sábado, 1 de noviembre de 2008

PRESENCIA DE DIOS

Los libros sapienciales del Antiguo Testamento recogen 150 salmos. Son oraciones dirigidas directamente a Dios.

El salmo 123 nos ayuda a introducir esta meditación Presencia de Dios.

A ti levanto mis ojos/ a Ti que estás sentado en los cielos/

En eso consiste la presencia de Dios, en mirar al Señor en todo lo que hacemos, y en sabernos mirados por Él.

-Así estamos ahora… mirándote.

Nuestra vida consiste en tener los pies en la tierra y la vista en el Cielo…

-…y aunque muchas veces nos olvidamos de ti, Tú nos tienes siempre presente…

Nos miras con cariño, con desinterés como se miran los amigos…

Tener presencia de Dios es tener amistad con Él, verse con Él, como hacen los amigos.

-Es tenerte de referencia siempre, constantemente. Y por tanto sentirnos seguros siempre.

Nuestra relación con Dios debe ser igual que la que tenemos con alguien a quien queremos mucho.

Cuando San Josemaría le dijo a su padre que quería hacerse sacerdote, éste se llevó un disgusto.

Fue la única vez que le he visto llorar, decía el Fundador del Opus Dei.

Y D. José, a pesar de que tenía otros planes, le contestó:

-Yo no me opondré. Piénsalo bien. Ten en cuenta que los sacerdotes no tienen un amor en la tierra y están muy solos…

Muchos años después, con un montón de hijos espirituales por todo el mundo, San Josemaría podía afirmar:

En esto se equivocaba mi padre. Yo no me he encontrado solo nunca. Porque siempre he estado con Dios nuestro Señor.

La vida del cristiano no es solitaria. Procuramos no volcarnos hacia el exterior y desparramar nuestros sentido, como hace mucha gente.

Procuramos tener el necesario recogimiento, no para quedarnos a solas con nosotros mismos. Eso sería bastante aburrido.

-Nos queremos quedar a solas contigo, Señor. Y desde esa intimidad contigo, verte en las personas que nos rodean y volcarnos con ellas.

Presencia de Dios es compartir con Él todo lo que nos pasa. Y entonces funcionamos con toda naturalidad, porque delante de Dios nos atrevemos a ser como somos, sin vergüenzas, sin temores.

Con Dios podemos funcionar en borrador sin aparentar nada, sin caretas… en zapatillas.

Con rabia o ira, con desesperación o con alegría exultante… igual que hacen los amigos…

Y así nos salen las acciones de gracias, los actos de desagravio, las oraciones jaculatorias…

Por eso podemos preguntarnos por qué somos tan poco amigos de Dios en muchas ocasiones.

¿Qué dificultades se encuentra uno para ser amigo de sus amigos? ¿Por qué a veces languidecen o, incluso desaparecen las amistades?

La primera dificultad que uno se encuentra en la amistad es la distancia física que nos separa de los amigos y que a veces son un obstáculo no pequeño.

Pero eso nos pasa con Dios, precisamente porque perdemos su presencia. De hecho no hay ninguna distancia entre Jesús y nosotros. Está dentro, en nuestra alma en gracia.

-Señor a mi me separa de Ti que no te veo físicamente, por eso te pido la fe para verte cada vez más…

También existe la escasez de tiempo porque la gente tiene mucho que hacer y cultivar la amistad requiere horas, por eso quizá se valora tanto un buen amigo porque exige un tiempo que a veces no se tiene.

-Señor tiempo te dedicamos pero ¿lo aprovechamos realmente? Cuando estoy contigo ¿estoy contigo o me distraigo con facilidad?

Y, si de verdad aprovechamos el tiempo que le dedicamos a Dios, los ratos de oración, nos daremos cuenta de que todo nuestro tiempo es para Él.

Aunque hagamos las cosas de los más variadas.

Cuentan del Prelado del Opus Dei que, en una ocasión se disponía a hacer un rato de deporte para descansar y le dieron una noticia que requería oración.

Su reacción fue decir:
vamos a ofrecer este rato de deporte por esta intención.

Y es que, para el que tiene presencia de Dios, todo, hasta un rato de descanso, se puede convertir en oración.

-Señor, ¡qué tesoro tenemos entre las manos! ¡Cuánto podemos rezar aprovechando todas las actividades diarias!

Otra dificultad que uno se encuentra para hacer amigos de verdad es el querer a la gente por interés:
por el interés te quiero, Andrés.

Es decir, es bueno tener amigos pero si te aportan algún beneficio. Si no, para qué.

Claro que eso no es amistad, porque la amistad de por sí es desinteresada.

La amistad por placer, por pasarlos bien, es amiguismo. Quizá habría que decir egoísmo. Dura poco, se rompe siempre.

La amistad del do ut des es interesada. Justamente por eso, porque hoy la gente actúa solo por interés

Por eso hay muchos que ven la amistad con Dios un poco absurda porque no es muy eficaz.

-Solo se acuerdan de Ti en la hora de la muerte, o cuando están enfermos o tienen alguna preocupación...

Y rezan en tiempos de exámenes o para que no llueva el fin de semana o para que nieve en la sierra y puedan subir a esquiar.

Y como normalmente Dios no hace falta, no es necesario porque las cosas van saliendo, el resto del tiempo se olvidan de que existe.

Son los que tienen presencia de Dios a ratos.

En otros sitios menos desarrollados, por ejemplo en África necesitan más de Dios

Lo necesitan hasta para coger el bus, porque como nunca llega, la gente reza para que llegue.

La amistad con Dios, la vida sobrenatural vista como camino para obtener cosas de Dios no tiene sentido.

Algunos piensan en el subconsciente que lo ideal es no necesitar de Dios porque entonces quiere decir que las cosas van bien.

O al revés: cuando se necesita de Dios es que algo va mal.

Como el chiste aquel:

–¿Doctor, cómo estoy?

–Estamos en manos de Dios.

–¿Tan mal estoy, doctor?

Nuestra sociedad es mercantilista. Todo se ve en función de la utilidad, también la vida sobrenatural.

-Señor corremos el riesgo de tratarte con esta mentalidad. Verte como alguien que resuelve problemas o necesidades.

Como me decía una persona en una ocasión, que se dio cuenta de que le pasaba esto. Decía: veo que trato a Dios como si fuera una máquina de Coca Cola: echas la moneda y esperas a que salga.

¡Acude a Dios –se dice-
vas a ver como te soluciona eso que me dices! Toma esta estampita y rézala…

Y, claro, cuando el Señor no le concede cosas que pide, incluso siendo buenas, se vienen abajo.

–Yo quiero conseguir ser menos perezoso y no me ayuda sigo igual…

Podemos reducir la vida sobrenatural, nuestro trato con Dios a eso

Por eso cuando las cosas no salen a nuestro gusto nos desconcertamos y pensamos que Dios ya no nos quiere.

O pensamos que cuando la oración nos satisface va bien la cosa y cuando nos encontramos un poco más secos, entonces ya esa amistad no rueda tan bien…

-Señor a veces te tratamos como si fueras un criado todopoderoso que tiene que hacer lo que yo quiero.

Como si tuviéramos un Terminator a nuestra disposición.

Y no nos damos cuenta de que la vida cristiana es querer a Dios… y basta.

¿Has visto lo que piensan mucha gente del arte? Piensan que no sirve para nada, que es algo inútil…

Es verdad ¿no? ¿Para qué sirve ir a ver una exposición? No sirve para nada. No tiene utilidad ninguna, porque no aporta nada.

Lo mismo nos puede pasar con Dios. Por definición Dios es inútil. Dios no sirve para nada.

¡¡Cuántas cosas te pedimos que no salen!!

Te hablaba del arte. Igual pasa con el Amor. Por definición el amor es un regalo y, por tanto, con él que no se puede comerciar, no se puede andar calculando. El cariño verdadero ni se compra ni se vende…

Podemos convertir nuestro amor a Dios en interés para conseguir cosas espirituales. Cuando en realidad la vida cristiana, la vida de amistad con Dios, ese un juego divino un juego de amor donde no sirve el doy para que me des.

-Señor mira hemos rezado tantos rosarios y hecho tantas mortificaciones para que nos concedas lo que te pedimos… y Tú, nada, ni caso.

Y es que la vida cristiana está más bien en sabernos delante de nuestro Padre Dios y, bajo esa mirada, sentirnos seguros siempre.

Seguramente habrás visto una fotografía muy conocida en todo el mundo.

Aparece el presidente Kenedy en el famoso salón oval de la Casa Blanca, sentado en la mesa presidencial, trabajando como presidente de los Estados unidos.

Y en el hueco de la mesa, un hijo suyo, pequeño, jugando tan tranquilo…

Tan tranquilo porque sabía que su padre, el Presidente del país más importante del mundo estaba a su lado.

Así nos sentimos en la presencia de Dios y de María.

Seguros, sabiendo que velan por nosotros las personas más poderosas del mundo.

1 comentario:

Josep dijo...

Me ha gustado: la idea y las anécdotas. Veo que ayuda mucho aportar ejemplos prácticos de la propia experiencia.

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