viernes, 21 de diciembre de 2007

Sagrada Familia

¿Has pensado alguna vez en cómo sería el mundo si la Navidad no hu¬biera ocurrido? ¿Cómo sería sin que hubiera estado viviendo la Sagrada Familia sobre la tierra?

Es algo que no se puede resolver, es una utopía… aunque si que nos lo podemos imaginar. Dios nos hubiera salvado de otra manera, eso seguro. Pero la Teología ya es lo bastante difícil como para hacer ahora experimentos mentales…

Al hacernos esa pregunta ¿qué hubiera sido de este mundo sin la Navidad, sin Jesús, José y María? me refiero más a pensar qué hubiera sido de los hombres, de sus relaciones sin Dios.

Para imaginarse esto no hace falta cerrar los ojos, como se hace cuando quieres imaginar algo…Para pensar en un mundo sin Dios hay que abrir los ojos y mirar lo que está ocurriendo…

El otro día, 24 de diciembre oía la radio, las noticias eran desalentadoras, un hombre de 60 años apuñalaba a su pareja y otro, más joven, apuñalaba a la suya delante de sus hijos…

Así estamos. Así está la familia sin Jesús, José y María…Vivir sin la existencia de un establo oscuro en una noche de nieve, sin la Trinidad de la tierra, es una vida difícil.

Dios no es una hipótesis filosófica; no es algo que “tal vez existe”; sino que nosotros le conocemos y él nos conoce a nosotros. Y podemos conocerle cada vez mejor si permanecemos en diálogo con Él…

Son palabras del Papa que nos ayudan a tener la certeza de Dios aunque calle. Incluso la gente que no cree debería funcionar como si Dios existiera, porque la vida se hace así más humana, más llevadera.

El Señor mismo quiso vivir dentro de una familia, una familia que hizo sagrada con su presencia. Lo que les unía a María y José era el Niño, el amor a Dios. Jesucristo rompe todas las barreras, las distancias entre las personas, por grandes que sean. Así vivía la Familia de Dios en Belén, en Egipto y en Nazaret.

Por eso, vamos en nuestra oración de hoy corriendofestinantes- como los pastores para ver a la Virgen, José y el Niño y pedir por las familias y las relaciones entre los hombres, para que haya paz entre los hombres de buena voluntad… como nos dijeron los ángeles en Nochebuena.

La paz se consigue con cosas pequeñas. ¿Qué vemos en la Sagrada Familia: delicadeza, solicitud unos por otros… Allí nadie se reserva nada… decía San Josemaría.

Hacían cosas unos por otros que se veían diariamente. San José sonreiría por dentro al pensar: ¡caray! que detallosa es María que ha limpiado de virutas mi túnica; o Qué bueno es José –pensaría la Virgen–
que ha traído agua del río, así no tengo que bajar esta tarde…

María se daría cuenta de un burrito de madera nuevo que llevaba Jesús entre sus manos. Detalles todos pequeños pero constantes…

Ese es el ambiente de una familia cristiana. Pero cuando no está Dios presente… ¡Cómo sufrieron la Virgen y San José al perder a Jesús con tan solo doce años…! Tres días que les pareció una eternidad…

Eso le ocurre hoy a mucha gente, que sus vidas les parece una eternidad, se aburren o sufren por mil cosas porque no tienen al Señor y por eso no se quieren.

María y José ayudad a las familias a que el Señor llene sus hogares.

Eso se consigue compartiendo alegrías y tristezas; sonriendo, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; escuchando las cosas de los demás; pasando por alto pequeños roces que el egoísmo podría convertir en montañas;

La soberbia violenta la memoria, la oscurece; justifica nuestro mal comportamiento para no tener que rectificar; almacena argumentos, razones, que van ahogando la voz de la conciencia, cada vez más débil, más confusa…

Cosas pequeñas, muy pequeñas pero que oxigenan la lucha, las preocupaciones, el cansancio diario. Son detalles que suavizan los malentendidos, a veces inevitables…

pasar por alto, son palabras de San Josemaría,
menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; (…) poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria.

Belén, Egipto, Nazaret…
allí nadie se reserva nada… a esa Familia pertenecemos…

-¡Jesús, José y María ayúdanos a vivir así!

Ignacio Fornés

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