martes, 1 de diciembre de 2009

NOVENA INMACULADA 3: BIENAVENTURADOS LOS MANSOS PORQUE ELLOS POSEERÁN LA TIERRA


Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.

Esta bienaventuranza, como todas, describe la vida interior de Jesús. Y el Señor era humilde de corazón.

Por eso se podría decir también: Bienaventurados los humildes.

Él es humilde, y, lo que es curioso es que también es Rey.

Esta bienaventuranza se refiere también a la Virgen.

Y Ella es Reina, precisamente porque es humilde. Y la paradoja es que es Señora, porque es esclava.

LA PARADOJA DE LAS BIENAVENTURANZAS

Esto es lo que le ha pasado a los santos. Con su humildad conquistaron al Reino de Dios.

Hace unos meses, estando en la explanada de esta parroquia, una señora del barrio me preguntó:

–¿Usted es un sacerdote del Opus Dei?

Y le dije que sí. Y entonces continúo la señora:

–Me estoy leyendo una biografía de san Josemaría. ¡Qué humilde era! ¡Mira que creerse que era un burro…!

Efectivamente, san Josemaría, en su humildad se consideraba un burrito.

Y le decía al Señor: –Como un borriquillo estoy delante de Ti.

Y, cuando alguien le pedía una foto suya, le regalaba un burrito pequeño.

Si os fijáis, en esta parroquia hay una capilla dedicada a san Josemaría, entrando a la derecha.

Pues en la urna cristal donde se conserva una reliquia suya, encima se ha puesto precisamente un burrito.

Y es que todos los santos se han considerado pequeños ante Dios. Han tenido que pasar por la puerta estrecha y baja de la humildad.

Y nosotros tenemos que ser como Jesús, humildes, porque su corazón es así.

Por eso a los santos, les emocionaba la figura del burro, ese animal humilde.

Por eso, nos dice el Señor: –Cargad con mi yugo, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,29).

El yugo se ponía encima de un animal para que pudiera transportar una carga.

En nuestro idioma se utiliza la palabra subyugar, que es igual que humillar.

De eso se trata, de ser humildes, porque sólo los que cogen el yugo de la humildad son capaces de llevar a Jesús.

Los humildes son los libres. Los egoístas son los esclavos.

Hay una novela, de una de las mejores escritoras inglesas, que se titula Orgullo y prejuicio.

ORGULLO Y PREJUICIO

Los dos protagonistas de esta historia, aunque se atraían mucho, no acaban de salir. Ella por prejuicio… y él por orgullo.

Efectivamente, el orgullo es lo que nos impide querer a Dios. Somos tan egoístas que nos creemos el centro del universo.

Y tenemos el prejuicio de pensar, que Dios no quiere que poseamos la felicidad en esta tierra.

EL SEÑOR DARCY Y ELIZABETH.

En la novela, Darcy aparece como una persona distante, altiva, llena de frialdad. Se creía superior a los demás.

Elizabeth, Lizy, además de guapa, aunque no tanto como una de sus hermanas, era una mujer lista y sensible.

Pero con su ironía interior, juzga siempre a los demás, que a veces no son como ella piensa. Se equivocaba.

Un diálogo entre los dos podría haber sido el siguiente.

Darcy le dice a Lizy: –Usted, señorita Benet, no deja pensar en las intenciones de los demás. Y, a veces, acierta.

Y Lizy le responde: –Pues usted, señor Darcy, con su frialdad, es incapaz de bailar con chicas que no sean de su posición.

La manera de ser de los dos, impide el compromiso.

Hasta que ella descubre, cuando va a la casa de Darcy y habla con su ama de llaves, el corazón tan grande que tenía él.

Él había dado ya, hacía tiempo, el primer paso. Pero Elizabeth, en su prejuicio, no lo veía.

Así nos pasa con Dios. Él ha dado el primer paso.

Y en la actualidad, hay personas que no se quieren comprometer con el Señor Dios, porque tiene el prejuicio del egoísmo.

Piensan que van a ser felices si dedican su vida a ellos.

Pero Jesús dijo lo contrario: Bienaventurados los humildes.

El Señor, con esta bienaventuranza no habla del orgullo y del prejuicio, sino de lo contrario, de la humildad y la libertad.

FELICES LOS HUMILDES PORQUE ELLOS POSEERÁN LA TIERRA

Jesús con estas palabras nos dice que la felicidad la obtendremos por la humildad.

Porque sólo los humildes crean un clima grato a su alrededor, donde la gente se siente a sus anchas, como en su casa.

Lo que enseña la novela de Jane (yein) Austin es que, cuando desaparece la barrera del egoísmo, en sus diferentes versiones, entonces se actúa con libertad.

NUESTRO SEÑOR ES UN REY HUMILDE

Estaba profetizado que el Señor vendría como Rey a poseer la tierra.

Y esto se cumplió cuando Jesús, montado en un burro, entró en Jerusalén.

El profeta Zacarías nos dice: «…mira a tu rey que viene a ti (…) modesto y cabalgando en un asno, en un burro…» (9, 9s).

Los reyes van sentados en su trono. A algunos le hubiera parecido más lógico que Jesús hubiera utilizado un caballo, como hacían los emperadores.

Pero el Señor quiso servirse de un animal humilde para entrar a tomar posesión de la capital de su Reino, que era Jerusalén.

Nosotros también tenemos que cargar con Jesús. Llevarlo, portarlo. Esa es la manera de alcanzar la libertad en esta tierra.

Y es verdad, las personas más libres son las que más sirven al Señor.

Al decir esta bienaventuranza, Jesús se estaba fijando en la Virgen.

Como sabemos, el Evangelio nos cuenta la oración de María: porque has mirado la humildad de tu esclava, por eso me llamarán Bienaventurada.

La Virgen, con su vida, escribió una novela que se podría titular, no Orgullo y prejuicio, sino Humildad y libertad.

NOVENA INMACULADA 2: BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PORQUE ELLOS SERÁN CONSOLADOS


Dichosos los afligidos porque ellos serán consolados.

Es un poco desconcertante decir que se puede ser feliz por el hecho de estar afligido, triste.

Es preferible no agobiarse por nada, no tener que llorar. Es preferible que nadie te tenga que consolar.

HAY DOS TIPOS DE AGOBIO

Hay dos tipos de aflicción, de tristeza.

Una, la de Judas. Judas en algún momento de su vida tuvo fe, y se agobió después de traicionar al Señor, al darse cuenta de lo que había hecho. Se agobió después.

Pero, como era un egoísta y no creía en el amor, la salida fue el suicidio, y se ahorcó.

La tristeza de Judas es la de la persona que descubre la verdad pero que no es generosa.

Eso lleva a agobiarse.

Por eso motivo, hay algunas personas que dejan de hacer la oración. Porque si la hacen, descubren lo que tienen que hacer.

A esta tristeza, fruto de la desesperanza, del egoísmo, y que no tiene consuelo, no se refiere el Señor cuando dice: Dichosos los que están tristes porque ellos serán consolados.

LA TRISTEZA DE PEDRO

San Pedro, después de traicionar al Señor, se encontró con la verdad y también se agobió.

Pero como no era un egoísta y tenía un gran corazón, por eso lloró. No por rabia, sino por amor.

La tristeza de Pedro es la que puede llevar a la conversión, a cambiar la vida.

Es una tristeza que anima, no es desesperanzada como la de Judas.

PEDRO TAMBIÉN SE AGOBIÓ

Pedro, conmovido ante la mirada del Señor, se echó a llorar porque quería al Maestro.

Y luego, fue consolado. Porque, Pedro, fue el primero de los Apóstoles en entrar en el sepulcro y experimentar la resurrección del Señor.

Ante lo que nos pide Dios, cuando en la oración nos enfrentamos con su mirada, nos puede venir la tristeza por tener que cambiar, por tener que dejar cosas.

EL MIEDO ES HUMANO

Hay una novela de la Segunda Guerra Mundial, donde describe el heroísmo de unos soldados polacos.

En el regimiento tenían como lema: Los que se dejan llevar por el miedo no saben querer.

No dicen los que tienen miedo, sino los que se dejan llevar por el miedo.

Los miedicas no saben querer, porque no tienen el amor suficiente como para vencerlo.

Esto ocurría en Polonia, y en el siglo pasado. Por defender a su patria se jugaron la vida.

Hoy en día, en occidente, por desgracia, poca gente da la vida por alguien, como han hecho los santos.

Por eso, ante una sociedad tan egoísta, Dios necesita más de nosotros, aunque hacer su voluntad al principio pueda costar o te dé un poco de miedo.

LE SUCEDIÓ A JESÚS

Jesús ante la cruz le entró miedo. También en el huerto se agobió, le vino la tentación de dejarse llevar miedo, pero lo venció con oración.

Se agobió y lloró, porque le costaba cumplir la voluntad de su Padre.

Jesús, está desvelando su vida interior cuando nos dice: Dichosos los afligidos porque ellos serán consolados.

Como diciéndose a sí mismo para animarse: después de la cruz, vendrá la resurrección.

Y esto es lo que también nos dice a nosotros, que somos sus discípulos:

–Tranquila. Si haces la voluntad de Dios, aunque te cuesten lágrimas, y estés un poco agobiada, ya verás la alegría enorme que te entra.

Pero hace falta fe, porque en esta tierra estamos en un valle de lágrimas.

EN UNA TIERRA DE PENUMBRA

Hay una película, que se llama precisamente así: Tierra de penumbra.

Allí se cuenta la historia de un famoso escritor inglés que se enamora de una chica norteamericana.

Y, después de casarse, se descubre que ella tiene un cáncer.

Hay un momento, estando los dos en el hospital, en el que él, viendo próxima la muerte de su mujer, le dice a ella:

–mientras más sufras ahora, más alegría vendrá después.

Este hombre decía eso porque tenía fe.

PERO NO TODO EL MUNDO CONFIA EN DIOS

Aunque esta iglesia está abarrotada, somos pocos los que seguimos al Señor. Nosotros ahora estamos junto a María.

Ella estuvo sufriendo al pie de la cruz por hacer la voluntad de Dios, junto con sus amigas.

En aquel ambiente lleno de crueldad, de cinismo, de hipocresía, y miedo al qué dirán, un chico y unas cuantas mujeres se mantienen fieles junto a la Virgen.

Como nosotros ahora.

De golpe no pueden cambiar la sociedad, pero se ponen de parte de Dios, sufren con Él, aunque les costara muchísimo.

Dichosos los afligidos porque ellos serán consolados.

Unos días después, esos mismos, por ser generosos, experimentaron la grandísima alegría de la resurrección.

La Virgen, al ser la que más sufrió, también fue la más dichosa. A Ella especialmente se le aplican las palabras de Jesús.

Dichosos los afligidos porque ellos serán consolados.

NOVENA INMACULADA 1: BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

Hace unos días, en un centro de universitarias, en el expositor de ventas de libros de espiritualidad había productos de cosmética.

Y le pregunté a la que se encargaba –que puede estar aquí presente– que si los artículos de belleza se vendían.

–Claro que sí: no ve que están en la edad de querer llamar la atención.

Pues mira, ninguno de nosotros duda que la Virgen es en la actualidad la mujer más guapa.

Otra cosa es pensar como sería cuando vivió en la tierra.

Pienso que no sería una mujer despampanante, que la gente volviese la vista cuando pasara.

A D. Álvaro del Portillo le contaron una leyenda que dice que las chicas de Nazaret eran muy guapas porque en ese pueblo había una fuente que tenía propiedad de dar la belleza a las que bebieran de ella.

Y D. Álvaro le dijo a la persona que se lo contaba, que él pensaba que María aquí abajo no sería una gran belleza, sino una mujer normal.

Cómo tú, o como la chica que está sentada en el décimo banco de esta Iglesia. Una chica que se arregla, pero que es corriente.

Porque el Señor querría proteger hasta en eso a su Madre: para que nadie se atreviese a mirarla mal.

Pero si la Virgen en su paso por la tierra tendría una belleza normal, no podemos decir lo mismo de sus virtudes.

LA VIDA INTERIOR DE LA VIRGEN

Pienso que la novena es una buena ocasión para meditar cómo era la Virgen por dentro.

Por fuera no nos ha llegado ninguna foto, pero sí por dentro.

En el Evangelio hemos escuchado las Bienaventuranzas que, como dicen los teólogos, son las características de la vida de un cristiano.

Y Ella fue la mejor de los discípulos del Señor.

Por eso, no es exagerado afirmar que Jesús estaría pensando en su Madre al predicar las Bienaventuranzas.

San Lucas nos hace ver a quién van destinadas. Dice: levantando los ojos hacia sus discípulos.

Por eso, cada una de las Bienaventuranzas nacen de la mirada dirigida a los discípulos.

No sólo a la Virgen, sino a cada uno de nosotros.

BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPÍRITU

Así empieza Jesús a hablar de sus discípulos, de la Virgen, y de cada uno.

¿Por qué empieza así?

María era feliz porque poseía el Reino de los cielos.

Y el Reino de los cielos lo tuvo gracias a su pobreza de espíritu.

María era pobre materialmente hablando. Pero también por dentro.

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos.

Así describe el Señor nuestra situación personal. Estamos necesitados de afecto, cariño, de dinero, de ropa.

FELIZ FUE MARÍA PORQUE ERA POBRE

Las Bienaventuranzas son una paradoja. Con ellas Jesús le da la vuelta a lo que la gente piensa habitualmente, y lo que parece malo pasa a ser bueno.

Y es que se invierten los criterios del mundo, cuando se ven las cosas como las ve Dios.

La Virgen era pobre… Pero no porque no hubiera tenido, sino porque lo que había recibido todo lo entregó Dios.

Hubiera sido rica por su inteligencia, su juventud, su elegancia. Estos son los criterios del mundo.

Pero eligió entregarse a Dios, y ella quedarse sin nada.

Todas sus buenas cualidades quiso devolvérselas a Dios.

Decidió entregar su cuerpo y alma a Dios.

Y SE EQUIVOCÓ…

Pensaría que nunca nadie le llamaría madre.

Pero se equivocó, porque ha sido la mujer en la historia de la humanidad que más la han llamado así: madre.

Es un consuelo saber que los santos se equivocan: porque a Dios no le podemos ganar en generosidad.

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos.

Felices los que se entregan a Dios, porque el Señor los hará ricos.

POBREZA MATERIAL Y POBREZA ESPIRITUAL

Los pobres no tienen dinero para comprarse en Zara lo que ellos quieren, como te puede pasar a ti.

Y a veces no encuentra el afecto que buscan en los demás.

Son pobres porque a veces no encuentran quienes le comprendan, como también te puede ocurrir.

Precisamente con esta Bienaventuranza, el Señor se refería también a nosotros.

Y nos sirve pensar que la Virgen no era pobre porque no tuviera, sino porque lo poco que tuvo, todo, lo entregó a Dios.

Por eso era dichosa. Porque el Señor siempre hace lo mismo, cuando quiere hacernos un regalo importante, primero nos pide la calderilla que tenemos, lo poco que tenemos.

Termino con una parábola.

LA HISTORIA DE UN COCHE

Yendo desde Granada a Roma, en un alto en el camino, en la cafetería de una estación de servicio, un amigo me relató una historia con la indicación de que la contase muchas veces.

Me explicaba mi amigo que la vida del hombre en esta tierra es un obsequio que nos hace el Creador.
Y que podría asemejarse al regalo de un coche, un vehículo adecuado a nuestras necesidades.

Y es precisamente al nacer cuando se nos entregan las llaves.

Efectivamente, siguiendo con esta historia, podíamos decir que en estos años que llevas de vida has aprendido a conducirte, a conducir ese automóvil que te entregaron.

Ya conoces las señales. Que son los mandamientos.

Más o menos te manejas; incluso la L de prácticas ya la dejaste en tu casa al hacer la Primera Comunión.

Y UN BUEN DÍA

Y un buen día, yendo por la carretera de esta vida: ¡oh sorpresa! De lejos alguien hace autostop. ¿Sabes quién es ese alguien?

Es Jesús. No Jesús el amigo de tu hermano. Sino Jesús, Jesús, el que te regaló el coche, el que te dio la vida, y ahora está allí...

Y vas pensando: –¿lo monto? ¿Será Jesús de verdad? A lo mejor no es...

Y cuando te acercas ves con claridad que es Él. ¿Qué hacer?

Déjame que yo piense por ti.

Tienes la posibilidad de pasar de largo, y decir:

–¿qué tengo yo que ver con ese? El coche es mío.

Y en ese caso verías la cara de decepción de Jesús, sobre todo cuando hiciste un amago de pararte, pero tu coche siguió...

Si tienes más generosidad te pararías, montarías al Señor.

Y después de recorrer pocos kilómetros Jesús comenzaría a decirte:

–no tan deprisa, respeta la señales, cuidado con esa curva...

Y tú un poco harto podrías decir:

–o te callas o te bajo, el coche es mío, conduzco yo.

Y Jesús callaría, muy respetuoso con tu libertad.

La tercera posibilidad: montar a Jesús, y al darte cuenta de que es Dios, ir siguiendo sus indicaciones.

Precisamente esta tercera posibilidad es la de los cristianos...

Aunque pensándolo bien hay una cuarta, decirle al Señor: –mira Jesús, toma las llaves, conduce Tú. Esto es lo que hizo María.

jueves, 12 de noviembre de 2009

NO PASARÁN (XXXIII DOMINGO, CICLO B)


La profecía de Daniel nos dice que habrá tiempos difíciles (Cfr. Dn 12,1-3).

Que se salvarán todos los escritos en el libro.

Y el Evangelio nos dice que en estos tiempos difíciles todo pasará, menos la palabra de Jesús.

En los tiempos en los que nos ha tocado vivir también puede haber desconcierto, pero siempre el Señor nos da a qué agarrarnos.

Unos dicen unas cosas y otros dicen otras. Hay gente desconcertada que no sabe dónde está la verdad.

En temas fundamentales como el matrimonio, el noviazgo... la gente no sabe muchas veces a qué atenderse.

Pasa lo mismo que en los tiempos de San Pablo que nos cuenta, en su Carta a los Romanos todas las barbaridades que cometían contra el sexto Mandamiento (cfr. Rm 1,24 y ss). No os leo la descripción porque es muy desagradable.
Ahora pasa lo mismo. No se tienen ideas claras sobre el noviazgo y el amor en el matrimonio.

Hace unos días me dijeron que venían cuatro de mis sobrinas a Granada. Llegaron de incognito.

Venían a celebrar la despedida de soltera de una de ellas, que se casa en noviembre. Me enteré de que estaban. Y quedé en verlas.

Me encontré con ellas en la plaza del ayuntamiento: llevaban un megáfono, pegatinas y carteles.

Eran de un partido feminista, y en los cartelitos que habían hecho aparecía la foto de la sobrina que se va a casar. Y ponía un lema: Vota Armenta.

VOTA ARMENTA

Así que ya podéis imaginaros, que el tal Armenta es el novio, y ella la candidata de ese partido político.

En realidad él trabaja con una conocida marca de material deportivo. Así que la novia, en el día de su boda, vestirá de blanco sevillista la última vez en su vida.

Porque en adelante la equipación se la proporcionará el novio. Que a partir de ahora será su sponsor para toda la vida.

Hace unos días le pregunté al novio, que si veía algún tema interesante para tratarlo en la homilía de la boda:

–Sí, claro. Puedes hablar de lo que es el matrimonio. Va a ver mucha gente joven, y puede interesarle.

Efectivamente es difícil tener las ideas claras sobre el matrimonio, pero no es cosa solo de ahora.

Pues ante el asombro de los Apóstoles, el Señor habla sobre la verdad del matrimonio: que es uno con una y para siempre.

Y LAS PALABRAS DE JESÚS NO PASARÁN

Hay gente que dice que son progresistas, pensando que los demás son retrógrados.
Que la Iglesia, con el tiempo, tiene que cambiar en muchas cosas. Que eso de que el matrimonio sea uno con una y para toda la vida, que depende.
Y dicen: –somos, los progresistas, los que tenemos que ir por delante, cambiando estructuras de la cúpula.
Cuando pase el tiempo, los burócratas nos darán la razón. Hay que esperar y forzar.

¿PROGRESISTA O RETRÓGRADO?

Si Jesús viviera ¿qué sería? ¿Progresista o retrógrado? ¿Teólogo avanzado o miembro de la jerarquía?

Algunos dicen: –La Iglesia tiene que adaptarse a los tiempos. Roma tiene que cambiar.
Y piensan: Gracias a Dios que hay gente que no le hace caso al Papa dentro de la Iglesia.

Si viviera Jesucristo, ¿qué postura tomaría con respecto al matrimonio actual? Esto es lo que debemos pensar.

Los fariseos eran los teólogos de aquella época, amigos de disquisiciones. Pensaban cosas y no las hacían, siempre críticos y nada sencillos.

Jesús, hablando del divorcio que habían introducido los judíos progresistas, les decía a sus discípulos: –En un principio no fue así…
Nuestro Señor se decanta por la verdad. Independientemente de si ocurrió hace 200 años, o de si estaba de moda.

Y dijo: –El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Es absurdo pensar en progresistas y retrógrados. Porque, lo diga quien lo diga, el matrimonio siempre será uno con una y para toda la vida.
Nosotros no creemos por los teólogos, ni por los curas, ni por los obispos. Creemos por Jesucristo.

Las distinciones dentro de la Iglesia, entre progresistas y retrógrados, son políticas. Los que dicen eso parece que no tienen fe.

Por eso se preguntan: ¿qué partido tomaría Jesucristo si viviera ahora?
Lo que no saben es que Jesús vive. Esto es precisamente lo que ellos no creen.
No es Jesús un personaje que existió, sino que ahora mismo está con nosotros.

HAY COSAS QUE PUEDEN CAMBIAR

Es verdad que hay cosas que pueden cambiar.

Y Jesús no tiene varias verdades dependiendo de la época.
Es cierto que hay cosas humanas que pueden cambiar, porque son accidentales, pero otras cosas siempre serán así.

Por eso hay que enterarse de lo que piensa nuestro Señor, no de lo que piensan los hombres.

Para eso ha puesto Jesús al Papa. La Roca donde se apoya su Iglesia.
Al Papa no lo hemos puesto nosotros ni la UNESCO. Lo ha puesto el mismo Dios.
Jesús dio su palabra y la mantiene. No puede cambiar.

Y dijo: –Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia… y los poderes del infierno no prevalecerán… Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo.
Jesús no tiene dos verdades. Una para los progresistas y otra para los retrógrados. Alguien estará equivocado… hay que decidir.
Pero los inscritos en el libro son los que creen en lo que dice Jesús. También sobre el matrimonio.

LA VERDAD DE DIOS SOBRE EL MATRIMONIO

Hacer las cosas según quiere Dios, nos hace felices. Y Jesús es la Verdad de Dios.

A veces, los curas, cuando alguno no sabe si casarse o no, les preguntamos: Tú ¿para qué te casas?

El para qué quieres casarte es la prueba de la verdad del matrimonio.

Si la respuesta es: –Me casaría para ser feliz.

–Entonces es mejor que no te cases, sería el consejo.

Si la respuesta es: –Yo me casaría para hacer feliz a mi novia.
A ese habría que responderle: –Entonces cásate.

Porque así es como vas a ser feliz tú: no buscando una felicidad egoísta, sino fundamentada en el amor.

Y el amor hay que afianzarlo en la Verdad.

El Papa en su última encíclica nos habla precisamente sobre el Amor. Se han dicho tantas cosas sobre este tema.

Para el Papa el amor no es un sentimiento pasajero, debe estar fundado en la verdad.
La verdad es que todos somos tan distintos... Por eso el amor, más que en dar o en darse está en comprender.

Esto es muy difícil. Intentar meterse en el interior del otro: y se consigue venciendo el egoísmo.

Y la entrega es lo definitivo en nuestra vida: es lo que queda. Por eso dice San Pablo que el Amor no pasará.

María es la Madre de Dios, trajo la Verdad al mundo.

Ella también vota Armenta.

viernes, 6 de noviembre de 2009

EL JUEGO DIVINO DE LA ENTREGA


Un día, el Señor estaba en el Templo de Jerusalén, sentado. Como está ahora aquí con nosotros (cfr. Mc 12,38-44).

Jesús veía el trasiego de la gente que iba y venía.

En frente de Él estaba la hucha del templo, donde se echaba dinero para ayudar a los gastos.

Vio algunos judíos que eran buenos y que echaban bastante.

También apareció una señora que echó muy poco, según el cambio actual no llegaría a un euro.

El Señor también nos ve a nosotros, que venimos a entregar cosas. Unos, diez minutos de oración, otros la acción de gracias de la misa…

DOS VIUDAS

Entonces Jesús al ver lo que echaba la viuda, dijo una cosa desconcertante. La idea es: –Esta señora ha echado mucho más que los ricos.

Esto me recuerda a la historia de otra viuda. Un enviado de Dios llegó a un pueblo parecido a los que hay en la actual Etiopía (cfr. 1R 17,10–16).

Y se encontró con una mujer que tenía un hijo, y que se estaban muriendo de hambre. Solo disponía de lo necesario para hacer una sola comida.

Elías, el enviado de Dios, le dijo: –Dame algo de comer.

Y la señora viuda, un poco sorprendida, casi suspirando y con pena, le dijo algo así como: –Solo me queda para mi hijo y para mí… ¿cómo me pides esto?

Y Elías le dijo:

–Sí. Primero ponme para mí. Ya luego habrá para ti y para tu hijo.

LA VIUDA SE FIO

Se fió porque se lo pedía un enviado de Dios.

Y, después de darle de comer al profeta, sorprendida, vio como lo poco que tenía, no solo no se acabó, sino que tuvo para muchos días, mientras otros se morían de hambre.

Y es que, cuando el Señor quiere dar, lo primero que hace es pedir.

Así hace con nosotros. Lo mismo hizo con los santos.

A la Virgen, que quería que fuese su madre, lo primero que le pide es la maternidad.

A san Josemaría, que quería que fundara una familia sobrenatural de miles de personas, lo primero que le pidió fue precisamente que no formara una familia humana.

Y, cuando le dijo a su padre que había decido ser sacerdote, a su padre, que nunca le había visto llorar, le cayeron dos lagrimones, y dijo: piénsatelo bien. Es muy duro ser sacerdote. No tendrás una familia, no tendrás un hogar. Pero yo no me opondré.

Y, san Josemaría, decía años después: mi padre se equivocó.

También se equivocó la Virgen, porque pensaría que nunca nadie le llamaría madre. Y ha sido la mujer en la historia de la humanidad que más la han llamado así.

Es un consuelo saber que los santos se equivocan, porque a Dios no le podemos ganar en generosidad.

EL JUEGO DE DIOS

La técnica de Dios es esa: cuando quiere darnos, nos pide.

Hace como el padre que llega de viaje, y su hijo aparece en la puerta. Y, de sopetón, el niño le pregunta: –¿Que me has traído?

La madre, que lo ve, se sonríe y le dice:

–Niño, primero dale un beso a tu padre, ya te dará lo que sea cuando abra la maleta.

Al cabo del rato, como le ve impaciente, su padre le entrega el paquete de caramelos.

Y en un momento, cuando el niño tiene los caramelos en la mano, le dice su padre:

–Ahora son tuyos, ¿me los das?

El hijo piensa: ¡pero si son míos! Hay un momento de tensión. La sonrisa se convierte en tristeza, pero el cariño al padre hace que el niño se los de.

Entonces, su padre, coge los caramelos, se los devuelve, le da un beso… y también el camión cisterna que tenía escondido para dárselo.

Esto hace el Señor con nosotros: juega con sus hijos. Pero hay que entrar a su juego.

Porque Dios en esta vida juega con nosotros.

El juego entre los hombres mueve mucho dinero. No es solo una cosa ahora, siempre ha sido así.

Porque al hombre le gusta jugar. Lo hacemos desde pequeños y continuamos durante toda la vida.

Y Dios, que nos ha creado lo sabe y juega con nosotros.

Dice la Sagrada Escritura que el Señor juega con los que estamos en la tierra: ludens in orbe terrarum.

Pero para eso hay que atenerse a unas reglas. Si no hay reglas no hay juego.

Cuando uno juega con Dios, no se puede hacer lo que uno quiere. Tiene que saber cómo funciona.

Las reglas son los Diez Mandamientos. Si los cumples pasas a la siguiente ronda. Si no los cumples te descalificas.

Hubo un chico que cumplía los Mandamientos y fue a Jesús, y le preguntó qué hacer para conseguir la Vida Eterna.

Y el Señor le dijo lo que tenía que hacer, pero él no quiso hacerle caso y por eso se salió del juego de Dios, y se fue triste.

Esto es lo que siempre pasa. Que si uno se va del juego, deja de disfrutar
También uno sufre cuando no se cuenta con él para jugar porque no está dispuesto a dar más en el campo.

PERO EL SEÑOR NO JUEGA CONTRA NOSOTROS

El Señor no juega contra nosotros, sino que está en nuestro mismo equipo. Y, con un compañero, lo que hay que hacer es fiarse de Él.

Por eso, dile tú al Señor: –Me fío de Ti, porque Tú sabes más.

DOS VIUDAS Y UN PAPA

Esto me recuerda a un comentario que hizo el Papa Juan Pablo II, un año que estábamos con él durante una convivencia en Roma.

Era domingo de Resurrección y le cantamos una canción que había ganado el festival de San Remo, titulada Dare di piú, Dar más.
Después de escucharla, comentó: –Esto es lo que sucede. Que cuando damos, siempre encontramos más dentro de nosotros. El que da no pierde, porque cuando se da, siempre se encuentra más.

Esto es lo que sucede, que Dios se saca cosas de la manga.

Jugar con Dios, fiarse de Él parece que no vale la pena. Que los que apuestan por Él pierden.

Esa es la sensación que quiere darle Dios al enemigo. Eso sucede en algunas batallas, que el General manda retirada dando la impresión de que es débil.

Pero no, todo es un juego. Después se descubre que era una táctica para vencer al enemigo.

Precisamente, el enemigo, el demonio, nos tienta con lo contrario, que no nos fiemos de Dios. Nos dice: No des, guárdatelo para ti.

¡Ya me dirás tú, qué interés tiene el Señor en que le demos cosas! ¿Qué gana Dios con nuestras chucherías?

Lo que sí sabemos es que el demonio quiere que no seamos felices, porque odia a Dios, y contra él nada puede, pero sí contra nosotros que somos sus hijos.

El juego de Satanás es un timo. El de Dios es entregar para ganar.

El Señor nos dice: –Tú te llamarás vencedor porque te fías de mí.

Jesús se alegró porque la viuda había dado más que los otros.

ENTREGAR PARA GANAR

Hay un premio nobel de literatura que cuenta la historia de un mendigo. De forma poética dice:

Iba yo de puerta en puerta, por el camino de la aldea, cuando, de pronto, Tu carroza de oro apareció a lo lejos, y yo me preguntaba maravillado:

–¿Quién será ese Rey de reyes?

La carroza se paró a mi lado. Mi corazón se llenó de gozo, y pensé: por fin mis días malos se habrán terminado.

Tú, bajaste sonriendo y extendiste la mano.

Qué ocurrencia la de tu realeza: ¡pedirle a un mendigo!

Entonces, de mi saquito de trigo, cogí un grano y te lo di.

¡Qué sorpresa, por la noche, cuando vacié mi saco: un granito de oro apareció en la miseria del montón!

¡Qué amargamente lloré por no haber tenido corazón para dárteme todo!

Y ESTO YA NO ES UN CUENTO INDIO

Dios, a los que quiere más, no les da más, sino que les pide más. Les pide todo, pero, para devolvérselo en oro.

Jesús se alegra porque la viuda del Evangelio dio más porque dio todo.

Ojalá todos fuéramos viudas en la generosidad.

FORO DE MEDITACIONES

Meditaciones predicables organizadas por varios criterios: tema, edad de los oyentes, calendario.... Muchas de ellas se pueden encontrar también resumidas en forma de homilía en el Foro de Homilías