lunes, 27 de febrero de 2012

1. LA CARNE

                          Para escuchar

Escuchar
Al principio de su misión como rey de Israel, Salomón pidió al Señor lo que consideraba el don más importante: «Concede a tu siervo un corazón dócil» (1 R 3, 9). Así suele traducirse. Pero una versión más fiel al texto original debería decir: «Dame, Señor, un corazón que escuche».
No es extraño que a Yahveh le gustara tanto esa petición, pues el mismo Dios decía muy a menudo a su Pueblo: «Escucha, Israel, ¡escucha pueblo mío!» (cf. Dt 4 1; 12,28) ¡Qué lógico resulta decirle ahora al Señor:–¡Dame un corazón que escuche! ¡Sé Tú mi Maestro interior!
En Navidad contemplamos que la Verdad se ha hecho carne, y hemos de escucharla. Ahora queremos a estar a solas con Dios. Es cierto que casi nunca nos separamos de Él.  Pero puede suceder que las cosas del Señor nos acaben distanciarnos del Señor de las cosas.
Como algunas veces un marido puede decirle a su mujer, nosotros también oímos en el fondo de nuestro corazón, en la conciencia, la voz de Dios que nos dice: –Dedícame tiempo.
Y aquí estamos para mirarle, contemplarle, escuchar su voz. Porque Jesús es el Emmanuel.

El Emmanuel, Dios con nosotros
Dios está con nosotros gracias a María. Por eso es lógico, que vayamos a Dios a través de Ella. Por eso nos gustaría en este curso de retiro contemplar a Jesús con la mirada de su Madre.
Ella contaría a los evangelistas detalles y acontecimientos importantes de la vida del Señor.
Y nosotros aquí  vamos a ir repasando los momentos gozosos, y después seguir las huellas del Señor como las siguió María. Ella, algunas veces iría preguntando a los que habían estado con su Hijo, y otras fue protagonista junto con Jesús de algunas anécdotas luminosas en la vida del Señor.
En muchas ocasiones la vida de Jesús se identifica con la de María. También nosotros queremos identificar nuestra vida con la suya, vivirla junto a nuestro Amigo con mayúscula.
Él  como hermano mayor nos va enseñando a vivir cada etapa de nuestra vida, porque pasó antes por ellas. Así nosotros también hemos pasado por los momentos gozosos de  los primeros años de vocación, y por los momentos luminosos del centro de estudios y de la carrera.
Y más tarde han llegado los misterios dolorosos, que terminarán con los gloriosos. Así será nuestra vida, como la de Jesús. Por eso con la mirada de la Virgen vamos a meditar los momentos estelares de la historia de la humanidad de Dios. Empezaremos por su Encarnación.
Podemos decir que los primeros momentos de la vida de Jesús son momentos de gozo. Pero siempre, junto al gozo hay también el recuerdo del sufrimiento.  Y esto que sucedió en la vida de Jesús, de María y de José, también habrá sucedido en nuestra vida. Los primeros años de vocación también tuvieron sus espinas. Porque Dios a los que más ama no les da más, sino que les pide más.

Dios pidió colaboración
Sabemos que en un momento de la Historia de la Humanidad Dios pidió la colaboración de una adolescente. La vocación, la llamada de la Virgen, y el nacimiento de Jesús en Ella, aunque fue una cosa extraordinaria, sobrenatural, tuvo lugar de forma silenciosa. Fue un asunto entre Dios y Ella. Como es lógico siempre hay un enviado. También en nuestra vida los ángeles ocupan un lugar importante.
Y de buenas a primeras, Dios empezó a desarrollarse en Ella. También en nuestro caso las personas que estaban a nuestro lado empezaron a notar que el Señor se había metido dentro.
Y empezamos a cambiar, quizá el cambio se notó en nuestro entorno cercano. Los que estaban a nuestro lado se dieron cuenta al cabo de unos meses que algo había pasado. Y el motivo, la causa del cambio se produjo porque empezamos a comulgar casi a diario. Así Dios comenzó a encarnarse en nosotros.

Porque Dios no es una idea
En alguna ocasión el Papa ha dicho que Dios no es una idea. Porque hay personas que podrían pensar que la grandeza de Dios está totalmente desligada del mundo.
Tan sobrenatural, tan sobrenatural que pertenece a un mundo distinto del nuestro. Un mundo intelectual, ideal, pero que no es tangible como el nuestro.
Hay quienes piensan en Dios como en lo más grande que puede existir, pero que lo que le falta es existencia. Porque pertenecería al ámbito del pensamiento, de los deseos nuestros que no han sido saciados.
En definitiva que Dios sería un invento nuestro. Nuestra inteligencia humana crearía una idea, extrapolaría una serie de aspiraciones a las que daríamos una personalidad. Pero la realidad es otra…

Dios ha intervenido en la Historia humana
Dios eligió a un pueblo concreto. Pequeño, casi insignificante, pero que ha tenido una importancia fundamental. Porque ese pueblo es invencible, es Israel.
Y aunque el Pueblo de Dios en muchísimas ocasiones fue infiel, el Señor nunca lo abandonará porque dio su palabra.
Todos los profetas fracasaron en su misión de convertir al pueblo, pero siempre quedó un resto de personas quizá débiles, pero que escucharon la voz de Dios. Y así a trancas y barrancas el Señor iba anunciando al Salvador.
Iba dando pistas sobre el momento de su llegada, la familia donde nacería, la localidad, la victoria sobre sus enemigos, su pasión, la alianza de los grandes de esta tierra en contra de Él, su realeza.
Todo estaba profetizado. Pero no todos en Israel tenían buenas disposiciones.
También en nuestra vida hay que tener apertura para descubrir todas las señales que Dios ha ido enviando a través de personas y de sucesos.
Muchas veces tenemos que reconocer nuestras infidelidades, y la lealtad de Dios, que nunca nos va a dejar.
Por eso no podemos pensar que nuestra llamada fue una idea que nos gustó, o que otras personas intentaron hacernos ver.

No nos convencieron con razonamientos
A nosotros no nos convencieron con razonamientos. Nosotros no estamos aquí porque queramos realizar un ideal. Que con los años puede parecernos más ideal, más irrealizable.
Las personas que nos hablaron pasarán, las circunstancias también han cambiado mucho en  nuestra vida.
Pero Jesús siempre está ahí. Hemos venido por Él. Nosotros no perseguimos un ideal, sino que seguimos a una persona.
En un momento de la Historia, Dios quiso llamar a una adolescente para que colaborase con El en la historia de la salvación.
Y esa chica, casi una niña, le dijo que sí, pero no antes de haberse cerciorado.
Dio su consentimiento al conocer que el enviado no contradecía la voluntad que Dios habría manifestado anteriormente.
Porque sin duda el Señor le habría pedido que permaneciera virgen.
También nosotros cuando en la vida se presente un situación que parezca incompatible con la llamada que Dios nos hace, debemos ir a la oración, y preguntar: ¿De qué modo se hará esto? (Lc, 1, 34).
–Señor, ¿cómo haré para cumplir la llamada que tú me haces, si encuentro esta dificultad?
Hay que actuar como María, que nunca duda. Nunca duda, y por eso no pide una prueba, ni pone ningún tipo de condiciones.
Su entrega es absoluta desde el primer momento. Pero pregunta porque quiere conocer los planes de Dios, no por curiosidad sino para identificarse con ellos.

Preguntar a Dios
Ante el desconcierto la pregunta. Ante los desconciertos que se pueden presentar en nuestra vida, la oración.
Para eso hacemos oración para encajar las piezas en su lugar. Porque los planes de Dios no son nuestros planes, son distintos… Pero mejores.
Siempre es el Espíritu Santo el que nos ayuda: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti…» (Lc 1, 35), le dice el Ángel.
También nuestro Custodio nos explicará con su voz silenciosa de ángel, que eso que parece contradictorio es complementario. Que no se trata de una cosa u otra, sino de una cosa y otra.
Tantas veces nos liamos porque somos negativos, o simplemente porque no somos tan listos como Dios.
En un mensaje del Papa por la Navidad nos decía que evidentemente la Palabra y la carne son realidades opuestas. Efectivamente la palabra es una realidad espiritual mientras la carne es material

La carne y el Verbo
Que Dios se haga hombre, que el Logos se haga carne es un hecho que solo es posible por el Amor.
Tantas veces ocurrirá esto en nuestra vida, porque Dios quiere repetir la Historia Universal en nuestra historia personal.
Es el Espíritu Santo, el Amor de Dios, el que nos moverá para que vaya realizándose la encarnación de Dios en nosotros.
Un día, el principio organizador del universo, el Logos, empezó a organizar nuestra vida porque quiso que nos parezcamos a Él.

Dios tiene rostro humano
Dios tiene rostro humano, y quiere que también nosotros nos parezcamos al rostro humano de Dios, que es Jesús.
Y Dios no varía jamás: lo que quiso hace unos años lo quiere también hoy: es la Verdad inmutable.
Pero como decía el Papa. La Verdad de Dios no se demuestra como si fueran matemáticas.
Esto es así, Dios no quiere llegar a nosotros por la frialdad de una exposición o un razonamiento. Dios utiliza el vehículo que todos entendemos: el cariño
Como decía san Agustín: tanto tiempo perdido queriendo entender, cuando lo que tenía que hacer era amar.
Porque la Verdad de Dios pide el sí de nuestro corazón. Porque Dios es una verdad que a la vez es Amor.
Y nos pide que seamos como Él. Quiere que seamos dioses, con la auténtica prerrogativa de Dios, que es el Amor.
Un ángel quiso tentar a la primera mujer, intentando convencerla que sería como Dios, pero mediante la soberbia.
Otro ángel propuso a otra Mujer que Dios se encarnara en Ella, pero mediante el Espíritu Santo, que es el Amor de Dios.
Y entonces, con su lógica particular Dios se hizo carne para que la carne se hiciera Dios.

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