jueves, 3 de enero de 2019

LOS MAGOS DE ORIENTE


  

Los Magos
La estrella
Adoraron a Jesús


LOS MAGOS

En la actualidad nos encontramos con personas que tienen fe floja, que estando bautizados dudan de que el cristianismo sea la verdadera religión.

¿Por qué no van a tener razón los que tienen otras creencias? Si nosotros hubiéramos nacido en Marruecos seriamos musulmanes; y si tuviéramos a padres hebreos practicantes ahora todavía esperaríamos al Mesías.

Y podríamos seguir: si fuéramos chinos seguramente seguiríamos a Buda; y si hubiéramos nacido en la India podríamos ser hinduistas. Así que hay muchos caminos para llegar a Dios, y depende de la familia en dónde te hayas educado o el país  donde hayas nacido.

Eso piensan, y lo dicen en una conversación con amigos... y se quedan tranquilos. Pero no están dispuestos a estudiar, a profundizar en su fe, se comportan de forma superficial: practican las creencias de sus padres por costumbre, por inercia...

Y quizá tengan razón si hubieran nacido en otro país seguramente tendrían otra religión, que vivirían de igual manera, de forma tibia.

Por eso un profesor decía a algunos de estos, que son cristianos lo mismo que pudieran ser de otra creencia. Medio en broma, medio en serio les interpelaba: –Hazte budista y hunde al budismo.

Quería decir con esto, que las personas tibias hacen un flaco favor allí donde van... Y que egoístamente sería preferible tenerlos lejos, porque son unos perezosos que no quieren «complicarse» la vida.

Lo que está claro es que necesitamos  buscar a Dios con la inteligencia, pensando. Hay que buscar al Señor a través de las cosas que  suceden en nuestra vida. Dios nos envía señales mientras estudiamos, nos envía mensajes con las cosas que nos pasan.

Por eso, hablamos con Dios, nuestro amigo, unos minutos, así nos ponemos en disposición de escuchar todo lo que Él tenga que decirnos.

Aunque no somos los primeros que buscamos a Jesús. Otras personas lo han hecho antes.

El Evangelio no cuenta la historia de unos científicos, que como eran personas religiosas el Señor los llamó.

El Evangelio de san Mateo nos dice: Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo” (2,1s). 

Los Magos, citados en el Evangelio (Mt 2), seguramente tendrían un conocimiento religioso y científico, que se había desarrollado en lugares próximos a Babilonia.

Se piensa además que pudieran ser astrónomos. Pero no a todos los que hicieron los cálculos de la conjunción de los planetas les vino la idea de que había nacido un rey en Judá, que tenía mucha importancia para ellos.

Efectivamente había señales externas para pensar que la estrella les estaba enviando un mensaje.

Pero esas señales solo serían capaces de poner en camino a los que tuviesen también una cierta inquietud interior.

Solo se pondrían en  camino unos hombres que esperasen que mediante la estrella les llegaría la salvación.

Esto ocurre también en nuestra vida. Mucha gente puede haber tratado al chico de su vida, pero a la que verdaderamente impacta es a la señalada. Igual pasa en la vida espiritual.

Externamente todo el mundo oye lo mismo cuando escucha el Evangelio, pero hay palabras que parece que están dichas para nosotros. Por eso nos impactan.

Estos sabios de Oriente representan a cada uno de nosotros, cuando comenzamos a seguir a Jesús.

Significan la inquietud que sentimos cuando buscamos al Señor.

Cuando a ti te pase, piensa que hubo personas que también dormían mal por las noches intentando encontrar a Dios.

Me imagino a los Magos despidiéndose de sus familias estarían, que estaría desconcertadas. Pero ellos tenían la seguridad de que una Persona iba a cambiarles su vida.

LA ESTRELLA

La astronomía calculó con Kepler que, en torno al año del nacimiento de Jesús, surgió una supernova. Una estrella en la que se produce una enorme explosión, de forma que da una intensa luminosidad durante semanas y meses.

Y puede verse donde antes no se había detectado, y de ese modo daría la impresión que ha nacido una nueva estrella. 

Además por aquel tiempo se dio una conjunción de astros. La cosa se puede resumir así: «Júpiter –la estrella de la más alta divinidad de Babilonia– aparecía visible en su momento de apogeo  junto a Saturno, el representante estelar del pueblo de los judíos».

De ahí los astrónomos de Babilonia podían deducir que un evento de importancia se daría en el país de Judá. Y podrían  interpretar como que había nacido la estrella de un Rey de los judíos que a ellos les traería la salvación.

Esa posible explosión cósmica podría haber sido una primera señal para la partida. Pero la estrella no habría podido hablar a estos hombres si ellos no hubieran sido removidos también interiormente.

En la oración el Señor nos agita. Nos envía destellos, poco a poco parece que va tomando forma nuestra estrella personal. 

El camino que hicieron los magos hacia Jesús es el camino que hacemos muchos. Y que ellos fueran guiados por una estrella parece significar que también las cosas externas nos habla de Cristo.

Aunque el hombre no entienda totalmente lenguaje de la naturaleza, sin embargo el idioma de la creación ofrece algunas pistas, y conduce al hombre el conocimiento del Creador.

Indudablemente una puesta de sol nos habla de Dios. La belleza de un paisaje. La conversación con una persona. Pero estas cosas no nos afectarían tanto si por dentro nosotros no tuviéramos una inquietud.

Si me preguntáis: –¿Usted, por qué siguió al Señor?

–Fue un conjunto de circunstancias: como si se tratase la conjunción de unos astros. Por mi hermano, por un amigo, por el instituto. Y sobre todo porque notaba una inquietud interior. Como si alguien me dijera: Sígueme.              

Parece como si en la vida de cada uno de nosotros se hubiera dado una explosión: es como el enamoramiento. No es que hubiera nacido una estrella, la estrella siempre había estado allí pero al darse la explosión la gente empezó a decir que algo nos estaba pasando.

La primera persona que lo notó, la más observadora, fue nuestra madre.

Eramos el mismo, pero no éramos el mismo. Algo estaba cambiando y se notaba. Y es que estábamos siguiendo a una persona.  

En el caso de los Mago era razonable que se dirigiesen a Jerusalén en búsqueda del recién nacido, porque era de suponer que el futuro rey hubiera nacido en el palacio de esa ciudad. Por eso fueron allí. Aquellos hombres tenían sentido común, sensatez, virtud humana. Y allí en Jerusalén es donde la palabra de Dios les enseña el camino que han de tomar para encontrar a Jesús.

Nosotros también tendremos que dirigimos a personas que nos podían orientar. Aunque puede ser que si nos equivocábamos, puedan sobresaltarse como ocurrió con los habitantes de Jerusalén.
           
Los Magos llegan al palacio real de Jerusalén, y preguntan por el rey recién nacido: El rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él (Mt 2,3).

La verdad que es muy comprensible el sobresalto de Herodes ante la noticia del nacimiento de un misterioso pretendiente al trono. Así que con el fin de aclarar la cuestión extremadamente peligrosa para él, convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país (Mt 2,4).

Lo que tendría que haber sido una buena noticia, el descubrimiento de Jesús. Para algunas personases un motivo de agitación. Parece como si Dios fuese una persona incomoda para algunos. Porque efectivamente, Dios estorba a nuestra vida rutinaria.
             
La respuesta de los jefes de los sacerdotes y de los escribas fue (Mt 2,6): Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe [cfr. Mi 5,1] que será el pastor de mi pueblo Israel [cfr. 2 S 5,2].
             
Entonces Herodes saca sus conclusiones. Lo que sorprende es que las personas que dicen eso, luego no hacen nada por ir a encontrarse con Jesús. Hay gente que sabe mucho y hace poco.

ADORARON A JESÚS         

Después de que los Magos escuchan la palabra de Dios, que les llega por los sacerdotes, entonces  la estrella les vuelve a brillar.

San Mateo utiliza superlativos para describir la reacción de los Magos: Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría (2,10).

Es la alegría  de quien ha encontrado a Dios y ha sido encontrado por Él.

Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron (Mt 2,11).

Durante la adoración a Jesús encontramos sólo a María, su madre.

Probablemente san Mateo al no citar a san José quiere recordar que el nacimiento de Jesús se hizo sin intervención de varón, y describir a Jesús solo como Hijo de Dios Padre (cfr. Joseph Ratzinger, ob. cit. p. 40).

Ante el rey Niño, los Magos (adoptan la proskýnesis) se postran ante él. Éste es el homenaje que se rinde a un Dios-Rey.

De aquí se explica que los regalos ofrecidos por los los Magos no fuesen del todo prácticos. Quizá otras cosas hubieran sido más útiles para la Sagrada Familia.
     
La tradición de la Iglesia ha visto representados, en esos tres dones que los Magos entregan, tres aspectos del misterio de nuestro Señor: el oro haría referencia a la realeza de Jesús, el incienso al ser Hijo de Dios y la mirra al misterio de su Pasión (cfr. Jn 19,39).
     
Muchos vieron en Jesús a un niño semejante a los demás. Los Magos, en cambio supieron ver en él al Salvador.

Al reconocerle le presentaron los dones más preciosos del Oriente. También nosotros podemos  entregarle los dones mejores que puede ofrecer un hombre: la fe, la esperanza y el amor.

Estos son los regalos que más le gustan, pues Él, aun siendo el Señor, no los posee.

Jesús, tiene necesidad de nuestra fe, que hace posible la oración. Y es el incienso humeante que une la tierra con el cielo, y que nosotros aportamos para completar su acción de Sumo Sacerdote.

La mirra de nuestra esperanza, nos hace ver que las penalidades de esta vida sirven completan lo que falta a la pasión del Señor.

Pero lo más precioso es el oro de nuestro amor.  Con él, Jesús extiende su reino espiritual. Lo comenzó con su sacrificio en la cruz, como indicaba la inscripción, y lo renueva cada vez que se celebra un Misa, ofrecida por nosotros y por muchos.

Como siempre, Herodes, «quien–no–debe–ser–nombrado», intentó engañar a los Magos,  pero ellos se escabulleron por arte de magia.

Buen ejemplo para nosotros que debemos utilizar los dones de Dios –fe, esperanza y caridad–  para vencer al Maligno.

Junto a nosotros está la Virgen para recoger el oro, el incienso y la mirra que ofreceremos,  y ponerlo todo cerca del Niño para que lo vea. Por eso le decimos hoy:

Tú eres la Estrella de Oriente, que surges cuando te necesitamos.






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