martes, 1 de diciembre de 2009

NOVENA INMACULADA 4: BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA PORQUE ELLOS QUEDARÁN SACIADOS


Todas las Bienaventuranzas parten de la humildad para llegar a Jesús.

Cuando somos humildes llegamos hasta el Señor, porque nos hacemos como Él. Esa es la enseñanza.

DICHOSOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA PORQUE ELLOS SERÁN SACIADOS (Mt 5, 6).

La mirada de Jesús se dirige a María, y también a nosotros, sus discípulos, a los que tenemos que buscar la justicia, la santidad.

El Señor se dirige a los que no quieren ser mediocres, a los que no quieren una vida cómoda, apagando, con su pereza, las inquietudes de su corazón.

El Evangelio nos habla de unos Magos de Oriente.

Como tenían sangre limpia sintieron una luz interior que les llevó a emprender un camino que terminó en Jesús.

Y la estrella que Dios les envió, les mostró ese camino.

Porque Dios a los que tienen interés les envía señales.

EL SEÑOR LES MANDO UNA ESTRELLA

Hemos visto salir su estrella, decían los Magos.

También algunos podemos decir lo mismo: hemos visto cómo la estrella de Dios nacía en nuestro corazón.
Y nos acordamos ahora de esos momentos en los que vimos brillar la llamada.

Nos dimos cuenta de que no eran casualidades lo que nos estaba sucediendo;

Y como siempre, el Señor nos exigió fe para lanzarnos y ponernos en camino.

Notamos aquella llamada de Jesús –venid–y dejamos todas las cosas para seguirle: como hicieron los Magos.

Como han hecho todos los santos: para seguir al Señor hay que tener cintura, cambiar los esquemas, no aferrarse a lo que ya hacemos.

Como en el caso de los Reyes Magos, el Señor nos pide cosas curiosas;

Cada etapa de nuestra vida tiene su cierta originalidad:

Lo de seguir una estrella tiene mucho de poético pero, en realidad, no deja de ser pintoresco.

Hemos de dejar a Dios que juegue con nosotros, que nos haga descubrir su Voluntad de la forma que Él quiere:

En este caso fue poco racional, si lo miramos humanamente hablando;

Si quería que unos reyes le adoraran, podía haberlos avisado a través de un ángel, y la cosa hubiera sido menos problemática.

Dichosos los que tienen hambre y sed de santidad porque ellos serán saciados

Se trata de ser personas con sensibilidad interior para ver las luces que Dios nos envía.

–¿Estarías dispuesto a seguir el camino que Dios te indicase?

–No…

–Entonces nunca podrás ver, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Santos ha habido muchos en la historia de la humanidad.

Pero la receta de la santidad es siempre la misma: un santo es uno que tiene hambre de Dios.

Ese hambre es dichosa, porque les lleva a Dios, a la felicidad. De esas personas habla esta Bienaventuranza.

Hay una enfermedad que, como sabéis, lleva a no comer. Es la anorexia.

ANOREXIA

Aunque una pese 30 kilos, siempre se ve gorda. Es una pena.

Primero porque no es verdad que esté gorda. Y, luego, porque puede morirse por falta de alimento.

En la vida espiritual, por desgracia, es una enfermedad muy corriente.

Hay personas que no tienen hambre de Dios, y creen que ya hacen bastante, se ven gordas.

Con tres Avemaría que recen por la noche, haciendo la visita a medio día con unos minutos de oración…

y yendo a misa un día entre semana, ya piensan que están alimentadas, que han hecho bastante.

Es como si una se tomara tres caramelos antes de acostarse, un Yogurt a medio día, y dos comidas calientes en toda la semana.

Sería como para llevarla a la UVI espiritual: en cualquier momento puede ofender al Señor.

No tienen hambre de Dios. Morirán espiritualmente si siguen así.

Tendrán siempre una debilidad grande que le impedirá oír la voz del Señor.

Dios nos pide mantener nuestro espíritu fuerte para poder escucharle.

El Señor, quiere hacernos ver la verdad en nuestra vida.

Si tienes hambre de hacer la voluntad de Dios, el Señor te da luces. Si no, no.

LA RECETA DE LA VIDA CRISTIANA

Algunas personas me han pedido una receta para tener hambre de Dios.

Y aunque no soy un Pablo Amate la voy a leer para que te la prepare la Virgen.


Receta de la vida cristiana

Antes límpiese bien el recipiente
Con una buena confesión;

lo de menos es la calidad del cacharro,
no se preocupe si no es de porcelana china,

porque a veces resulta más resistente el barro.


Ingredientes para una persona:

1 kilo de oración.

200 gramos de sinceridad, aunque en esto
no importa pasarse.

Un chorrito de obediencia,
para que no se pegue la pasta.

Medio litro de mortificación,
que es lo que le da el sabor.

Previamente se le ha añadido
la levadura apostólica,
para hacer fermentar la masa.

A todo se le espolvorea con alegría,
mucha alegría,
y se pone la guinda de las cosas pequeñas.

Se le mete al baño María,
que es nuestra Madre,

y se le dora al fuego del Amor de Dios.



Bienaventurados los que tienen hambre de Dios: ¡Buen provecho!




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