domingo, 18 de mayo de 2008

EL GPS

El Señor nos ha creado para llevarnos al Cielo. Y como está empeñado en que lleguemos, hará todo lo posible por conducirnos hasta allí.

Somos sus hijos (cfr. Salmo 2, 6), por eso tiene tanto interés en que lleguemos.

Cuando Dios nos creó, lo hizo metiéndonos dentro una especie de gps, como los que traen de fábrica los coches de hoy en día.

Cuando nacemos, venimos con la conciencia incorporada. Ese es nuestro dispositivo gps.

A través de la conciencia, Dios nos habla para decirnos qué hacer y conducirnos al Cielo.

Hoy es fácil llegar a cualquier sitio. Incluso si está lejos, en otro país, eso no es problema.

Tú le dices al gps la calle donde quieres ir, y él solo te lleva. Te va indicando todo el tiempo por donde tirar:

—Dentro de 200 metros gire a la derecha. Siga recto. Después de 50 metros, gire a la izquierda.

El otro día fui con un amigo a Málaga. Lo primero que hicimos fue poner la dirección donde íbamos: calle Las Palmeras del Limonar, y salimos.

Es una maravilla cómo te va llevando. Después de hora y media de viaje, cuando llegamos, nos dijo el chisme:

Ha llegado a su destino. Miramos el gps y, efectivamente, ponía Las Palmeras del Limonar número 12.

Pero, sorprendentemente, mi amigo, que ya había estado en el sitio a donde íbamos (hay que decir que es un pelín despistado, por eso fuimos con el gps), dijo:

–Ay va, que raro, aquí no es. Esto es un local social y nosotros vamos a un chalet particular. Ésta no es la casa.

¡Qué curioso, dijimos, si el gps nunca falla!

Llamamos por teléfono a nuestro destino y preguntamos como ir.

Efectivamente, el gps nunca se equivoca porque funciona por satélite. Lo que estaba equivocado era la información que tenía en su memoria.

Nos decía que estábamos en la calle Las Palmeras del Limonar y, sin embargo, nos había llevado a otra calle llamada Palmeras.

El que hizo el mapa del gps se había confundido al meter la información.

Al final, pudimos llegar a nuestro destino cambiando el nombre de las calles.

Dice el refrán que todos los caminos llegan a Roma, y puede ser cierto. Pero no todos los caminos llegan al cielo.

Para que nos conduzca hasta allí, nuestro gps, la conciencia, tiene que tener en su memoria los datos correctos, sino es imposible.

Esa información nos llega a través de Cristo. Él mismo se lo dijo al Apóstol Tomás:

«Yo soy el camino (...) Nadie viene al Padre sino por mí» (cfr. Jn 14, 1-6). La enseñanzas de Jesús son los datos correcto que tenemos que tener metido en nuestra alma.

Es la información que debemos incorporar a nuestras coordenadas. Porque, aunque uno tenga muy buena voluntad, eso no basta para llegar al sitio correcto.

Hay personas buenas que no llegan donde quieren. Y, después de viajar creyendo que van bien, se encuentran con la sorpresa de que han llegado a otro sitio, como nos pasó a mi amigo y mí.

Eso fue justo lo que les sucedió a algunos judíos de los tiempos de San Pablo.

El Apóstol dijo que habían confundido las profecías que se leían los sábados (cfr. Hch. 13, 26-33) y terminaron matando a Jesús, lo borraron de su conciencia.

Pero, la muerte del Señor no acabó con los planes de Dios, porque «Dios lo resucitó al tercer día de entre los muertos»

Como el Señor está empeñado en que nos salvemos lo va a intentar una y otra vez, sin cansarse.

Lo increíble del gps es que, si te equivocas por un despiste, y si es correcta la información que tiene, te vuelve a marcar una ruta nueva para que llegues a tu destino. Pues lo mismo hace Dios.

Aunque nos salgamos del camino una y mil veces, el Señor intenta reconducirnos otras tantas. Y, en ocasiones, por sitios que somos incapaces de imaginar.

En aquel viaje a Málaga, a la vuelta, saliendo de la ciudad, el dispositivo gps nos llevó por una calle tan estrecha que apenas cabía el coche.

Parecía que se había equivocado y que nos estaba llevando al huerto. Pero nos fiamos, por aquello de que los satélites no se equivocan, y efectivamente llegamos a la autovía que nos condujo directos a Granada.

Así hace Dios. Nos lleva en ocasiones por sitios estrechos, incómodos, que parece que no van a ningún lado, y luego resulta que es el mejor de los caminos.

De todas maneras, algunos piensan que la técnica tiene sus limitaciones. No así Dios, que nos ha dejado a su Madre para que este camino de la vida sea siempre seguro.

Por eso, le decimos ahora: Madre nuestra, Consérvanos el camino seguro: g–p–s.

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