lunes, 8 de junio de 2009

CONFIANZA EN NUESTRO PADRE DIOS

En el Evangelio nos dice nuestro Señor:

No andéis agobiados... Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de esas cosas (Mt 6, 24–34).

Quiere Jesús que nuestra fe nos lleve a confiar en nuestro Padre del cielo en las cosas pequeñas y grandes que tenemos entre manos. La fe nos tiene que llevar a confiar en Dios como han hecho todos los santos:

Abrahán, apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones según lo que se le había dicho. (Rom 4, 18).

La fe de San Josemaría, fue como la de Abrahán: creyó contra toda esperanza lo que Dios ha prometido:

llegarás a ser padre de muchas naciones.

Contra toda esperanza, porque había decidido entregar a Dios su vida en el sacerdocio.

¿Cómo puede realizarse esto? Preguntó la Virgen.

Y ya sabemos que no era falta de fe, como la de Zacarías, que pregunta ¿Cómo puedo estar yo seguro de lo que dices?.

María confía, cree desde el principio y, por eso recibe una respuesta clara:

el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra.

¿Cómo puede realizarse esto? Se preguntan todos los santos. Porque todos han tenido que fiarse. Y, mientras más santos, mayores eran las tinieblas en las que les dejaba el Señor. Cuentan que la Beata Teresa de Calcuta sufrió al final de su vida lo que llaman la purificación interior. El Señor le dejó a oscuras y tuvo que hacer unos actos de fe muy explícitos.

El Señor es mi luz y mi salvación, dice el salmo (Sal 27). ¿Cómo no me voy a fiar?

Y también canta el salmista: Al que sigue buen camino le haré ver (Sal 49).

Tenemos que seguir el buen camino para tener la luz de Dios. San Josemaría es Padre porque se fió de Dios, con una fe que le llevaba a las obras. Señor, nosotros también queremos ser instrumentos tuyos, fidelísimos para acercarte a mucha gente.

Auméntanos la fe. Queremos confiar en Ti. Danos una fe con obras.

Porque la fe, la confianza en Dios, no nos lleva a quedarnos parados a ver qué es lo que hace el Señor. Eso sería muy cómodo. La fe lleva, precisamente a lo contrario: a complicarnos la vida. Y entonces, también en nuestro caso se realizará ese llegarás a ser padre de muchas naciones.

No hay ninguna contradicción entre esa promesa de Dios a Abraham y las palabras de Jesucristo unos cuantos siglos después.

A nadie llaméis padre vuestro sobre la tierra, porque sólo uno es vuestro Padre, el celestial (Mt 23,9).

Porque Dios quiere que nuestra fe en Él se apoye en la confianza en sus instrumentos.

Señor, tú quieres que llamemos padre a las personas que reflejan tu paternidad. A las personas que nos llevan a Ti y que te hacen presentes.

Se entiende muy bien considerando las palabras de San Pablo.

Doblo mis rodillas ante el Padre de quien toma nombre toda la paternidad en los cielos y en la tierra (Ef 3,14).

Por eso llamamos padre a Santo Padre, a los sacerdotes y, especialmente a algunos. Y por eso llamamos padre a nuestro padre de la tierra. Porque su modo de vivir la paternidad nos muestra la de Dios.

LE LLAMAN PADRE EN LOS 5 CONTINENTES

Hace bastantes años salió un video sobre San Josemaría que se titulaba: Le llaman Padre en los 5 continentes. Es un ejemplo muy claro de cómo muchos millones de almas llaman Padre a un sacerdote que lo que hace es acercarnos a Dios.

San Josemaría fue sigue siendo un pontífice, un puente entre Dios y los hombres.

Una vez le preguntó un sacerdote a un niño lo que rezaba por las noches.

El chaval le contestó: —Tres avemarías, un examen de conciencia, y un oh Dios.

Como no era muy lógico, el cura se extrañó, y le preguntó: —¿qué es esto de un oh Dios?

Y el chico le respondió: — Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei...

Es una oración que conoce mucha gente. San Josemaría fue, ante todo, instrumento fidelísimo de Dios para fundar el Opus Dei, que es camino de santificación para mucha gente. Por eso le llaman Padre en los cinco continentes. Es la paternidad que procede de Dios hecha realidad.

Se trata de una paternidad que no sólo hay que admirar sino, a nuestro modo, vivir también. Y un camino muy conveniente para los que buscamos la santidad en medio del mundo es la vida del santo de lo ordinario: San Josemaría. Precisamente en su libro más famoso, Camino, dejó escrito:

Es Voluntad de Dios que la dirección de la nave la lleve un Maestro...

PEDIRLE SIN TIMIDEZ NI MODERACIÓN

Hay una carta de un padre a una hija suya. Carta de Santo Tomás Moro a su hija Margaret:

"Pides a tu padre dinero con demasiada timidez y moderación, mi querida Margaret;

si sabes que siempre me alegro de poder dar...

Te mando ahora solamente la cantidad deseada;

en verdad me gustaría adjuntar algo más; pero si puedo volver a dar también puedo deleitarme con la alegría de dar.

Pues me gusta que mi hija me pida y me halague un poco[...] cuanto antes me vuelvas a pedir más, tanto será mi placer."

Me contaron una anécdota de un sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz al que su obispo le cambió de destino. Provenía de una parroquia del centro de una ciudad, para que atendiese a unas monjas en la periferia.

Fue a conocer su nuevo destino, y le abrió la puerta una de las religiosas, que le dijo: por fin lo que habíamos pedido.

Y le explicó: tenemos una imagen de San José al que le pedimos cosas. Y como muchas veces no sabemos explicarnos, le ponemos delante un recorte de lo que necesitamos. Una lavadora, o una nueva máquina de coser... Y decimos queremos una como está. Y últimamente como nos faltaba el capellán le hemos pedido un sacerdote, pero no cualquiera: venga a ver.

Efectivamente, entraron a ver la imagen de San José, que tenía una imagen de un cura recortado, y el cura era San Josemaría. Las monjas decían a San José: queremos un cura como este. Y verdaderamente les había hecho caso.

Y es que Tú, Señor, no fallas nunca si conseguimos acertar sobre a quién podemos llamar Padre en esta tierra.

San Josemaría no falla a quien le trata con confianza. Pero se trata de una confianza que nos lleva a acercarnos al Señor. Y esos son los favores que más le gusta hacer. Ha tenido que hacer algún milagro en plan curación, porque si no, no lo hubieran podido canonizar. Pero los que más le gusta son los milagros de tipo espiritual. Digo milagros porque lo son verdaderamente. Seguro que todos los que estamos aquí hemos protagonizado alguno.

PARECERNOS A LOS SANTOS

Te decía que, según Juan Pablo II, San Josemaría es el santo de lo ordinario. Por eso podemos intentar parecernos a él: por dentro y por fuera, en muchos aspectos. En la primera audiencia que concedió el Papa Pablo VI al primer sucesor de San Josemaría, Álvaro del Portillo, éste se desahogó con el Santo Padre. Le dijo que andaba algo agobiado, porque tenía que suceder a un santo, y se veía a sí mismo incapaz de conseguirlo.

El Papa le contestó: esté tranquilo, porque ahora el santo está en el cielo y, desde allí nos podrá ayudar mucho.

Y le dio un consejo: Cuando tenga que hacer algo, piense: ¿cómo actuaría el fundador en mi lugar? Y obre en consecuencia.

Todo lo contrario a lo que decía San Josemaría, cuando sus hijos le preguntaban en qué podían imitarle.

A mí no me tenéis que imitar en nada: imitad a nuestro Señor Jesucristo, que es el modelo.

Sin embargo admitía dos excepciones a esta norma de conducta: en el hecho de ser un hombre que sabe querer.

Y es lo que te pedimos ahora, Señor: enséñanos a querer como han querido los santos. A ti y a los demás.

Quizá sea mucho pedir, porque al fin y al cabo, le estamos pidiendo al Señor querer con su propio corazón. Y eso es muy fuerte. Pero nos atrevemos poniendo como ejemplo a los santos.

La otra excepción era esta: querría que me imitarais en el amor que tengo a nuestra Madre, la Virgen Santísima.

Por algo interna y externamente era Mariano. Porque sabía que el amor a María, nuestra Madre, nos lleva directamente hacia el Señor.

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