viernes, 19 de junio de 2009

EL SENTIDO DEL SACRIFICIO (XII DOMINGO CICLO B)



Los sentimientos del hombre son tan fluctuantes, como las mareas del mar. No podemos extrañarnos que haya en nuestra vida momentos de alta mar y otros de baja mar, tormentas y bonanza. Eso es algo que forma parte de la vida del hombre.
Ante las situaciones difíciles se puede reaccionar de distintas maneras: dramatizar, tomándose las cosas a la tremenda; o por el contrario, fiarse de Dios, que saca bien del mal.
Mira ahora al Señor, en nuestra oración, y dile: -Jesús, que siempre confíe en Ti.

SUFRIR CON CABEZA

Si te paras a pensarlo un poco, ¿tú ves sentido a machacarte los dedos, flagelarte, pegarte de cabezazos contra la pared como si fueras un elfo doméstico? La auto-lesión no tiene ningún sentido: eso es absurdo.
¿Qué sentido tiene el tatuaje, perder kilos o echar horas a quemarse bajo el sol del Álamo? Ninguno. Pero como dice un refrán: para presumir hay que sufrir.
¿Qué sentido tiene ponerse unos zapatos de verano cuando hace frío?
Ser mujer requiere mucho sacrificio: que si mascarilla protectora, sombra aquí, sombra allá, el rimmel, la crema bronceadora, la pintura de labios, la leche rejuvenecedora, el antiarrugas… ¡¡¡Cuándo sacrificio!!! Y sin embargo, lo lleváis tan bien…

Ir de compras y comprar barato debe ser una cosa muy costosa.

Tener un niño, con lo que cuesta tenerlo, con lo doloroso que es un parto. Y una vez que lo tienes, el jaleo que da: hay que cambiarle los dodotis cada dos horas, preparar el bibe, estar pendiente de él en todo momento, uf!!!… ¡¡¡Si al menos no llorara por la noche!!!

Y luego crece, se va a la Universidad que hay que pagar, y ni siquiera se acuerden de uno. ¿Merece la pena tener hijos?

¿Merece la pena estudiar una carrera y acabar haciendo otra cosa distinta? Tantas películas que no he visto porque tenía que estudiar para un examen. Tanto sacrificio que no sirve para nada.

Hay personas que se sacrifican por vanidad:

-Me han mirado.
-¿Y qué? No se van a casar todos contigo, ni te van a echar monedas.

En esta vida todos se sacrifican. Pues, vamos a hacerlo por cosas que merecen la pena. Vamos a sacrificarnos por amor a Dios y por amor a los demás. Si no, no tiene sentido, no vale la pena.

LA TEMPESTAD

En la vida de nuestro Señor no faltaron las dificultades. El Evangelio de hoy nos cuenta que mientras cruzaba con sus discípulos a la otra orilla del lago, “se levantó un huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua” (Mc 4, 35-40: Evangelio de la Misa).


Así fue la vida de nuestro Señor: en algunos momentos parecía que todo se hundía.
Esto me traía a la memoria lo que me contó un marino amigo. En una de las veces que dio la vuelta al mundo en el Juan Sebastián Elcano, buque escuela de la marina española, se encontraron, sin esperarlo, en el centro de un temporal:

-Las olas, decía, eran de 14 metros. Cada vez que salíamos de una creíamos que la siguiente acabaría con nosotros en el fondo del mar. Fue la vez que peor lo he pasado y que más he rezado. Nadie podía dormir ni comer. Caminábamos por las paredes del barco. Ha sido la peor pesadilla de mi vida. Pero, gracias a Dios, después de dos días que parecían que no terminarían nunca, vimos la luz del sol.


Así fue la vida de nuestro Señor, aunque más que una tempestad en el mar fue que el Señor murió en la Cruz, pero resucitó (cfr. Segunda Lectura de la Misa: 2 Cor 5, 14-17). Los apóstoles estaban muy desconcertados, no entendían nada: “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!” (Mc 4, 35-40: Evangelio de la Misa)


EL SEÑOR BENDICE CON LA CRUZ

Lo mismo le pasó a Job, que es figura de Cristo. Le pasó de todo. No sólo perdió a sus 7 hijos y a sus 3 hijas. También se quedó sin los 500 bueyes, las 7000 ovejas, y los 3000 camellos que tenía. Se quedó sin nada.
Y cuando creyó que ya no podía sufrir más, vio con dolor que sus amigos le echaban en cara que no era una buena persona:
-si te pasa esto, le dicen, es porque Dios no está contigo.


El pobre Job estaba muy acosado, estaba como en una tormenta. Así se lo explica

Dios. Le dice: -lo que te sucede no es culpa tuya, no te preocupes. Lo que pasa es que estás metido en una tormenta. (cfr. Primera Lectura: Job 38, 1. 8-11)
Pero, ¿por qué le sucedían todas estas desgracias? ¿Qué había hecho para padecer tanto? Nada. No había hecho nada. Lo que pasó es que, un día, Dios vio a Satanás y le preguntó: -¿De dónde vienes?
-De pasearme por la tierra, le contestó el diablo.
-Y, ¿has visto a mi siervo Job? Ese si que es un hombre recto, íntegro, temeroso de Dios.
-Sí claro, como siempre le has protegido… Déjamelo a mí una temporada y verás como cambias de opinión
. Y el Señor le permitió poner a prueba a Job.


Después de quedarse sin nada, como Job seguía bendiciendo a Dios, el diablo propuso ir más lejos: -tócale a él y ya verás como cambias de opinión.


Entonces Dios permitió que Job sufriera una herida maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla. Pero éste siguió bendiciendo a Dios. El diablo se dio por vencido y le dejó tranquilo.
En ocasiones, el Señor permite que lo pasemos un poquito mal. Permite que en nuestra vida se levanten tormentas. Así lo asegura el salmo de la Misa: “Él habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto; subían al cielo, bajaban al abismo, el estómago revuelto por el mareo”. (Sal 106, responsorial).


Sin embargo, aunque nos veamos envueltos en un gran temporal, siempre, siempre, siempre, después de la tempestad, viene la calma. Hay que aguantar la tempestad.
En la vida interior hay momentos de bonanzas y de tempestades. Hay que estar preparados. El que sale a la mar ya sabe lo que hay, sabe perfectamente lo que se puede encontrar.

Debemos prepararnos y construir nuestra casa sobre roca, sobre Cristo. Así, los sentimientos no son los que arrastran a la voluntad, sino al revés. Es la voluntad, la decisión, la que debe mantenerse firme y tirar de los sentimientos.

AMIGOS DE DIOS

El diablo sabe que para Dios, tú eres alguien muy especial. El Señor te ha querido de una manera única, distinta a los demás. Y al diablo eso le revienta. No puede soportar que seas feliz con Dios. Por eso intenta ponerte en contra de Él. Quiere que pierdas su amistad.

El Señor, como buen Padre, está muy orgulloso de ti:
-Tengo una hija muy maja. Es una chica muy fiel: cada día me demuestra, con mil pequeños detalles, que me quiere.
-Sí claro, le dice el diablo. Eso es porque desde pequeña la has cuidado de un modo especial. La has rodeado de cosas buenas, nunca lo ha pasado mal. La has puesto en una familia cristiana, con unas amigas que la han llevado a medios de formación en el club, en un colegio donde puede ir a Misa y confesarse… Así cualquiera. Eso no tiene mérito. Si me la dejas una temporadilla verás que no es tan maja como dices.
Y de repente un día, empiezas a pasarlo un poco peor. Parece que las dificultades te superan ampliamente:
-Mis amigas ya no cuentan conmigo; mis padres solo ponen dificultades para ir al curso anual; mi abuela está muy enferma y se puede morir en cualquier momento…

Ha llegado la hora de fiarse más de Dios, que no quiere nuestro sufrimiento, pero lo utiliza para nuestro beneficio, para hacernos crecer.

LA SOLUCIÓN ES EL AMOR

¿Por qué Job superó la tempestad? ¿Por qué no hizo como otros? Hasta su mujer le animó: -Mira lo que te ha hecho el Señor. ¡Maldice a Dios!
Job superó la tormenta porque quería a Dios mucho: era el sentido de su vida. Tenía un gran corazón.
Tener el corazón grande es sufrir mucho. Por eso hay gente que prefiere tener un corazón pequeñito, solo para ella. Eso significa tener menos capacidad de amar.
Cuando no hay amor a Dios es difícil entender que el sufrimiento te hace crecer, que es algo positivo.
Por eso, lo primero es crecer en amor a Dios: ese es el camino para entender y superar el sufrimiento, no al revés.
No se trata de crecer en capacidad de sufrimiento, sino de crecer en capacidad de Amor. La persona que está enamorada de Cristo no tiene miedo al sufrimiento. A las madres no les importa soportar todo tipo de dificultades por amor a sus hijos.
-Señor, ayúdame a que cada día te quiera más…
El Señor es siempre la solución de nuestra vida. Así lo asegura el salmo: “gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar.” (Sal 106, responsorial).


Una persona piadosa sale de todo, aunque sea poco fuerte, aunque se vea muy débil. Si es piadosa sale siempre adelante. Los que no se rompen es porque su amor a Dios es mayor que lo que tenían que padecer.


También nosotros tenemos que ser como Job, que es figura de nuestro Señor (2ª lectura). Y saber que lo que sufrimos no es sólo por nosotros: es para salvar a la gente. Nosotros somos Cristo, salvamos almas. No sufrimos por sufrir.
Y, a veces, en el trato con las amigas tendremos que sufrir un poquito. Lo que más nos hará sufrir es verlas lejos de Dios.

Pero también el tener que ahuecar el ala en determinadas ocasiones. Quizá soportar incluso alguna impertinencia. Pero si de verdad las quieres, siempre habrá progreso. No habrá gente mejor que la que acerquemos a Dios.

Las dificultades sirven de abono para que nuestra vida dé fruto si contamos con Dios. Jesús quiso que su Madre estuviera junto a Él en la cruz. Ella ante tanto sufrimiento, se fió de Dios.

2 comentarios:

jesus dijo...

Muy buena. Les ha encantado. A mi también porque es muy directa y la gente se siente identificada. Por fin, dicen, están bajando a la tierra. Animo y gracias por este apoyo. Me gustaría recibir algunos GPS. Un saludo
Jesús G.

QUEOQUINA dijo...

Muchas gracias por esta hermosa reflexión, que hoy me ha ayudado mucho para entender mi tribulación y descansar en la fe del Señor, un abrazo en Jesús.

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