domingo, 5 de octubre de 2008

DIOS Y SUS COSAS….

Del comportamiento de una persona pueden depender miles de almas. Así ha sucedido con muchos santos, y otros que no lo han sido en absoluto.

Podemos hablar de San Josemaría, del que celebramos hoy su canonización, también de Santa Teresa de Jesús, de Juan Pablo II.

Por lo que han hecho en esta tierra, por sus vidas, muchos se han ido al Cielo, y se siguen yendo muchas más.

Pero también podemos hablar de Herodes, Nerón, Hitler, etc. También por ellos, por sus vidas, muchos han equivocado el camino.

Dios quiere que todos los hombres se salven. Y para eso pone todos los medios que tiene a su alcance. Y uno de esos medios son las vidas de las personas.

El Señor como tiene prisa, a veces se presenta de golpe, sin muchos rodeos. Y, una vez que aparece, se queda a la espera para recibir una respuesta nuestra, y poder así actuar.

Su puesta en escena, en la vida de las personas, la hace de muchas maneras: con palabras, con hechos, casualidades, coincidencias, etc.

Tiene una llave distinta para entrar en la vida de cada uno. Tiene un pasword personal para entrar en el alma de cada persona.

A San Pablo, el señor le sorprendió con un golpe de efecto, un fogonazo. Y el Apóstolo le respondió a su llamada, le dejó hacer con su vida. Y gracias a eso, los gentiles, nosotros que no somos judíos fuimos recibidos en el nuevo pueblo de Israel que es la Iglesia.

En el evangelio de hoy encontramos otro ejemplo de la manera de actuar que tiene Dios.

San Pedro estaba con sus compañeros de trabajo en la orilla, sentados remendando las redes como hacemos nosotros ahora en la oración.

Nos podemos imaginar la cara de asombro de San Pedro, cuando ve sorprendido como Jesús subió a su barca sin pedirle permiso (Lc 5, 1-11).

Luego, también es cierto, que el Señor le pide que separe la barca de la orilla para poder predicar. En esa ocasión, Pedro obedece y Jesús aquel día pudo predicar a muchos.

Esta manera de actuar que tiene Dios la ha empleado desde siempre. Se presenta, le dice algo al hombre, y espera a que le haga caso.

En todo esto juega un papel importante el espíritu Santo. Él nos dice qué es lo que debemos hacer en cada momento. Nos pide que nos comportemos con Dios Padre como hijos, porque lo somos. Como hijos que le hacen caso (Rm 8, 14-17: Segunda lectura).

Decíamos que hoy es el aniversario de la canonización de San Josemaría. Dios se presentó en su vida con un golpe de efecto como en el caso de San Pablo.

El Señor se presentó con una sorpresa que cambio el rumbo de su vida. Una mañana, en pleno invierno, vio en la calle las huellas que habían dejado en la nieve unos pies descalzos.

Se paró a examinar con curiosidad esas huellas que no eran otra cosa que las pisadas desnudas de un fraile que había pasado por allí.
Ante esto conmovido se preguntó: –Si otros hacen tantos sacrificios por Dios y por el prójimo, ¿no voy a ser yo capaz de ofrecerle algo?

Las pisadas en la nieve eran del Padre José Miguel. Tomando aquella blanca ruta, el muchacho se fue al carmelita buscando dirección espiritual.

Llevaba ya metida muy dentro una inquietud divina, y se puso a rezar más, a hacer oración mental, mortificación y a comulgar a diario.

«Cuando a penas era yo adolescente, decía el mismo, alojó el Señor en mi corazón una semilla encendida en amor.

»Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor […].

»Yo no sabía lo que Dios quería de mí, pero era, evidente, una elección. Ya vendría lo que fuera…

»De paso me daba cuenta de que no servía, y hacía esa letanía, que no es de falsa humildad, sino de conocimiento propio: no valgo nada, no tengo nada, no puedo nada, no soy nada, no se nada».

San Josemaría le dejó hacer a Dios, se pegó a Él. Quiso ser sacerdote para facilitarle las cosas, para que lo tuviera más fácil. Y el 2 de octubre de 1928 el Señor fundó su Obra.

Y Dios se sirvió de su vida para hacerse presente en la vida de otros.

En 1930, Isidoro Zorzano, joven ingeniero, viajaba de Málaga a Madrid. Paseaba por la calle de Nicasio gallego para hacer tiempo hasta la salida del tren que le iba a llevar a Logroño donde pasaría unos días de vacaciones.

San Josemaría, antiguo compañero suyo del colegio, vuelve a casa por un recorrito que no era habitual y al doblar una esquina se encuentra con Isidoro.

Se ponen a hablar y el ingeniero Zorzano le cuenta sus inquietudes espirituales. San Josemaría le habla del Opus Dei e Isidoro responde a la llamada de Dios.

Me contaba un sacerdote que esta semana les explicaba a las de Primaria esta manera que tiene Dios de actuar. Había visto anteriormente los dibujos titulados Huellas en la nieve, contando este episodio de la vida de San Josemaría.

Antes de terminar la plática, al cura se le ocurrió preguntarles: –¿Cómo podríamos titular esta plática?

Y una niña, con mucho acierto, dijo: –Dios y sus cosas…

La Virgen también tiene una historia maravillosa. Todo empezó con una buena puesta en escena, nada menos que con un arcángel.

El Señor se presenta todos los días de una manera o de otra para llegar a todos. En nuestro trabajo, en el trato con los demás, cuando rezamos.

Al espíritu Santo le interesa que no nos resistamos cuando se presente el Señor todos los días pidiendo nuestra respuesta.

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