miércoles, 6 de mayo de 2009

LA VIRGEN


SU ÚLTIMA VOLUNTAD

El testamento de Jesús, su última voluntad para nosotros fue darnos a su Madre. Escribe san Juan:

Jesús viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su madre: "Mujer, he ahí a tu hijo". Después dice al discípulo: "He ahí a tu madre" (19,26-27).

Las palabras del Señor no pueden ser más claras. La Virgen es Madre de Dios y Madre nuestra. 

HACERLE CASO

Dice el Evangelio que el joven apóstol, desde aquel momento la recibió en su casa. Le hizo caso. Trató a María como si fuera su madre. Vivió como hijo suyo, y empezó una forma de vida maravillosa.

Nosotros ¡qué poco caso le hacemos a veces! Sin embargo, ella nunca nos deja solos. Somos nosotros los que nos olvidamos. ¡Cuántos propósitos nos hemos hecho para tratarla más! 

En una plática un niño preguntaba:
¿Por qué la Virgen se aparece tanto y Jesús tan poco? Y otro le respondía: porque Jesús está con nosotros y no le hace falta aparecerse.

Con la Virgen a lo mejor nos puede ocurrir que nos resulte más difícil verla porque no la tenemos aquí como está Señor. 

Quizá, por eso existen muchos días del año que son fiestas suyas, meses dedicados a ella, octubre y mayo, incluso años enteros. Todo para que nos propongamos una y otra vez hacerle más caso, sin cansarnos.

Vamos a aprovechar este mes de mayo para tratarla más. Tenemos la ayuda del Señor para dar un salto en el trato con nuestra Madre.

NO ES SENTIMENTALISMO BARATO

Buscar la sonrisa de María no es sentimentalismo, dice el Papa. Es lo normal en una relación profundamente humana con ella (cfr. BXVI homilía en el Santuario de Lourdes, 15-IX-2008).

Tenemos que vivir como lo que somos, como personas que tienen corazón, y por eso nos hace falta dar cariño a María.

El trato con la Virgen es algo muy importante para la vida interior. Es una pieza clave. Es la garantía de que aquello tiene buena pinta. Dicen los teólogos que la devoción a María es signo de predestinación. 

-Señor quieres acercarnos a ti a través de ella, es al camino más corto.

Me acuerdo un día que, hablando con una persona, decía: yo soy más de tratar a Jesús. Justamente, le respondí, para eso necesitas a su madre.

LA EFICACIA DE LA VIRGEN

Los santos han sido siempre muy marianos. ¡Cómo iban a hacer otra cosa si lo dijo el mismo Dios!

San Josemaría expresa su propia experiencia al escribir: El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima (prólogo Sto Rosario).

Podemos decirle a nuestra Madre como hacía en una ocasión el Papa: muéstranos a Jesús. Y ella responde con el Niño en brazos. Así nos facilita acercarnos a él (cfr. BXVI, homilía en el santuario de Mariazellen 8-IX-2007).

MANO DE SANTO

Todos nos damos cuenta de muchas cosas que no van en nuestra vida: pereza, vanidad, faltas de fortaleza, rezamos poco, problemas con gente, enfados, etc. 

Nuestro peligro es querer luchar a brazo partido, teniendo como tenemos a María que es la solución a todo, un camino que tiene todas las ventajas.

¿Cómo no vamos a amar a la Madre de Dios, que es Madre nuestra?, dice san Josemaría, ¡Si además la necesitamos! Yo la necesito. Como un niño pequeño, cuando tiene miedo a la oscuridad de la noche, grita: ¡mamá!; así tengo yo muchas veces que clamar con el corazón, sin ruido de palabras: ¡Madre!: mamá, no me abandones.

-Muestra que eres nuestra Madre.

EL CARIÑO EXIGE ESFUERZO

-¿Quieres amar a la Virgen? Dice san Josemaría, –Pues, ¡trátala! ¿Cómo? –Rezando bien el rosario de Nuestra Señora (Sto Ros, prólogo). Es un propósito muy concreto.

No se trata de querer a la Virgen haciendo cosas imposibles o yéndose lejos a santuarios que estén a miles de kilómetros. Se trata, más bien, de hacer un viaje interior cada día para ponernos más cerca de ella cada vez. Eso, que es cariño, exige esfuerzo.
Esfuerzo en mirar los cuadros de la Virgen y acompañar esa mirada con una jaculatoria. Esfuerzo en buscarla.

San Josemaría cada vez que la miraba expresaba el fondo de su alma. Y, a veces le salían eran miradas dolorosas, o agradecidas, o suplicantes, según las circunstancias, pero siempre esas miradas eran expresiones de verdadero amor.

Nos podemos preguntar ahora como aconseja el Prelado del Opus Dei: ¿en qué puedo mejorar al mirar las imágenes de nuestra Madre? ¿Cómo saborear cada Avemaría, la Salve, el Regina Coeli?

Podemos también llevar en la cartera o en el bolso una imagen de la Virgen para tenerla siempre muy presente.

Benedicto XVI comentando el salmo 44, dice cuando el salmista dice“los más ricos del pueblo buscan tu sonrisa (44, 13) se está refiriendo a la Virgen. Y sigue diciendo: los cristianos han buscado siempre la sonrisa de Nuestra Señora (…). Este sonreír de María es para todos. 

Al final de la oración le decimos al Señor: Te pido ayuda para ponerlos por obra. Como respuesta a esta petición nos da a su Madre. Esa es la herencia que nos deja, su testamento: he ahí a tu Madre.

Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Estrella del mar brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.




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