jueves, 21 de febrero de 2008

SANTIDAD EN LO ORDINARIO

Muerto Herodes vino Arquéalo. En Egipto reciben la noticia de que Herodes había muerto, ya estaban allí instalados. Podía Dios enviar a José a cualquier lado porque era un gran trabajador.

Cuanto más nos formemos más disponibles seremos.

Nos dice San Mateo en el final del capítulo 6: Buscad el reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura. A cada día le basta su propio afán, su preocupación, su contrariedad. Debemos dejar las cosas en las manos de Dios. Así vivían la Virgen y San José, siempre alegres confiando plenamente en el Señor.

Vuelven a Nazaret con sus preocupaciones y afanes corrientes, buscando cada día el Reino de Dios y su justicia sin pensar en el futuro. Al inicio del libro Jesús de Nazaret, Benedicto XVI habla de la concepción de la figura del profeta y explica que esa palabra tiene dos acepciones. Una la persona que habla cosas del futuro y la otra el que habla en vez de Dios. Esta segunda, explica, es la más importante, el que nos guía en el presente, en el día a día.

Los pueblos paganos se ocupaban mucho del futuro y por eso buscaban adivinos, nigromantes. Salomón buscó una adivina para ver si iba a ganar a los filisteos…
Jesús, decimos en el Credo es el que habló por los profetas, nos guía diciendo que a cada día le basta su propio afán, que no pensemos en el futuro, no nos impacientemos por él, que miremos al presente y busquemos en el hoy el camino para ir a Dios.

Sed perfectos como mi Padre celestial. Si uno lo piensa esto es imposible antológicamente, pero si lo tomamos con prefacio que de ahí viene la palabra perfecto si tiene sentido, es decir, como acabar hasta el final las cosas diarias.

Por eso estuvo 30 años en Nazaret, y por eso esos años son tan importantes para nosotros. Años levantándose, desayunando, yendo al trabajo por la misma calle o en la misma casa, los mismos muebles, prácticamente comiendo lo mismo, las mismas amistades, yendo a la sinagoga todos los sábados… un día y otro día, una semana y otra. El Evangelio no dice nada porque hizo lo mismo que todo el mundo. Pero ¿no es este el hijo del carpintero? Dirán asombrados.

Después, durante su vida pública la gente que le conoce hará referencia también a esos años cuando digan todo lo ha hecho bien. Se extrañan de las cosas extraordinarias pero no de las ordinarias, como diciendo ¿los milagros que hace? Es que de siempre todo lo ha hecho bien.

La perfección, la santidad está en las cosas pequeñas: la santidad “grande” está en cumplir los “deberes pequeños” de cada instante (Camino 827).

Cuida las cosas pequeñas le recomendaban a un niño, y este respondió ¿de qué tamaño? Lo pequeño es lo de todo los días porque son las cosas que las almas grandes tienen muy en cuenta. Ahí ven los santos las posibilidades de servir al Señor, como las vio Jesús en los días monótonos de Nazaret.

Santidad y lo pequeño van juntos: porque fuiste fiel en lo poco pasa al banquete de tu Señor, in pauca fidelis (cfr. Mt 25).

Hijos míos o lo encontráis en vuestra vida ordinaria o no lo encontraréis nunca. Nazaret: todo tan humano y todo tan divino.(cfr. Conversaciones).

–Día tras día bendeciré tu nombre por siempre jamás…

¡Con qué ojos de cariño, de alegría miró Jesús a aquella viuda que echaba todo lo que tenía en un pequeña moneda! Y como nos recordaba San Josemaría: Dale tú lo que puedas dar .

Sería la misma mirada que tantas veces dirigió a María en el silencio de los días de Nazareth cuando veía el cariño que ponía por cuidar a Dios minuto a minuto.

Enseñame, Señora este camino.

1 comentario:

María dijo...

Buscar siempre la fidelidad en lo más pequeño, en lo mínimo de nuestras existencias. Dios permite nuestra miseria, nuestra debilidad puesto que en ella radica nuestra fortaleza. Vivir cada día como si fuera el último, darlo todo, amando, amando. Ese amor debe ser aún para con nosotros mismos, debemos aceptar nuestras limitaciones, ellas son esas "hermosas imperfecciones" que nos acercan cada vez más al Padre del cielo...

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