lunes, 21 de abril de 2008

EL TRASVASE DEL EVANGELIO

El libro de los Hechos cuenta como San Pablo y Bernabé salieron de Antioquía para ir a Jerusalén y consultar con los Apóstoles si convenía o no predicar la palabra de Dios a los que no eran judíos (cfr. Hch 15, 1-5).

A todos les pareció bien que San Pablo predicará también a los gentiles.

Gracias a Dios que fue así, porque sino no estaríamos aquí ninguno de nosotros.

La Iglesia se extendió por todo el Imperio Romano. Los cristianos hacían lo que Dios quería: que el sacrificio de la Cruz diera fruto en todo el mundo.

Todos sabemos lo fructífera que fue la vida de San Pablo, el Apóstol de las gentes. Es el trasvase del Evangelio de los judíos a los gentiles, porque Dios le movía desde dentro.

Se cumplieron en él las palabras que un día dijo Jesús: El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante (Jn 15, 5).

Estas palabras no son una metáfora o parte de una poesía. Son literalmente ciertas.

Cuando una persona esta cerca de Dios, su vida da mucho de que hablar, le sobra para dar a otras personas. Se desborda y hace que la tierra de alrededor de mucho fruto.

Los apóstoles sufrieron en su interior un cambio importante. Pasaron de estar en sequía espiritual, escondidos después de la muerte del Señor, a bautizar a tres mil personas, dándoles un agua que no era suya.

Cuando nos unimos a Dios en la comunión, «El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante». Nos llena hasta los topes, somos como un pantano a su máxima capacidad que tiene que abrir las compuertas.

El Señor es tan grande que nuestra alma no puede contenerlo y sale fuera.

Los Apóstoles hicieron su Primera Comunión el Jueves Santo. La recibieron de manos del mismo Dios.

Esa Primera comunión parece que no les sirvió de mucho porque no fueron capaces de estar con Él en la Cruz.

Aparentemente no sirvió. Pero siguieron comulgando y cada vez se llenaron más del agua de la gracia que necesitaban para darla a los demás, por eso los llamamos apóstoles.

Ellos eran los «enviados» para hacer el trasvase de la gracia Dios a los hombres. Y eso hicieron, extender la Iglesia por todo el mundo.

Hoy se celebra la fiesta de San Jorge. En Aragón era tradicional hacer la Primera comunión en un día como hoy. San Josemaría que era de Barbastro la hizo en este día de 1912.

«Para mí, decía, hoy es una fiesta muy grande (...); Porque [Dios] quiso venir a hacerse dueño de mi corazón».

También en él se cumplieron literalmente las palabras de Jesús, su vida dio «fruto abundante».

Y ahora, en los cinco continentes, hay gente muy distinta que trata a Dios. También por eso estamos nosotros aquí. Porque la vida de los santos se trasvasa a los demás.

Me contaban que durante la última Jornada de la Familia que hubo en Torreciudad, en septiembre de este año, un hombre mayor, de 80 años, comentaba con naturalidad que estaba muy contento porque había conseguido ir con toda su familia, una familia numerosa.

Y decía con orgullo que en su vida había tenido solo una idea buena:
–«Cuando tenía 18 años, son palabras suyas, fui a unos ejercicios espirituales y se me ocurrió una idea genial: qué distinta sería mi vida si comulgara todos los días».

Y después 60 años allí estaba en Torreciudad, feliz rodeado de toda su familia como un árbol centenario lleno de frutos, al que el Señor ha ido regando todos los días. con una sonrisa de oreja a oreja, satisfecho.


La Virgen hizo su primera comunión como los apóstoles, pero Ella tuvo bastantes años antes al Señor no uno cuantos minutos sino nueve meses. es la que más fruto dio y sigue dando todavía porque es la que más unida está al Señor.
Hizo su Primera comunión en Nazaret, el día de la Encarnación. Y desde entonces no se ha separado nunca de Él.

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