miércoles, 29 de abril de 2009

LA BOLSA Y LA VIDA


PERSONAS GENEROSAS

Aunque parezca mentira, el mundo está lleno de gente generosa. Que dan sin buscar interés: porque ellos son buenos y nos quieren.

Eso de dar sin interés es algo que llama la atención y se valora mucho. Es agradable saber que hay gente dispuesta a ayudar a quien sea.

En la residencia donde vivo, algunos universitarios sacan a pasear a personas enfermas que están en sillas de ruedas. Recortan un poco de su tiempo libre y le quitan tres horas al sábado por la tarde.

Lo mejor es que entre los colegiales se corre la voz y se van apuntando para hacer lo mismo, porque es algo que atrae.

Hay personas que son capaces de prestarnos dinero, o de invitarnos a comer, cosa que sienta muy bien porque a nadie le amarga un dulce.

Hay quienes pierden un fin de semana para dedicarlo a los demás. Se trata de personas normales pero que tiene buen corazón. Hay muchos así.

LA BONDAD DEL VISILLOS

Todavía me acuerdo de un monitor que teníamos cuando hacíamos excursiones con un club de montaña. Le llamábamos el Visillos por el flequillo largo y flacido.

Era la persona más buena que conocíamos (aunque lo que conocíamos no era muy bueno). Teníamos 15 años, mucho nervio, mala intención y mucha fuerza.

El Visillos era paciente, sereno, no se enfadaba casi nunca y, lo que más nos chocaba, era que nos dedicase tanto tiempo.

Hacíamos excursiones a la Sierra de Gredos. Él siempre iba con el que le costaba más andar. Nos daba de su comida, que siempre era mejor, sobre todo lo cacahuetes y los plátanos, que al pobre no le daba tiempo ni acariciarlos. Era un pedazo de pan.

PERSONALIDADES

En el mundo también hay personalidades conocidas que son puntos de referencia: por las cosas que dicen, por cómo viven. Estos no son tantos.

De Benedicto XVI se dice que la gente va a escucharle porque, aparte de su bondad, tiene un don especial para explicar lo más complicado con palabras sencillas y claras.

Esto lo pude comprobar esta Semana Santa durante la Vigilia Pascual en la basílica de san Pedro. Estaba a rebosar. El día anterior la homilía la dijo el predicador oficial del Vaticano. Fue impactante y brillante.

Pero la del Papa era como más sencilla, y te llenaba de esperanza, alegría y optimismo, te hacía recuperar las fuerzas.

También hay quienes, como Benedicto XVI, se sacrifican por defender un ideal, o un país. Y estos son ya más escasos. La Madre Teresa de Calcuta es también otro ejemplo conocido.

LA BOLSA

Hablando en general, la gente suele ser generosa hasta llegado un límite. Ese límite para muchas personas suele ser el «bolsillo». Dicen: «con las cosas de comer no se juega».

Hay que ser generoso pero sin que eso cueste dinero, sobre todo con los tiempos que corren. Generosos sí, primos no.

Por eso un refrán con una cierta ironía aclara: «mucho te quiero, perrito, pero pan poquito». Para muchos, querer a los demás no les puede salir caro.

Sin embargo, Dios es capaz de vaciarse por nosotros: nos entrega todo lo que tiene. Lo explica San Juan: Dios nos ha tenido un amor tan grande que nos ha hecho sus hijos, y nos da todo lo suyo (cfr. 1Jn 3,1–2: Segunda lectura de la Misa).

¿QUIÉN DA MÁS?

Por eso, al hablar de sí mismo, Jesús dice que Él es un pastor que da la vida por sus ovejas (cfr. Jn 10, 11–18: Evangelio de la Misa de hoy).

Dios no sólo nos ha dado todo lo que Él posee, sino que quiso entregar su vida por nosotros. Y para eso nació, y murió una muerte horrible.

Esto debería bastarnos para tomarnos a Dios en serio. Y, a pesar de todo esto, hay personas que en su vida diaria no cuentan con el Señor.

Incluso lo desechan como hicieron muchos judíos. Y, sin embargo, la vida sin Él no tiene sentido: Jesús es la «piedra angular», y sin su ayuda todo se tambalea (cfr. Hch 8,4–12: Segunda lectura de la Misa y Salmo responsorial: 22).

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