martes, 26 de mayo de 2009

UNA AYUDA DEL CIELO



Dios tiene unos planes con cada persona, pero no los revela de golpe, va poco a poco. Tampoco a nosotros nos es fácil descubrirlos, porque el pecado nos impide ver con claridad su voluntad.

Si a esto añadimos nuestra tendencia a hacer el mal, resulta evidente que nos hace falta una buena ayuda. Por eso, Dios nos envió el Espíritu Santo para que nos guiara.

Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad (Jn 16,13) dijo Jesús.

EL ESPÍRITU SANTO ACTÚA.

El día de Pentecostés, el Espíritu Santo conmocionó a toda una ciudad. Fue algo prodigioso (cfr. Hch 2,1-11). Aquel día se armó un buen jaleo.

El Señor envió su Espíritu y literalmente renovó la cara, el ambiente de Jerusalén. Se convirtieron miles. Dios mostró su inmensa grandeza.

Dios Espíritu Santo, cuando se le deja, no para quieto. Hace y deshace, sugiere cosas que no van o que deberían ir mejor. Actúa en silencio, como el fuego. Pero, si le dejas, lo devora todo. En las profundidades de nuestra naturaleza caída, El está trabajando, sin saberlo nosotros. Sin saberlo nosotros, pero, quizá, no sin nosotros pedirlo.

-Llena lo más íntimo de nuestro corazón (Secuencia) y haz que ardamos en el Amor de Dios (cfr. Aleluya de la Misa).

DOS EJEMPLOS

En una ocasión, un sacerdote me aconsejó: cuando tengas la próxima plática con Primaria (6 años), prueba una cosa: que le pregunten al Espíritu Santo qué es lo que quiere de ellas, іya verás!

Yo tenía mis dudas de que aquello saliera, pero tampoco iba a pasar nada por probar. Les expliqué antes que el Espíritu Santo es el que nos dice las cosas que tenemos que hacer para irnos al cielo. Luego nos dimos 20 segundos para ver que nos decía.

Se armó una buena. Empezaron a levantar la mano. Algunas decían el clásico obedecer a mamá y comerse todo, pero una soltó, así, sin anestesia: tengo que pedir perdón a la seño porque he pensado mal de ella. La seño se reía, supongo que por no llorar. Y para que no llegara la sangre al río rezamos un avemaría y cada una a su clase.

En otra ocasión, predicando un curso de retiro, vino una persona contando que se le había ocurrido preguntarle al Señor lo que quería de ella. Se puso a apuntar directamente y le salieron 23 cosas en dos minutos, y todo de corrido.

¿CÓMO ACTÚA?

El Espíritu Santo actúa de una manera muy concreta: nos hace ver con claridad cosas que debemos cambiar. Si le hacemos caso, nos dice cosas nuevas. Sino, se retira y se queda callado.

Y no vuelve a decirnos nada hasta que no le pidamos perdón con insistencia. Es la manera que tiene de respetar nuestra libertad.

El Espíritu Santo "sirve" si le hacemos caso. Esto se nota mucho con la gente que se va a confirmar. Los que van a Misa y rezan notan la acción de Dios. Los que no, no. Por eso hay gente que piensa que lo de la confirmación tampoco es para tanto.

DEJARLE HACER

Para facilitarle las cosas lo mejor es pedirle que nos ayude. Para eso vamos a seguir la secuencia que se lee en la Misa de hoy.

Ven, Espíritu divino, mana tu luz desde el cielo (…) Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Sigue la secuencia hasta un párrafo donde se le piden varias cosas:

Lava quod est sordidum, lava lo que es inmundo. No solo son las tentaciones contra el sexto y noveno mandamiento. También se refiere a de pedirle que nos limpie de toda envidia que tenemos de los demás, de que les salgan las cosas mejor que a nosotros.

Lo sórdido es todo lo que nos avergonzaría que se supiera. También, cuando nos enfadamos porque alaban a una persona, eso es sórdido. O cuando, por rencor, no ayudamos a alguien, solo porque es una persona que no nos entra bien, eso es sórdido.

Riga quad est aridum, riega el suelo seco. Cuando decimos eso, no nos referimos solo a que empape nuestra alma seca y árida y haga de nuestra piedad algo fresco. También se trata de la sequedad y aridez en nuestra relación con las personas.

Como una especie de egoísmo que nos separa de los demás y que nos hace ir a lo nuestro. Le pedimos, ahora, que nos libre de ese egoísmo que crece en nuestro interior.

Sana quod est saucium, cura lo que está enfermo. A veces tenemos ciertas fobias o antipatías con determinadas personas, gente que no podemos ver por la manera que tiene de hacer las cosas o por como son.

Podemos tener guardadas cosas que nos han hecho y que no estamos dispuestos a perdonar. A veces, todo eso llega a formar parte de nosotros y, por decirlo así, no podemos evitarlo.

Justamente, como nosotros no podemos, le pedimos al Espíritu Santo que sane esas heridas ocultas.

Flecte quod est rigidum, doblega nuestra rigidez. Es la actitud rígida, de falta de comprensión ante los defectos de los demás. En vez de rezar, nos enfadamos. Le pedimos también que nos libere de esa reacción.

Fove quod est frigidum, calienta lo que está helado. A veces, tenemos una especie de torpeza mental para rezar y para hacer apostolado. Estamos paralizados como las personas mayores el los fríos duros del invierno.

Le pedimos que no estemos insensibles cuando estemos con el Señor como si fuéramos un mueble. Y en el apostolado, que hablemos de él con vibración, dando una imagen atractiva de Dios.

Rege quod est devium, endereza lo que está desviado. Hay gente que disfruta llevando la contraria a todo. Es algo que, con el tiempo, se puede convertir en una manía. Le pedimos que enderece exageraciones y complicaciones, que nos haga sencillos.

Madre nuestra, Esposa del divino Espíritu, que nos dejemos guiar, que le obedezcamos.

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