lunes, 15 de septiembre de 2008

AMOR RADICAL

«Dios es amor», nos dice San Juan. Eso quiere decir que se da del todo, de manera radical.

«El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda la recobrará» (Lc 17, 33), dijo un día Jesús.

El amor está lleno de contrastes. No consiste en quedarse sin nada (eso piensa el egoísta), sino en darlo todo (eso piensa el que ama). El joven rico se amaba a sí mismo.

Amar es correr un riesgo. Es aceptar la inseguridad, la incertidumbre de dar sin esperar nada a cambio.

El amor es radical porque Dios es así. Siendo Todopoderoso, va y se hace Niño en una cuadra. Vino a darnos la vida y se entrega directamente para que lo maten en una cruz.

Te leo unas palabras de Benedicto XVI que explican como fue la llama
que le hizo Dios para que fuera Papa.

Nunca pensé en ser elegido Papa, ni hice nada para que así fuese. Cuando, lentamente, el desarrollo de las votaciones me permitió comprender que, por decirlo así, la 'guillotina' caería sobre mí, me quedé desconcertado. Creía que (...) podía esperar terminar tranquilamente mis días. Con profunda convicción dije al Señor: ¡no me hagas esto! Tienes personas más jóvenes y mejores (...)

Pero le impactó mucho un papelito que le pasó un cardenal en el que le recordaba que durante la Misa funeral por Juan Pablo II él mismo habló en la homilía de las palabras que el Señor dirigió a Pedro a orillas del lago de Genesaret: ¡Sígueme!

Yo había explicado, son palabras de Benedicto XVI, cómo Karol Wojtyla había recibido siempre de nuevo esta llamada del Señor y continuamente había debido renunciar a muchas cosas, limitándose a decir: Sí, te sigo, aunque me lleves a donde no quisiera.

El cardenal le escribía en su nota:
«Si el Señor te dijera ahora 'sígueme', acuérdate de lo que predicaste. No lo rechaces. Sé obediente, como describiste al gran Papa, que ha vuelto a la casa del Padre.

Esto me llegó al corazón. Los caminos del Señor no son cómodos, pero tampoco hemos sido creados para la comodidad, sino para cosas grandes, para el bien. Así, al final, no me quedó otra opción que decir que sí. Confío en el Señor, y confío en vosotros, queridos amigos. Como os dije ayer, un cristiano jamás está solo».

El amor tiene que ser radical con lo que Dios te pide, sino no es amor. Y lo que el Señor pide uno se lo encuentra.

Se acoge o no se acoge, se responde con más o menos generosidad. Es una iniciativa de Dios, no nuestra. Es algo divino, no humano. (Cfr. A. Aguiló, La llamada de Dios, pp. 115-117).

San Josemaría decían que estaba loco… de amor de Dios.

María Magdalena es un modelo de amor radical. Todos la conocen. Todos sabían la fama que tenía. Eso a ella le da igual.

Le interesa el Señor, y por eso entra donde Él está, en casa del fariseo importándole poco lo que pensaran de ella.

¿Qué contraste verdad? Jesús, que es la santidad, y la Magdalena que representa el pecado.

Rompe su frasco. Otra acción radical, se queda sin una gota de perfume. Se lo echa en los pies al Señor, y los seca con sus cabellos. Por eso Jesús dirá de ella que ama mucho.

Cuando Jesús resucita (cfr. Jn 20, 11), la Magdalena no se aparta del sepulcro, a pesar de que el Cuerpo del Señor no está. De allí ella no se va hasta que lo encuentre.

Al final Jesús se le aparece porque no deja a nadie que le busca tan radicalmente.

Me venía a la cabeza, la historia de Junia: una chica de familia bien de la Roma Imperial. Su padre llegó a ser senador de Roma, amigo del Emperador.

Como cualquier chica de su edad tenía amigas. Sobre todo una llamada Marcia.

Marcia era más prudente en su juventud, era cristiana y no se divertía de cualquier manera. A Junia eso le llegaba.

La amistad, Marcia se la demostró como ninguna otra cuando Junia enfermó de lo que parecía lepra. Una enfermedad contagiosa y desagradable.

Sus padres ni siquiera subían a cuidarla por miedo a contagiarse. Habían contratado a una esclava para que la atendiera.

Marcia, se enteró fue a verla y a cuidarla. Finalmente, no fue lepra y Junia se recuperó.

Un día al llegar a su casa, una de las esclavas, le da a Junia una carta de Marcia, en la que se disculpa por fallar a su palabra de ir a pasar unos días con ella en su casa de verano.

«Mi querida Junia: ¡Qué pena no poder ir a visitarte a ti y a tu familia este verano! Tenía algo muy importante que decirte, pero ahora sólo puedo escribírtelo. No sé cómo empezar. »Es sobre amor, el amor más grande del mundo, que ha sido mi alegría durante muchos años, y de mi padre también. Ese amor es Jesús. Ya ves, Junia, somos cristianos. »Espero que no me odies ahora por eso. Era lo que quería decirte el último día que nos vimos, pero no tuve valor. »Ahora sí tengo ese valor, porque mi padre y yo vamos a morir dentro de una hora por Jesús. »Algunos amigos nos han dicho que ofrezcamos incienso al emperador para salvar la vida, pero eso sería traicionar a Jesús, que nos ha hecho a mi padre y a mí tan felices estos años. »¿Puedes entender esto, Junia? Le pido a Jesús que puedas. Pensarás que estoy loca, pero amar y seguir a Jesucristo es lo más maravilloso del mundo. El te da una fuerza y una alegría que no se pueden expresar. »Junia, se me caen lágrimas de los ojos y no quiero estropear este papiro que mi padre me ha conseguido para escribirte. »Esta mañana hemos rezado por tu padre, tu madre y tu hermano y también por ti. No te enfades Junia, yo he rezado para que algún día tu también conozcas y ames a Jesús. »No puedo seguir porque vienen a buscarnos. Le dejo esta carta a Escintila, una cristiana que trabaja en nuestra casa. La has visto cuando has venido a mi casa ¿Te acuerdas? Viene de La Galia y es bastante mayor. Me tengo que marchar. »Espero que mi muerte sea rápida, pero si no lo es, la ofreceré por ti. Adiós, Junia. Marcia».

Es verdad, el Señor a veces pide cosas que cuestan. Si uno le quiere de verdad, radicalmente, se las da y además con gusto.

Dice Benedicto XVI «sé bien que vosotros, jóvenes, lleváis en el corazón una gran estima y amor hacia Jesús».

Junia iba a escondidas a la tumba de su amiga para rezar y llorar. Poco a poco empezó a tener curiosidad por el cristianismo. Quería saber más.

El recuerdo de su amiga se lo pedía. Dios se empezaba a acercar. Y ella le dejó.

Comenzó a recibir catequesis de una de las esclavas de su padre, que era cristiana.

Cada vez fue a más. Pidió bautizarse, sabiendo que eso le traería problemas. Y empezó a vivir su fe, a ir a Misa. A dar la cara.

Una conocida la delata. Sus padres la interrogan: –¡Mira lo que dicen de ti, hija! –Pues es así; padre, madre, soy cristiana.

Su padre no se rinde y le ordena que ofrezca incienso al emperador. Pero ella se niega.

Se enteró el Emperador: –Dice el emperador, hija, que mañana vayas a ofrecerle incienso.

Los padres se asombran de la firmeza de su hija. Deciden renegar de ella: firman un acta de repudio y la llevan a la cárcel.

Junia pide a la esclava cristiana que lleve la carta que le escribió Marcia, para que se la de a otra amiga suya, que también está pensando en convertirse.

Al final Junia es decapitada. Le cortan la cabeza. Qué radical ¿verdad?

La vida de la Virgen fue así. Eligió darle todo cuando se lo pidió. Virgo radicalis ora pro nobis….

1 comentario:

Christoph dijo...

el cardenal es el cardenal de Colonia, se llama Joachim Meissner y es muy amigo del Kardinal Ratzinger
hanjo christoph Kollmann

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