósitos claros y concretos para sacar adelante la Obra».

También es un hecho que el Opus Dei viniera al mundo mientras su Fundador hacía unos días de retiro en Madrid. Aquello le cambió la vida.

Los retiros espirituales y los cursos de retiro son tan eficaces que muchas personas dan un cambio radical en sus vidas. «Se trata –decía San Josemaría–
de unos cuantos días dedicados a considerar la vida del Señor, para conocerle más, para tratarle más, para amarle más, para seguirle más» .

La cercanía de Dios nos transforma, y nos permite darnos cuenta de la grandeza de nuestra vida. Como dice el Papa todo eso lo realiza «este intimo estar con Cristo» .

Por eso es bueno que nos preparemos nosotros y ayudemos a que se preparen bien esas horas de unión con Dios.

La vida de la Virgen está llena de esos momentos de tranquilidad en los que estaba a solas con Dios.

Sus retiros interiores siempre estuvieron llenos de acciones de gracias.

De hecho la única oración que conocemos porque la rezó en voz alta fue el Magnificat, que es una pura alabanza a Dios por su bondad, su poder y su misericordia.


Ignacio Fornés

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