sábado, 9 de marzo de 2019

LAS TENTACIONES




EL NÚCLEO DE TODA TENTACIÓN

Es muy humano ser tentado. Nuestro paso por esta tierra tiene mucho de tiempo de prueba. Todos los hombres han pasado por esta experiencia, así que no tiene nada de extraño que el mismo Jesús sufriese tentaciones, porque es un hombre auténtico, semejante a nosotros, incluso más humano. Además el comportamiento de Jesús frente a las tentaciones nos enseña cómo debemos superarlas.

El pecado consiste en la transgresión del orden querido por el Autor de la naturaleza, el causante de todo el daño realizado en el mundo. Y las tentaciones que acechan al hombre son las causantes de que haya caído en ese estado.

En el Evangelio aparece con toda claridad el núcleo de toda tentación: apartar a Dios de nuestra vida, ponerlo en un plano inferior; pasa a ser algo secundario, o incluso superfluo y molesto, en comparación con todo lo que parece más urgente.

La tentación consiste en querer poner orden en nuestro mundo por nosotros mismos, sin Dios, contando únicamente con nuestras capacidades, reconocer como verdaderas sólo las realidades humanas y materiales, y dejar a Dios de lado, como si Él solo existiese en un mundo ideal.

SEXO, DINERO Y PODER

La tentación se presenta siempre vestida de realismo. El diablo conoce bien los intereses del hombre, y cuáles son sus puntos débiles. Nos dice lo que queremos oír, que lo verdaderamente real es lo que se puede tocar. Y va en primer lugar a los bienes tangibles representados por las fuerzas de los instintos básicos que más atraen al hombre, que sintéticamente podemos llamar "pan o sexo"; además el deseo de éxito humano, de todo lo que se puede comprar, que podemos sintetizarlo en el "dinero"; a lo que se añade el deseo de "poder".

Y aquí están "el sexo", "el dinero" y "el poder", como podríamos resumir lo que san Juan nombra como "la concupiscencia de la carne", "la concupiscencia de los ojos", y "la soberbia de la vida".

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

La tentación va a lo fundamental, a que dudemos de Dios. ¿Es real? ¿Es tan bueno como se dice, o debemos nosotros mismos decidir lo que es bueno? En la tentación las cosas de Dios aparecen como poco realistas, formando parte de un mundo secundario, que no nos hace falta para la vida corriente.

San Mateo va a narrar las tentaciones de menos a más, como si el tentador fuese primero a lo más básico y luego fuese poniendo el listón más alto cada vez al comprobar que superaba la prueba anterior. Al tratarse de un orden más lógico seguiremos lo que escribe este evangelista.

Y como veremos los dardos del Enemigo va a ir en primer lugar a la fe, después a la esperanza y en último lugar al amor a Dios.

En la primera tentación el diablo parece querer atacar la fe. Ahí pincha en duro. Al querer que el Señor desordene su criterio buscando en primer lugar satisfacer su instinto básico se encuentra con que Jesús le corta en seco diciéndole que hay otro alimento que proviene de Dios.

La fe nos indica que no solo las cosas materiales tienen importancia, también la tiene lo que no se ven. La luz divina hace que descubramos que hay realidades que proceden de Dios pero que no son materiales.

Por eso el demonio va a por la fe, porque ella es la raíz. Y si logra herirla, el árbol espiritual terminará secándose, porque por de allí le llega la savia.

Si superamos esa tentación contra la fe, entonces va a por la esperanza. Quiere que desviemos nuestra mirada de lo que Dios nos ha prometido, y nos centremos en los bienes de la tierra: el dinero, la gloria humana, el éxito.

Y si el diablo observa que nuestra esperanza está anclada fuertemente en Dios, entonces la tentación siguiente es más espiritual. El demonio está lleno de soberbia y busca el poder, y finge tenernos como colaboradores. Intenta que confundamos el servicio con el mando, lo mismo que quiere que confundamos el amor con el sexo.

Lo que intenta es quitarnos la caridad y para eso busca llenarnos de egoísmo: centrar nuestra mirada en nosotros, hacer nuestra voluntad, no obedecer a Dios, como él hizo.

Él odia a Dios, quiere ocupar su puesto, busca quitarnos el Amor, y para eso empieza por abajo, intentando quitar la confianza en el Señor, introduciendo la sospecha: esto es lo que hizo con los primeros hombres. Y también quiso hacer con Jesús. Y querrá hacer con nosotros.  Todo esto lo desarrollaremos más adelante.

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