viernes, 16 de abril de 2021

MENTIROSOS


Jesús les dice a los discípulos que estaba profetizado que el Mesías padecería, resucitaría al tercer día, «y en su nombre se predicara la conversión» (Lc 24,47: Evangelio de la Misa de hoy).

Convertirse es dar un giro total a la vida que uno está llevando. Es algo que implica una cierta violencia. Un esfuerzo grande porque, a veces, hay que cortar con cosas que llevas haciendo desde hace mucho, y ya lo tienes como incorporado a tu manera de ser.

Convertirse cuesta, como a un borracho le cuesta dejar de beber; o a un drogadicto someterse a un tratamiento de desintoxicación. Es una decisión muy fuerte de querer cambiar. Y eso no todo el mundo está dispuesto a hacerlo.

Vamos a pedirle al Señor la gracia para ser capaces, para querer cambiar de verdad. Es algo que es posible. Es lo que hicieron los apóstoles después de la resurrección de Jesús.

Pasaron de estar tristes, escondidos, sin luchar, bloqueados y temerosos, a salir al mundo y predicar la resurrección y la conversión por haber matado al Hijo de Dios.

HABLAR DE CONVERSIÓN

Por eso nosotros los cristianos después de la Resurrección hablamos de «conversión». Así lo hace San Pedro: «arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados» (Hch 3,19: Primera lectura de la Misa).

Hay gente que no se arrepiente de nada de lo que hace. Incluso repetirían segundo a segundo su vida sin cambiar nada de nada.

Todo el mundo, por muy bueno que sea, hace cosas malas. De algo siempre nos podemos arrepentir. Si hacemos un poco de examen, descubriremos auténticos pecados.

Hace dos años, vino una de las profesoras de Primero de primaria a contarme que en su clase estaban desapareciendo peluches. Yo no daba crédito. Una niña de primero de Primaria es muy pequeña. Total que fui a la clase como capellán del colegio para ver si imponía un poco y explicarles.

Llegué. La impresión es que les imponía más bien poco. Les expliqué que un pecado es algo que le hace daño a Dios y que nunca es bueno cometer pecados. Entonces, se me ocurrió preguntarles: a ver decidme un ejemplo de pecado. Y todas a coro respondieron: robaaaar! Lo peor de todo es que lo dijeron con la misma cara de felicidad como si estuvieran diciendo algo lícito y aceptado, sin ninguna vergüenza. Me fui desolado y comprobando que el pecado original actúa en la niñez.

¿PECADOS?

¿Es que en pleno siglo XXI se puede hablar de pecados? Nosotros estamos acostumbrados a oír –en los medios de comunicación– las cosas que los demás hacen mal, pero al parecer nadie se arrepiente de nada. El mal es lo que hacen los otros.

Reconocer la propia culpa, hoy en día tampoco es algo que se valore, queda raro. Pedir perdón no está de moda, es como de personas extrañas.

EN NUESTRO CORAZÓN

Duele decirlo, pero el mal habita en nuestro corazón. La línea divisoria entre el bien y el mal no está fuera de nosotros. No es que haya «buenos y malos»: sino que en ocasiones actuamos bien y otras veces no.

A veces seguimos los mandatos del Señor, pero otras somos mentirosos, como dice San Juan (cfr. 1Jn 2,1–5: Segunda lectura de la Misa).

NO PASAR PÁGINA

Se trata de que no pasemos página. Como si el mal se arreglara ignorándolo. Lo que hemos de hacer es borrar la página, acudiendo al Sacramento de la Misericordia de Dios: con el agua que brotó de su corazón traspasado Jesús nos limpia mediante la Confesión.

Entonces podremos decir con el Salmo (4,9: Responsorial de la Misa): «en paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo».

Se duerme mejor cuando no tienes remordimientos. Y, puedes pensar que hay gente que peca y duerme a pierna suelta. También les pasa a los gatos. No tienen remordimientos porque no son humanos.

REFUGIO DE LOS MENTIROSOS

Al rezarle a la Virgen podemos decirle: ruega por nosotros, mentirosos, para que nos convirtamos.

En estos días hemos celebrado las primeras confesiones en el colegio. Lo mejor de la ceremonia es cuando las alumnas se van al banco con su madre y hacen juntas el examen de conciencia previo a la confesión.

Van todas con su uniforme y un lazo blanco. Parecen un regalo. Sus almas quedan como nuevas porque sus madres, que son las que las conocen, les dicen todo lo que hacen mal, pecados reales.

Pues, le pedimos a nuestra Madre del Cielo que nos haga descubrir lo que no va, los pecados que cometemos para confesarlos y ser como un regalo para Dios.

viernes, 9 de abril de 2021

LO MEJOR DE DIOS


De lo que Dios está más orgulloso es de su misericordia, de su bondad. Ese es su gran atributo. Todas sus obras están coronadas por su Misericordia.


-Señor te damos gracias por tu bondad, porque es eterna tu misericordia (cfr. Sal 117: responsorial).

El gran poder de Dios es su amor. Por eso perdona siempre. Nos ama tanto que su misericordia actúa si le dejamos.

Eso es lo que realmente vence al mundo. No la violencia o el egoísmo, sino el amor de Dios que se nos manifiesta en la cruz. Esa es la fuente de donde sale su Misericordia (cfr. 1Jn 5,1-6: Segunda lectura).

LA FUERZA DE LA CRUZ

Catalina de Emerich cuenta como, cuando Jesús estaba clavado en la cruz, había un centurión al mando de los soldados que estaban allí. Se llamaba Abenadar.

Tenía los ojos fijos en el cuerpo destrozado del Señor. Había presenciado como perdonaba a sus enemigos. Sintió una profunda emoción.

Cuando Jesús murió y tembló la tierra, la gracia iluminó a Abenadar. Su corazón, orgulloso y duro, se partió como la roca del Calvario; tiró su lanza y dijo: "¡Bendito sea el Dios Todopoderoso, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; éste era justo; es verdaderamente el Hijo de Dios!".

Muchos soldados, al oír las palabras de su jefe, hicieron como él. Abenadar, convertido del todo, dio su caballo y su lanza a Casio, el segundo oficial y se fue en busca de los discípulos del Señor para anunciarles la muerte del Salvador.

VIVIR TRANQUILO

Dios quiere nuestra felicidad, que vivamos tranquilos, serenos. Y una de las cosas que nos dan más paz es pensar en la misericordia de Dios.

Cuenta el Evangelio como los Apóstoles se alegraron al verle resucitado. Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: paz a vosotros.

Con gran poder los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús (Hch 4,32-35: Primera lectura).

Saber lo bien que está dispuesto el Señor ante nuestros errores, aunque hayamos hecho una barbaridad nos ayuda mucho. Dios aplica su misericordia según las necesidades de cada uno.

La humanidad no encontrará la paz hasta que no vaya a la fuente de mi misericordia.

LA VISIÓN DE FAUSTINA

El Señor quiso que el mundo conociera su Misericordia a través de las revelaciones hechas a una santa, Faustina Kowalska.

En una ocasión le decía: «las almas me reconocen como Santo y como Justo, pero no tienen confianza en mi bondad. Y le daba un encargo: Anuncia que la Misericordia es el mayor atributo de Dios».

Una tarde, estando en su celda vio al Señor vestido de blanco y con una mano levantada para bendecir mientras la otra estaba pegada al pecho. De su vestido salían dos rayos, uno rojo y otro blanco o claro.

El Señor le encargó pintar la imagen de la visión y que debajo pusiera escrito: Jesús confío en Ti!

Y le dijo el Señor: prometo que el alma que adore esta imagen no se perderá. Prometo la victoria sobre el enemigo en esta tierra y en particular en el momento de la muerte. Yo mismo lo defenderé.

ROJO Y BLANCO

Hablando del Señor nos dice san Juan: Este es el que vino por el agua y por la sangre: Jesucristo; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre.

Los dos rayos de esa visión representan el Agua y la Sangre. El rayo blanco es el Agua que justifica las almas. El rojo es la Sangre que representa la vida para el alma.

Los dos salen del costado de Jesús después de que la lanza le atravesara el corazón. Representan la confesión y la Eucaristía.

UN CASO REAL

Faustina también cuenta como un día que entró a rezar en la capilla, Jesús le dijo: hija mía ayúdame a salvar un pecador en agonía.

Empezó a rezar la oración a la Divina Misericordia y vio a una persona que se estaba muriendo y que luchaba en su interior.

Su Ángel custodio lo defendía, pero parecía que no podía hacer nada ante la enorme miseria de esa persona. También vio como una multitud de demonios estaban esperando para llevarse aquella alma al infierno.

Mientras rezaba esa oración vio la imagen de Jesús con los dos rayos que salían de su Corazón tocando al enfermo y los diablos que se iban rápidamente. Entonces el enfermo expiró serenamente.

La oración que el Señor le pidió que rezare era esta:-Oh Sangre y Agua que sales del corazón de Jesús como fuente de misericordia por nosotros, confío en ti!

Cuando reces, le dijo Jesús, esta oración con el corazón arrepentido y con fe por cualquier pecador, le concederé la gracia de la conversión.

Vamos a decírsela ahora para que salve a los que van a morir hoy.

CARLOS Y JOSÉ

Esta fiesta la instituyó Juan Pablo II. Y en vísperas de ella, el Papa Grande se nos fue al cielo.

El Papa es el vicecristo. El Padre de todos los cristianos. A través del Papa la misericordia de Dios se hace presente.

Decía una persona que, estando en la plaza de san Pedro, al finalizar una de las ceremonias multitudinarias, pasó el Papa Benedicto en coche. Le impresionó comprobar la mirada que tenía de comprensión y cariño al mirar a la gente.

Así es Jesús. Así es también la Virgen, por algo la invocamos como Madre de Misericordia.

sábado, 3 de abril de 2021

ACTUO DIOS



Hoy es el día en que actuó el Señor. Hoy, Dios, hizo una de las suyas. 

Como lo puede todo, del mal siempre saca bien. Su amor y su inteligencia se las ingenia para salvarnos.

Parecía que estaba dormido. Jesús estaba muerto. Dios estaba en silencio. Como ahora en el sagrario, que parece que no hace nada y, sin embargo, está muy activo.

¡CON LA QUE ESTÁ CAYENDO!

La Primera lectura hace un resumen de la vida de Jesús en pocas líneas. Todo empezó en Galilea. Parecía que se trataba de uno más, que era un maestro como tanto otros (cfr. Hch 10,34ª- 37-43).

A simple vista, las autoridades religiosas, que eran la voz autorizada de Yahvéh, iban contra él. Y él era Dios que callaba y actuaba.

Entonces empezaron a ver como expulsaba demonios y hacía milagros. Muchos se pusieron de su parte, los apóstoles y otros, que fueron testigos de lo que hizo.

Hoy se repite la misma historia. Algunos poderosos de la tierra también van en contra de Dios. Se creen que lo pueden todo, y por eso hacen y deshacen. Y, con ese poderío cometen crímenes como el aborto o la eutanasia, o injusticias de todo tipo, etc.

Las personas piensan que, como tienen libertad, pueden hacer lo que quieran, incluso matar. Antes, los esclavos no tenían derechos y se les podía quitar la vida si el amo quería. Hoy, gracias en gran parte al cristianismo, eso ha desaparecido.

Pero en nuestra sociedad, como se han quitado a Dios de en medio, se pueden matar niños para defender la libertad de la mujer. Cuando alguien es un incordio, da mucho trabajo, te hace dormir mal o te quita mucho tiempo, entonces el Estado te dice que en esos casos puedes matarlo.

Ante esto, parece que Dios no hace nada, que está en silencio. Como en el sepulcro y en el sagrario. Señor ¿cómo no actúas, con la que está cayendo?

SIEMPRE PASA LO MISMO

Con Jesús pasó lo mismo. Era el Hijo de Dios. No un vecino o un conocido, sino su Hijo. Lo mataron y su Padre Dios no hizo nada. O eso parecía, porque luego lo resucito.

Lo más sorprendente del Señor es que vino para eso. Quiso mostrar su amor y su misericordia con la cruz. Así actuó su inteligencia.

Los hombres, tanto amor, no lo entienden. Por eso, a los primeros cristianos les costaría hablar de la crucifixión, sería como un tema tabú.

En parte se entiende. Es como si el padre de una amiga tuya hubiera muerto en la cárcel. Hablar de eso con ella sería de mal gusto: іQué pena lo de tu padre ¿verdad?!… Por cierto ¿cómo fue? ¿Por qué estaba en la cárcel? Sería como nombrar la soga en casa del ahorcado.

Pero la cruz es la manera que tiene Dios de salvarnos. Aunque parezca que no, el Señor sabe lo que hace. Tiene todo controlado.

Nuestro Señor hace que lo malo termine bien, porque él no pierde batallas.

Durante la Semana Santa de Málaga, estaba un grupo de gente joven esperando el paso del trono del Crucificado. Estaban pero de fiesta, riendo y hablando en alto. Una persona mayor les recriminó su actitud. Y uno del grupillo les contestó: es que nosotros ya sabemos como termina esta historia. Dios siempre triunfa.

NO DRAMATICEMOS

Con la cruz que tienes, Dios hace muchas cosas. Todo el mundo tienen una preocupación. Incluso las niñas pequeñas. El otro día vino una para pedir que rezara por su perro que tenía gripe.

Si lees cualquier vida de un santo, todos tuvieron cruz.

Dios parece que no hace nada y hace todo. Lo que pasa es que no interviene como el séptimo de caballería, machacando a los indios o queriendo hundir a sus enemigos.

Nuestro Señor no solo no los fulmina sino que intenta hacerse amigo de ellos. De hecho la mayoría de los que crucificaron al Señor se hicieron cristianos.

OS VAIS A ENTERAR

El día de Pentecostés se convirtieron 5.000. Allí estaban presentes muchos de los que crucificaron al Señor. Y san Pedro en el discurso que les dio, no les amenazó ni los condenó, en plan:

Vosotros, los que matasteis a Jesús de Nazaret, iréis al infierno y os quemareis por toda la eternidad. Habéis matado al mismo Dios, no tenéis perdón. Hoy es el día de la furia del Señor. Os vais a enterar de lo que vale un peine, no vais a dar pie con bola porque enviará sus ángeles y os machacarán ¡La que habéis liao!

No. Les dice claramente lo que hicieron mal, pero para provocar en ellos la conversión (Hch 2, 14 y ss).

MIS MEJORES ENEMIGOS

Los que ahora llamamos enemigos, los que persiguen a la iglesia, o las personas que nos hacen daño, son los que más bien nos hacen. Cuando nos ven sufrir, como el Señor, con serenidad, eso les hace buenos.

La Virgen Santísima sabía como iba a terminar esa historia, por eso nunca perdió la fe ni la esperanza.

viernes, 26 de marzo de 2021

LA HORA CERO


 

Comenzamos esta Semana que los cristianos llamamos Santa. Son los siete días más importantes de la historia de la humanidad.


Lo que ocurrió fue tan fuerte que hoy sigue influyendo en las personas. De hecho muchos se convierten en estos días. La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús marcó un antes y un después.

En los libro de historia se cuentan las cosas haciendo referencia al Señor. Así, se dice que Constantino es del siglo III d.C.; o que los egipcios son del año 2.000 a.C. Realmente todo gira alrededor de Cristo.

Por eso, por poco que nos empeñemos, meditando despacio lo que ocurrió, saldremos de estos siete días mejor de como estamos ahora. El Señor espera de nosotros un cambio. Con su ayuda podemos convertirnos.

EL PASO DEL SEÑOR

Dios no sólo quiso hacerse hombre, sino que decidió implicarse en la vida humana.

Aunque sabía que, si se portaba con sinceridad, con Verdad, la malicia de los hombres acabaría con su vida.

Aceptó esa humillación, sabía que los hombres se portarían así, y no obstante consintió que los seres humanos lo trataran con saña, con una vileza increíble.

Esto, a simple vista, no se entiende bien. Incluso, aunque lo medites en la presencia de Dios, no es fácil comprender por qué quiso llegar hasta ese extremo y pasarlo tan mal.

Hace unas semanas, durante una convivencia de niñas de 15 años, les pusieron un documental sobre el via crucis. Algunas venían a hablar conmigo durante la proyección porque preferían no verlo, les daba pena ver sufrir tanto al Señor.

Algo parecido le sucede a la gente con las imágenes de la flagelación que aparecen en la conocida película de la Pasión. Muchos se salen porque no aguantan ver aquello.

El paso del Señor por la tierra fue un camino sangriento, un via crucis. Y precisamente con su Sangre nosotros nos íbamos a salvar de la esclavitud de nuestros pecados.

COMO EL PEOR DE LOS ESCLAVOS

El profeta Isaías describe cómo iba a ser tratado el Mesías, sería un esclavo, un siervo, llevado a una muerte especialmente cruel (cfr. Is 50,4-7: Primera lectura).

Hay una expresión que aparece en la Escritura y que no deja de llamar la atención. Y es cuando compara a Jesús con un cordero llevado al matadero. Así iba el Señor: angustiado por lo que se le venía encima pero sin rechistar.

Cuando un animal es llevado al lugar donde lo van a degollar, de alguna manera se da cuenta, lo sabe, y se resiste todo lo que puede. Jesús no se resistió. Entró montado en un borrico sabiendo que lo iban a torturar.

Las masas que lo aclamaban a su entrada triunfal en Jerusalén, pocos días después iban a pedir que lo torturaran: que le doliera morir.

Dice el salmo de la Misa: me acorrala una jauría de mastines (Sal 21: responsorial).

El Señor va hacia la muerte rodeado de gritos en su contra y alaridos de sus enemigos. Como una presa que corre acorralada por sus asesinos, en medio de ladridos y dentelladas. No tiene escapatoria. Muere humillado y en medio de un dolor tremendo.

San Pablo nos habla también de la humillación de Jesús, que siendo Dios fue despojado de toda dignidad, para acabar clavado en un madero (cfr. Phil 2,6-11: Segunda lectura).

LA HUMILLACIÓN DE DIOS

Gracias al abajamiento de Dios el hombre ha sido salvado. Nada en lo que interviene Dios acaba en tragedia. Porque de los males saca bienes, y de los grandes males grandes bienes.

La Semana Santa empieza con la exaltación del Mesías. Pero esto dura poco: al cabo de unos días el que era aclamado se ve totalmente en desamparo.

No podemos esperar nada de este mundo. Todo lo bueno viene de Dios. Lo que, en principio nos parece rechazable, una muerte así, en el fondo nos hace mejores.

Hace unos años, una chica joven, valenciana, contó cómo fue su conversión durante una Semana Santa que pasó en Roma.

Cuando llegó por primera vez a la Plaza de San Pedro aquello le impactó. No sólo por la arquitectura sino por que estaba en el centro de la cristiandad. Y allí estaba, una mañana como la de hoy, Domingo de Ramos, asistiendo a Misa. Escuchó con atención el Evangelio de la Pasión, y después la homilía de Benedicto XVI.

El Papa hizo alusión a que, antiguamente, durante esa Misa la gente iba en procesión hasta la iglesia y, cuando llegaban a la puerta de la iglesia, se golpeaba con la cruz que encabezaba la procesión.

Estas palabras de Benedicto XVI le impresionaron mucho y le venían constantemente a la cabeza durante los días siguientes: «Dios está golpeando mi alma para que le abra las puertas…». Esas palabras se le quedaron grabadas en el corazón, y le fueron viniendo a la cabeza durante los días siguientes.

Llegó el Viernes Santo y fue a los oficios a una iglesia que estaba llena hasta los topes. Durante los oficios hay un momento en el que la gente va hacia el altar para adorar y besar la cruz.

Como había mucha gente, aquello duró casi una hora. Mientras estaba en la cola, le vino a la cabeza otra vez la idea que del Papa: la cruz procesional que golpea las puertas de la iglesia para que se abrieran…«Dios está golpeando mi alma para que le abra las puertas…»

Se iba acercando cada vez más. Entonces, cuenta esta chica, le entraron ganas de salir corriendo fuera de la iglesia y huir.

Pero también le venían unas ganas tremendas de salir corriendo, pero hacia la cruz, para besarla y dejarle al Señor entrar en su alma. Al final todo terminó bien.

EL TRIUNFO DE LA FE DE UNA MUJER

Y después de que Dios es humillado por nuestro amor, vendrá lo que nadie esperaba. Habrá un antes y un después en la Historia humana: la Resurrección.

La Virgen se fió siempre de Dios. La primera Eva ante un árbol desconfió de Dios. María ante el madero de la cruz, aceptó ser humillada para que la humanidad que naciese estuviera en amistad con Dios.

El primer pecado fue iniciado por el orgullo y la desobediencia. La salvación nos vino por la humildad y la aceptación de una Mujer: Hágase.

jueves, 18 de marzo de 2021

MORIR



Respondiendo a las preguntas que le hicieron unos griegos, Jesús resume su vida: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto» (Jn 12, 24: Evangelio de la Misa de hoy).

Explica a los que quieren verle en qué consiste lo que ha venido a hacer a esta tierra: morir para dar fruto.

Esta frase tan bonita, igual que lo del trigo que muere, en el fondo es tremenda.

El Señor en más de una ocasión les dijo a sus discípulos que lo azotarían y que sufriría una muerte muy dolorosa. Y todo eso era necesario que le ocurriera para salvar a los hombres.

Es como si a una de vosotras le dijeran que, por el bien de Granada fuera necesario que la apedreasen y la colgaran de un palo boca abajo hasta que muriese. Así nos hacemos un poco idea de lo que el Señor estaba diciendo.

Si se diera esa circunstancia, seguro que le diríamos a esa amiga que estaba loca, que eso sería una tontería, que de qué iba, que se quitara eso de la cabeza. 

Eso fue exactamente lo que le dijo San Pedro al Señor. O sea que el ejemplo sirve, no iba tan descaminado.

EL GRANO QUE MUERE

Jesús dice que él es el grano de trigo que muere. El grano de trigo tiene que pudrirse y morir para que surja la espiga, y luego se pueda hacer el pan.

Porque Jesús se hace Pan para nosotros. Por eso la Eucaristía está muy unida a la Pasión, porque es el Cuerpo de Cristo que muere para darnos vida. 

Murió. Exactamente igual que el trigo.

EL VERDADERO MANÁ

Cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto, como no tenían qué comer, Yavhé les envió una especie como de pan blanco. Cuando amanecieron y lo vieron decían man-hú que significa ¿qué es esto? (Cfr. Ex 16,15)

Jesús es Pan, y comiendo su Cuerpo, que es la Eucaristía, comemos a Dios.

No es metáfora que Jesús muera para darnos vida, para alimentarnos. Está aquí. Es verdad. 

Jesucristo es el Hijo de Dios que baja del cielo como alimento. Es el verdadero maná. 

Gracias al maná siguieron adelante en su viaje por el desierto.

MORIR PARA DAR FRUTO

Muere para que nos alimentemos. Y nosotros que somos cristianos también podemos ser trigo que muere por los demás. 

Nosotros tenemos que hacer lo que hizo Cristo. Morir por los demás. Así también resucitaremos para la Vida eterna.

Nuestras renuncias sirven si están unidas al sacrificio de Jesús, que murió por otros. 

MORIR POR LOS DEMÁS

Hay un santo que hizo exactamente lo mismo que Jesús, hace solo 70 años.

Se llamaba Raimundo Kolbe. Es más conocido por Maximiliano, nombre que adoptó cuando ingresó en el seminario de los padres franciscanos.

Se ordenó sacerdote. Estuvo en Japón de misionero. En 1936 regresa a Polonia y tres años más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, es apresado junto con otros frailes y enviados a campos de concentración en Alemania y Polonia.

Poco después es liberado y, de nuevo, hecho prisionero en 1941. Termina en el campo de concentración de Auschwitz. 

El régimen nazi buscaba despojar a los internados de su personalidad, tratándolos de manera inhumana, como si fueran un simple número. San Maximiliano tenía el número 16670.

A pesar de las dificultades, sigue ejerciendo su ministerio, ayudando a los demás en lo que puede, y manteniendo la dignidad de sus compañeros.

La noche del 3 de agosto de 1941, uno de los prisionero de su sección se escapa. Entonces, el comandante del campo, como represalia, ordena escoger a diez prisioneros cualesquiera para matarlos.

Entre los hombres elegidos, hay uno casado y con hijos. San Maximiliano, que no se encontraba entre los diez, se ofrece voluntario para morir en su lugar.

El comandante acepta el cambio y el santo es condenado a morir de hambre junto con los otros nueve. Diez días después, el 14 de agosto, lo encuentran todavía vivo, le ponen una inyección letal y muere.

Juan Pablo II que lo canonizó en 1982, dijo en el campo de concentración donde murió: Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida.

Terminamos con la Virgen. Unos meses antes de ser hecho prisionero el padre Kolbe escribió: sufrir, trabajar, morir como caballeros, no con una muerte normal sino, por ejemplo, con una bala en la cabeza, sellando nuestro amor a la Inmaculada, derramando como auténtico caballero la propia sangre hasta la última gota, para apresurar la conquista del mundo entero para Ella. No conozco nada más sublime.

FORO DE MEDITACIONES

Meditaciones predicables organizadas por varios criterios: tema, edad de los oyentes, calendario.... Muchas de ellas se pueden encontrar también resumidas en forma de homilía en el Foro de Homilías