sábado, 16 de febrero de 2008

ABANDONO

San Mateo nos cuenta la tragedia de San José (cfr. Mt 1,19). En la tradición judía, con los desposorios se les consideraba marido y mujer. Después se hacía el traslado de la mujer a la casa de marido.

Antes de que vivieran juntos vio que María había concebido. Era una situación dramática. No podía dudar de Ella: bastaba mirarla, era todo alegría, daba paz verla, serenidad…

Además, teniendo a Dios tan cerca todas sus virtudes se habían incrementado. No sólo era la llena de gracia sino que tenía dentro al autor de la gracia y eso por necesidad le salía fuera. Así lo notó, por ejemplo su parienta Isabel (cfr. Lc 1,46 y ss).

El Evangelista nos dice de José que era justo y debía repudiarla porque no era el padre de aquella criatura. En la ley estaba previsto que, quien daba libelo de repudio, debía manifestar públicamente por qué rechazaba a su mujer, para que el repudio no fuera algo arbitrario y no se dieran abusos.

José pensó repudiarla en secreto (cfr. Mt 1,19), no sabemos cómo. Podía abandonarla sin más. En este caso el que quedaba mal era san José no la Virgen. Quedaría como un canalla porque se iba en secreto después de haberla dejado embarazada. Es posible que pensara dejar el pueblo y no volver más. Estaría dispuesto a eso, así es san José.

Y la Virgen ¿por qué no le dice nada? Hablando le evitaría ese drama a un hombre tan bueno como José. Pero ella está acostumbrada a moverse en los planes de Dios y nunca se le adelanta en las decisiones que toma, sabe que no es propietaria de ese misterio.

Ella sabe que todo esta en las manos de Dios y que lo único que tiene que hacer es abandonarse a la providencia de Dios. El Señor a veces hace sufrir, pero su amor cuenta con eso.

Estaba José considerando estas cosas, dándole vueltas, si debía alejarse de María que era lo que más quería en este mundo, le costaba la misma vida esa decisión. Eso es amar, sacrificarse para que la otra persona no sufra: nos dice el Evangelio que no quería exponerla a ninguna infamia (Mt 1,19).


También en nuestra vida puede haber momentos críticos, en los que no sabemos cómo actuar.


Y estas crisis pueden ser buenas o malas, dependiendo de si nos hacen crecer o no.

¿Qué debemos hacer? Lo que hizo José, rezar, hacer oración. Cuando ya estaba decidido Dios interviene, pero le deja que le de vueltas en su oración, incluso que llegue a una conclusión de lo que debe hacer…

Como me decía un amigo desde Rusia: el Señor nos concede todo, pero nos hace trabajar hasta el final.


Entonces apareció el ángel en sueños: José hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en Ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo (Mt 1, 28).


José pensaría, en un principio, que sobraba en todo aquello, sin embargo, el ángel incluso le da una misión, un papel en todo el misterio: hacer de padre del hijo que espera María: Ella dará a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús. (Mt 1,28)


A veces podemos pensar, más frecuentemente de lo que nos imaginamos, que no cuentan con nosotros, que no somos útiles, que sobramos. A las personas mayores les puede pasar que, a medida que pasan los años, parece que cuentan menos, que pierden protagonismo, que no es lo de antes.


A las personas jóvenes les puede suceder que piensen que las cosas las harán otras personas.


Y, en cualquier caso, resulta que estamos siendo protagonistas de una historia divina. Estamos como José, ayudando a Dios.


El Señor nos ha llamado porque quiere contar con nuestra colaboración. La Iglesia crecerá, como Jesús, porque detrás está el mismo Señor. Detrás de ti, está Dios.


¡Qué alegría la de José! Es tan fiel que el Señor sabe que, hasta hablándole en sueños, va a seguir sus planes. Hacía oración hasta durmiendo.


Pasados los meses, el César sacó un edicto para hacer un censo. José y María sabían que Jesús debía nacer en Belén y ellos estaban en Nazareth. Pero no se ponen nerviosos: esperan a que Dios vuelva a mover su ficha y aprovecha una circunstancia del mundo de los hombres.


Dios les da la señal: el edicto romano. Dios es el Señor de la Historia. Aparecería por las calles el pregonero y leería la orden: por orden del César Romano, como dice el villancico.


No se fueron con mucho tiempo de Nazaret para llegar a Belén, y poder preparar así todo con calma. Qué cosa más racional hubiera sido esto, pensando sólo a lo humano.

Pero ellos esperan a que les siga guiando la Providencia: no desconfían ni se ponen nerviosos… Dios hace la cosas con su lógica.

Llegan a Belén y, nada más llegar, nace Jesús. Dios que no sabe esperar, en cuanto puede viene a nuestro encuentro. Eso es Belén: una manifestación del amor de Dios.


El Señor se ha subido a nuestra barca, ahí está. Parece dormido como cuando estaban los discípulos cruzando el Lago que mientras lo cruzaban se durmió. Entonces vino la tormenta y, cuando empezó el peligro y a temer que morían le despertaron, no esperaron por el miedo a morir ahogados: Maestro, Maestro que perecemos ¡Qué diferencia con la actitud de María y de José!


¿Dónde está vuestra fe? Les recrimina, no veis que estoy con vosotros en la barca, es imposible que se hunda.


Él se levantó increpó al viento y a las olas y se produjo la calma… Así iban los Apóstoles aprendiendo a confiar en Jesús.


En los últimos meses de 1931 san Josemaría estaba en una situación que podríamos decir límite.


Económicamente mal. Tenía a su cargo a su familia que vivía como podían en la casa adjunta al Patronato de Enfermos, en Madrid. Una casa hecha para una sola persona, el capellán.


Allí vivían como podían, más mal que bien. El mismo se extrañaba cómo podían vivir así. La vida era como un milagro diario.


Al final de noviembre la situación se agravó, tanto que tuvo que pedir un prestado a un amigo y luego un préstamo al banco de 300 pesetas.


Además tenía muchísimo trabajo del patronato y debía también hacer la Obra que Dios le pedía.


Y para colmo de males no tenía solucionada su situación canónica en Madrid con el riesgo de que le pudieran echar de la capital.


En esta situación, lo que más le pesaba a San Josemaría no era la cruz que le enviaba el Señor si no la que debían sufrir su madre, y sus hermanos Carmen y Santiago.

Por eso le pedía al Señor: dame la Cruz sin Cirineos…
Pero rectificaba, porque aunque le dolía tanto le parecía que esa petición era una Cruz a su gusto…


Su conformidad con la voluntad de Dios llegó a tal punto que escribía: Jesús, ahora que realmente la Cruz es sólida, de peso, arregla las cosas de modo que nos llena de paz.


Señor ¿qué Cruz es ésta? Una Cruz sin Cruz.

Con Tu ayuda, conociendo la fórmula del abandono, así serán siempre todas mis cruces. El Señor le devolvió la paz de un soplo al comprobar la actitud de su madre y hermana, por eso escribía: Dios nuestro Señor está inundando de gracia a los míos (…). Ahora no es conformidad: es alegría. Definitivamente, en esta casa estamos todos locos.

Él mismo se asombraba: estoy pasmado de ver con qué tranquilidad, como si hablara del tiempo, mi pobre madre decía anoche: “nunca lo hemos pasado tan mal como ahora”, y, luego, seguimos hablando de otras cosas, sin perder la alegría y la paz.

Dios abre una puerta y cierra otras para llevarnos donde Él quiere, no nos resistamos a entrar por donde nos indica.

Vigilar ante una tentación que insidia siempre todo camino espiritual: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar.

Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar nuestra inteligencia y nuestra capacidad de acción.
Pero no debemos olvidar que, sin Cristo, no podemos hacer nada (cfr. Jn 15, 5).
( cfr. Novo millenio ineunte, n. 38)

Saberse amado por Dios lleva a pasar del activismo a la serenidad, de la rebeldía a la confianza, del conflicto interior a la unidad, de la complicación a la sencillez interior.... de la soledad a la Presencia de Dios.
(Cfr. Juan Manuel Roca, Cómo acertar con mi vida, p. 155-156.)

Vivimos en una sociedad en la que se pretende tener todo bajo control. Beber con control…“Yo controlo”…se suele escuchar entre los jóvenes.


Nada debe quedar a la improvisación…Y en todo se busca seguridad, que no haya lugar para el riesgo, y si lo hay también se controla, como en los deportes de alto riesgo…


Todo esto suena a vivir la vida de espaldas a Dios: –Yo sin Dios puedo hacer muchas cosas, montarme la vida, no necesito de Él.


Abandonar la vida en manos de Dios suena a infantilismo, a no dominar tu propia vida, a depender de Otro…


Pero luego sucede que controlarlo todo resulta imposible. Trae de cabeza a las personas.


No hay más que ver a los inversores de bolsa…, al mínimo movimiento imprevisto de divisas…zás…Pierden la cabeza, pronto se deben tomar las decisiones…


La naturaleza es incontrolable: Hay terremotos y fenómenos naturales imprevistos…

Y ante esta realidad todos somos iguales.
Esta pretensión del hombre choca con las palabras que el Señor dirigió a los discípulos después de contarles la parábola del rico insensato:
Por tanto no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. (…)

Se controla todo: los regímenes de comidas, no aumentar el peso, la línea…Y de la ropa, mejor no hablar: En las rebajas siempre hay que comprar, hay que ir a la moda, lo que una temporada estuvo en auge, dos meses después ni te lo pongas…

Por todas esas cosas se afanan las gentes del mundo.

Creen que así dominan, controlan…

Bien sabe vuestro Padre que estáis necesitados de ellas. Buscad más bien su Reino y esas cosas se os añadirán”. (Mc 12, 22-34)

Dios conoce muy bien nuestras necesidades. No es un Dios tirano, despreocupado de sus hijos…

Aunque en ocasiones no entendamos bien porqué suceden cosas que escapan a nuestro control… Reveses profesionales, complicaciones familiares…


Él sabe que necesitamos tener paz, trabajo, vocaciones…
Buscad más bien su Reino y esas cosas se os añadirán”.
Abandono no significa vivir despreocupados de las cosas, no hacer lo que debemos…
Es hacerlas y ya está. Sabiendo que lo demás corre de su parte… En definitiva es no decir yo hago, sino hágase en mi. Así dijo la Virgen: fíat.

Fornés & Martínez

2 comentarios:

Edward Diez-Caballero Alonso dijo...

Una de las referencias bíblicas no está bien

mateo 1, 20 no mt 1, 28

un saludo kenyano
edward

Edward Diez-Caballero Alonso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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