jueves, 16 de abril de 2020

LA DIVINA MISERICORDIA




Miedo a Dios

Una de las cosas más típicas que le ocurren a una persona que tiene sensibilidad es que le puede coger miedo a Dios. Hay gente que le coge miedo a Dios porque la idea que se han hecho de Dios es un reflejo de lo que son ellas. Si una persona es dura e intransigente, acaba pensando que Dios es así.

La idea de que Dios es muy duro, poco compresivo está muy extendida. Por eso, el Señor en el siglo pasado quiso comunicar a algunos santos que una de sus características principales  es la misericordia. Y san Juan Pablo II inauguró el domingo de la Divina Misericordia, y murió la Víspera de ese domingo. El papa quiso canonizar a una santa polaca que recibió del Señor esa misión: –Habla de que soy misericordioso.

Hablando de este tema escribió el Papa Juan Pablo una encíclica que se titula «Rico en misericordia», porque Dios no es que sea misericordioso es que está lleno, «forrado» de misericordia.

Divina Misericordia

La gente poco cristiana piensa que Dios es tan bueno que permite todo. Que da igual lo que se haga, porque la bondad de Dios es infinitamente blandengue. Sin embargo hay  cristianos cumplidores que piensan que el Señor es tan justo, que da miedo. Les asuntaría encontrarse con Él, porque lo imaginan temible: un «Ser tan Perfecto», que no admite fallos. Esas buenas personas, al pensar en Dios, lo ven como un ser duro, que «no pasa una».

Por eso se ha considerado al santo como a la persona que ha alcanzado la perfección. Indudablemente los santos alcanzaron un tipo de perfección, pero no toda la perfección. El Salvador nos dice que busquemos la perfección del Padre. Ser perfecto como vuestro Padre celestial. La virtud más característica de Dios con respecto al hombre, es comprender al hombre. Tanto comprende Dios al hombre, que se hace como el mismo hombre, más aún, se hizo hombre.

Pero no solamente llegó Dios a la humillación de hacerse material, sino incluso ha cargado con los pecados de los hombres, la basura del hombre, lo que más se opone a Dios que es Santidad. El Señor tiene un corazón misericordioso capaz de llevar las miserias de los hombres. Y el hombre si quiere parecerse a Dios, ser como Dios, tendrá que llevar las miserias de los otros hombres, comprenderlas y también intentar sanarlas.

El cristiano no es el que vive una serie de virtudes, y alcanza con ello el grado de perfección y de felicidad. El cristiano es el que sigue a Cristo, se identifica tanto con Él, tiene una amistad tan grande, que llega a vivir su misma vida. La felicidad y la perfección vendrán después como consecuencia de lo primero, la identificación con Cristo, con su voluntad.

Dios quiere misericordia

Como es sabido el Evangelio de San Mateo está dirigido a los judíos principalmente. Tiene especial relieve en este sentido las palabras que nuestro Señor dedica a los escribas y fariseos hablándoles sobre la Ley.

En ese Evangelio aparece repetido un versículo del profeta Oseas, cosa curiosa pues en un texto tan corto llama la atención esa insistencia, poco frecuente. El versículo del Profeta en cuestión es el número 6 del capítulo 6, y dice así:  Misericordia quiero y no sacrificio (en Mt 9, 13 y en Mt 12, 7).

Dios prefiere la misericordia de los judíos más que los sacrificios. Jesús actúa con misericordia con respecto a los pecadores, porque eso es lo agradable a Dios. Y también Jesús como Dios, dice que el quiere lo mismo que su Padre: misericordia quiero y no sacrificios porque yo no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.

Lo más propio de Él es la misericordia: un Dios que es tierno hasta abajarse y tomar la miseria de sus criaturas más débiles. Jesús decía que nuestro Padre Dios hace salir el sol sale para todos (cfr. Mt 5, 45). Así debe ser el cristiano que aspira a la santidad: una persona con defectos, pero que sabe querer a todos, con las miserias que ellos tengan. A nosotros, muchas veces nos cuesta actuar así, pero no a Dios, que es más humano que nosotros. El nos ayudará, si se lo pedimos, a través del corazón misericordioso de su Madre.


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