miércoles, 22 de abril de 2009

DESPRENDIMIENTO (nueva versión)


MIRAR A CRISTO MUERTO Y RESUCITADO

Tiempo de Pascua. Tiempo de alegría y de esperanza, porque el Señor ha vencido a la muerte. Parece como que en este tiempo no tendríamos que olvidar de la Pasión y muerte de Jesucristo. Eso quedó atrás en el tiempo de Cuaresma y en la Semana Santa.

Y, sin embargo no son separables. Ni en cuaresma nos podíamos olvidar de la Resurrección de Jesús, ni ahora nos podemos olvidar de su Pasión y su Muerte.

En concreto, hoy querría que nos fijáramos en unas palabras de San Josemaría que figuran en el Via Crucis. Se trata de un comentario a la décima estación, que se titula Jesús es despojado de sus vestiduras. Dice lo siguiente:

Es el expolio, el despojo, la pobreza más absoluta. Nada ha quedado al Señor, sino un madero.

-Es muy importante que te contemplemos, Señor, expoliado, despojado, absolutamente pobre.
Precisamente ahora que te vemos triunfante, para que nos demos cuenta de que tu victoria pasa por ir libre de equipaje.

DIOS ES RICO Y SE HIZO POBRE

Y es que El Señor siendo rico se hizo pobre por vosotros (2 Cor 8,9). Es Dios, el creador del mundo: por Él fueron creadas todas las cosas y nada se hizo sin Él.

Rico no, es que lo tiene todo. Hay un salmo que lo dice de una manera muy gráfica. El Señor está echando en cara al pueblo israelita que le ofrece la sangre de toros y de machos cabríos pero luego se comporta mal. Y viene a decir más o menos:

Si tuviera hambre ¿te lo diría a ti? ¿es que voy a saciar mi sed con la sangre de machos cabríos? Si mío es todo lo que me ofreces. (Cfr. Sal 50, 10-13)

-Todo es tuyo, Señor. No te hace falta nada.

Dios es rico y materialista, muy materialista. Las personas más materialistas que existen son las Personas Divinas. Porque Dios creó la materia. La materia no es mala. Hay una corriente herética dentro de la historia de la Iglesia, que a las cosas materiales las ve como criaturas del demonio.

Lo bueno es el espíritu, afirman, la encarnación del mal es la materia.

Indudablemente existe un materialismo ateo, separado de Dios, y precisamente por eso es malo, por su desorden. ¡Qué difícil es que un rico, un materialista, entre en el reino de los Cielos!

Las cosas materiales son para nosotros encuentro con nuestro Señor. Porque las cosas materiales han sido asumidas por Jesús al encarnarse. De manera que Dios es rico y las cosas materiales son buenas, sin embargo...

Y te miramos entrar en el mundo… y no tienes nada. No sólo en tu nacimiento sino el resto de tu vida. En todo el paso del Señor por la tierra brilla el desprendimiento.

Escoge como cuna un pesebre, como casa un lugar donde se refugiaban los animales. Después, la huida a tierra extraña donde pasó todo tipo de necesidades. Durante su vida pública, el Señor pasará hambre (cfr. Mt 4,2), y Él mismo lo dirá claramente a quien le quiere seguir: El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza (Mt 8,20). La muerte en la Cruz, muestra del supremo desprendimiento.

LOS VERDADEROS BIENES

Quiso vivir la pobreza para redimirnos y enseñarnos a poner el corazón donde están los verdaderos bienes. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mt 5,3). ¡Qué bien se entiende la necesidad de esta virtud para seguir a Cristo! ¡Cuántas veces hemos experimentado nosotros mismos que nos cuesta seguir al Señor porque no tenemos el corazón libre de las cosas! Quizá lo estemos experimentando ahora.

¡Cuántas veces lo hemos visto en la vida de los demás! A pesar de la crisis de la que tanto se oye hablar, ¡qué difícil les es seguir a Cristo! No sólo seguirlo sino, siquiera entenderlo. Como el joven rico (cfr. Mt 19,16-22).

Y el Señor, ante esa experiencia devastadora de las riquezas en aquella alma nos lo advierte claramente. Qué difícil es que un rico entre en el reino de los cielos. Más: Aquél de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo (Lc 14,33).

No hay alternativa, porque Nadie puede servir a dos señores (Mt 6,24).

EL ALMARIO

Porque las cosas materiales que tenemos, casi siempre son reflejo de nuestro interior: el armario es como el almario. Por eso, una revisión de nuestro armario, de las cosas que tenemos, nos servirá para saber cómo tenemos el alma.

Si está lleno de cosas que no sirven para nada, es nos sobran objetos en el alma. Si está lleno de caprichos en los que nos buscamos a nosotros mismos, es que hay mucho egoísmo en nuestro corazón. Si existe el peligro real de desprendimientos cuando abrimos, porque está todo desordenado, es que tendremos que poner orden en nuestro corazón.

Nos conviene hacer limpieza en nuestro armario y en nuestro almario. Desprendimiento de todo lo que sea lastre, peso muerto, que nos dificulte el seguimiento de Cristo. Desprendimiento, sobre todo, en el deseo, en el pensamiento, en la imaginación. Porque, como nos descuidemos, estaremos constantemente pendientes de tener más.

No aspiremos a tener más, por vivir más cómodos; o a estar mejor situados, por vanidad. Ése no es el fin de nuestra vida. Y hay mucha gente que está centrada en eso. Y, cuando ya lo tienen todo, se dan cuenta de que están vacíos.

-¡Señor, queremos imitarte! Tengo posibilidad de tener muchas cosas, pero no quiero tener nada sino a ti. Porque las tengo a mi alcance y reclaman mi atención constantemente. Además las tenemos que utilizar. Por eso cuesta tener el corazón libre.

Y, una vez que tenemos claras las ideas generales tenemos que descender a lo concreto.

-Señor, ¿estás contento con mi pobreza? o me ves como el joven rico, totalmente impedido para seguirte por culpa del peso muerto.

Y, si quieres saber cómo se vive en concreto, te leo el resumen que hace San Josemaría: Señales de la verdadera pobreza: no tener cosa alguna como propia; en contra de nuestra tendencia que nos lleva a hacernos dueños de las cosas que usamos. No tener nada superfluo; y hay tanto exceso de equipaje en nuestra maleta... no quejarse cuando falta lo necesario; o sea, nunca, porque nunca nos falta lo necesario. Lo que nos pensamos que es necesario, resulta que no lo es.

¡Qué bien se entiende cuando entramos en contacto con la pobreza real! Por eso viene muy bien, de vez en cuando hacer una visita de pobres. Cuando se trata de elegir algo para uso personal, elegir lo más pobre, lo menos simpático. Si somos pobres tendremos el hábito de escoger lo peor, en todos los lugares donde nos movamos.

EL BUEN OLOR DE CRISTO

¡Cuánto bien hace nuestra austeridad! Tanto bien que nos ayuda a unirnos a los demás. Es lo que leemos en la aEscritura sobre los primeros cristianos:

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. (Act 4,32)

El amor a la pobreza está unido a la confianza en Dios, y al amor a los demás. -Señor, que estemos vigilantes ante la presión del ambiente.

Que el diablo se sirve de muy variadas mañas para solicitar la comodidad, la falta de sobriedad, la vanidad o la sensualidad. Ya que como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. (1 Pet 5,8-9). Anda muy interesado en neutralizar la eficacia sobrenatural de los que dedican su existencia a luchar al servicio de Cristo.

Sin embargo, cuando estamos desprendidos, notaremos que nos es más fácil querer a Dios y a los demás. Y entonces nos pasmaremos de la eficacia apostólica de esta virtud. Con nuestro ejemplo de pobreza y de sobriedad en el ámbito profesional y social difundiremos el buen olor de Cristo.

María, pobre: no le pudo dar a Jesús más que un pesebre. Pero así aprendió a valorar lo que realmente vale la pena.

-Madre, enséñanos a vaciar nuestro corazón de chismes que sobran y que retardan nuestro seguimiento de Cristo al paso de Dios.

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