lunes, 9 de septiembre de 2019

SU VOLUNTAD


Un plan 

A nadie le gusta hacer la voluntad de otro. Y, sin embargo, la oración que Jesús dirige al Padre es «hágase tu voluntad». La voluntad que tenía que hacer Jesús era la de otra Persona. Y Él pedía hacer algo que le costaba.

Puede parecer que Dios es un poco egoísta al pedirnos que digamos eso. Pero no tiene que ver nada con el egoísmo sino con su amor de Padre. Significa que Dios tiene un plan para que cada uno de sus hijos sea feliz, pero no quiere obligarnos a cumplirlo, sino que quiere que se lo pidamos.

En una conversación con el capellán de su residencia, una universitaria le dijo al cura : 
Estoy intentando acercar a Dios a mi novio que lleva mucho tiempo alejado. Le he dicho que empiece rezando el Padrenuestro. Me ha preguntado qué significa «Hágase tu voluntad» y no he sabido responderle. Él dice que Dios parece un poco egoísta al pedirnos eso. Mi novio me dice que cuando nosotros salimos, unas veces vamos de yo quiero, pero otras de quiere él. 
Pues mira, significa dos cosas le dijo don Enrique. La primera que Dios tiene un plan para que cada uno de sus hijos sea feliz. Y la segunda cosa es que no quiere obligarnos a cumplir ese plan… ¿Cuánto tiempo lleváis saliendo?»
El sábado hará dos meses.
–Él te lo pidió¿verdad?
Sí, sí.
–¿Y lo estabas deseando?
Sí, sí, mucho.
Pues Dios hace lo mismo, quiere que se lo pidamos.
–¿Usted dónde confiesa por ahí fuera, para que le pueda llevar a mi novio?
En la Parroquia de San Justo y Pastor.
Pues voy a intentar que mi novio se confiese.
Sí, pero sin imponérselo.
Claro, lo he entendido.

Hágase

Efectivamente, cualquiera de los que estamos aquí tiene que hacer una cosa concreta, algo que Dios quiere. Por eso, digamos al Señor: «Hágase tu voluntad». Y Él escucha el eco de nuestra voz: «Hágase tu voluntad, hágase tu voluntad»; sonríe y acoge esas palabras nuestras como una declaración de amor.

En el Evangelio vemos como los Apóstoles iban descubriendo poco a poco lo que Dios quería. Pero no solo hay que conocer la voluntad de Dios, sino que hay que cumplirla. Por eso decimos que se haga.

¿por qué hay que pedirla tantas veces? ¿No basta pedirla una vez? Es como si tú decides ir a Almería. Te montas en el coche y poco a poco vas tomando direcciones que te meten en la autovía. Y uno puede pensar: «Ya está». No, no está, todavía no has llegado. Tienes que ir siempre por esa autovía, no desviarte, porque si te desvías llegarás a otro sitio, no a Almería.

Por eso hay que pedirle al Señor muchas veces que se haga su voluntad aquí en la tierra lo mismo que efectivamente se realiza en el cielo. Lo que diferencia a los que están en el cielo de nosotros, los de la tierra, es que los del cielo siempre van por la autovía. En cambio, nosotros nos podemos desviar con facilidad. Y ¿cuál es la voluntad de Dios? «Cumple los mandamientos» (Mt 19,17), le dijo Jesús a un chico que se lo preguntó. Esa es la autovía, por ahí vamos por buen camino. 

Es verdad que hacer la voluntad de Dios, a veces cuesta, pero no hacerla es el doble de doloroso. Ser fiel en el matrimonio, a veces es costoso, pero la infidelidad es causa de una infelicidad grandísima… Destroza por dentro, aunque el cónyuge no se entere. Por su parte, Dios siempre hace el bien, y se sirve de todo para hacerlo.  Puedes asesinar a la mejor persona que haya existido, que el Señor utilizará eso para el bien; incluso a la ley del aborto es capaz de darle la vuelta. Pero los que abortan lo pasan muy mal porque eso no es la voluntad de Dios. 

Es acertar siempre

Ahora le volvemos a decir: «Que en mi vida se haga tu voluntad, como si yo estuviese ya en el cielo». No es que Dios esté empecinado en que se haga su voluntad, sino que su voluntad es que el hombre sea feliz, que se salve. Por eso tenemos que fiarnos de Él también en los pasos intermedios, hasta llegar a la meta: «Señor yo no veo el final, pero Tú, que eres Dios, lo ves»

Uno puede retrasar lo que Dios le pide, dejarlo para cuando tenga 40 años: «Soy joven, ¿para qué “rallarme” con la voluntad de Dios?» Esto es la tibieza. 

Lo que está claro es que uno vive bien cuando cumple la voluntad de Dios. Por ejemplo, con el sexo, que lo ha hecho Dios, no Satanás. Hay quienes no solo disfrutan con ese placer natural, sino que lo convierten en su profesión; cobran por actuación, pero no son felices. A Dios directamente no le hace daño que una hija suya se prostituya, pero es un dolor muy grande. A una madre le conmocionaría que su hija estuviera en una autovía, con minifalda y botas, esperando que llegara un cliente.

Dios quiere que actuemos con cabeza, con sensatez, con verdad, que escojamos siempre lo que es verdadero, pues Él no puede engañarse ni engañarnos. La unión entre nuestra voluntad y la verdad, eso es el cielo, eso es la felicidad. Pero a veces, erróneamente, se intentan contraponer la tierra y el cielo, las cosas de aquí abajo y la voluntad de Dios.

Pincha aquí para escucharlo en audio

1 comentario:

Jaime Lopez de Egea dijo...

Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»

El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Y he aquí la voluntad del Padre:

Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres."

"Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.» .Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» . Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba."

Oh Señor si hubiéramos visto a Jesus levantadose e ir hacia las tinajas, con esa estampa llena de gracia, cumpliendo de forma instantánea la voluntad del Padre, y a partir de entonces llena de multitud de torrentes su pasión, de amor, de milagros, de parábolas, de obras y añadiendo su talante a la sabiduría del Antiguo Testamento forjando los futuros evangelios. Esa fue la hora del estallido de amor omnipotente que inundaría la tierra para siempre.
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