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sábado, 4 de julio de 2009

PRUDENCIA



Nuestro Señor con gran sabiduría nos dice una máxima que parece enigmática. Dice:

Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado.

¿Qué querrán significar estas palabras del Señor?

Pues esto es lo que vamos a intentar meditar en la oración de este retiro.

Así como hay una virtud sobrenatural que es la reina, la que gobierna todas las virtudes sobrenaturales, que es la caridad.

También hay una virtud que es la que manda a todas las virtudes humanas. Si no se diese ella las virtudes no serían buenas.

Sin la prudencia la fortaleza se convierte en tiranía, la fraternidad en sentimentalismo, la humildad en humildísmo de garabato, y así todas las virtudes.

Por eso decía el Señor que si el ojo funciona todo se encamina bien.
Pero si la prudencia no funciona todo va mal encaminado.
Y es que para que nuestras acciones sean buenas es necesario que sean prudentes.
Y lo primero que uno tiene que tener en cuenta al actuar es el fin que persigue.
Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado.


Con la sencillez del ojo se quiere significar la rectitud con la que se persiguen las metas.
Al haber rectitud en la intención entonces el hombre se llenará de la Verdad —todo su cuerpo estará iluminado— .

Por eso la prudencia tiene mucho que ver con la rectitud en la intención.

Las palabras del Señor si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado quiere decir que debe haber sintonía con la verdad.

O lo que es lo mismo, para realizar el bien hay que conocer la realidad.

La prudencia es el ojo sencillo que lleva a actuar correctamente, porque ilumina todo.

La prudencia tiene dos caras: la cara que conoce y la cara que manda..

Pero lo esencial de la prudencia no es el conocimiento de la realidad.

Lo esencial es que este conocimiento de la realidad sea transformado en acción.

La diferencia entre el saber y la virtud de la prudencia es que la prudencia tiene una inmediata relación con la actuación concreta.

Lo más característico de la prudencia: la búsqueda de los medios.

El principal objetivo de la virtud de la prudencia es encontrar los medios.

Los medios son los caminos que conducen a los fines.

El que sin pararse se lanza a la acción es imprudente: pecaría de precipitación.

Pero dice Santo Tomás que si en la deliberación puede demorarse, sin embargo la acción ha de ser rápida.

Si la acción se retrasa la voluntad se malacostumbra.

Y la pereza de la voluntad acaba convenciendo a inteligencia para que no haga lo que ha visto.

Un segundo modo de imprudencia es la inconstancia.

La verdad que conocemos tiene que transformarse en acción, en bien.

Podíamos decir que hay un recipiente donde se guarda la verdad.

Precisamente es la memoria es el recipiente donde se guarda la verdad.

La memoria es un lugar de mucha influencia en la vida espiritual. Dicen que la vida espiritual es cuestión de memoria

El lugar donde existe más peligro de que la verdad sea falseada por la voluntad, es en la memoria.

Y existe una grandísima dificultad en darse cuenta, y esto es lo que hace que este peligro sea muy grande.

El falseamiento de la memoria se realiza mediante suaves retoques y variaciones de acentos, cambios de color.

Juan Pablo II hablaba de la purificación de la memoria. Esto significa que hay que desenmascarar falseamientos.

Otro asunto muy importante es la docilidad.

La docilidad, el dejarse decir algo, el ser dúctil: requiere auténtica humildad.

Porque existe una manía de querer llevar siempre la razón, que se opone a la verdad de las cosas reales.

La prudencia lleva a enfrentarnos con la variedad de situaciones.

Para ser prudentes hay que renunciar a la absurda manía de pretender que sabe todo: lo que uno sabe es interesante, pero no agota la realidad.

Por querer aferrarse a las idea que uno se ha hecho,

por querer defender la propia experiencia a capa y espada

nuestra inteligencia de las cosas se hace teórica, irreal, y pierde el contacto con la verdad objetiva.

La flexibilidad que acompaña a la prudencia permite dar nueva respuesta a situaciones siempre nuevas.

La flexibilidad no tiene nada que ver con la falta de carácter.

La rigidez tiene mucho que ver con la cerrazón mental del que cree que ya lo sabe todo

La rigidez también está unida a la persona que piensa que siempre lleva la razón.

Son dos manifestaciones de falta de apertura.

Otra característica es la esperanza, que es audaz, y cuida de que no se cierren los caminos, que llevan a los verdaderos fines.

Por eso las personas desesperanzadas, al cerrar sus puertas a los caminos, cierran sus puertas al bien.

Pero también se puede llegar a un fin bueno por caminos falsos y torcidos.

Precisamente la astucia es la más típica forma de falsa prudencia.

El valor táctico no es el principal valor, pero para el “astuto” se convierte en lo primero que hay que considerar. El astuto es el intrigante, incapaz de mirar y actuar rectamente.

La prudencia está emparentada con la magnanimidad, la grandeza de ánimo.

La magnanimidad gusta de todo lo manifiesto, lo claro. La astucia es una máscara. Detrás de la máscara de la astucia encontramos a la avaricia.

La falsa prudencia del astuto es consecuencia de la avaricia.

El egoísmo llena de astucia, lleva a la simulación, empequeñece el ánimo.

Oculta bajo su careta “táctica” los intereses del ego.

Habitualmente se entiende por avaricia el amor desordenado de riquezas, pero hay que entender “riquezas” en un sentido más amplio.

Avaricia es el desmesurado afán —amor desordenado— de poseer cuantos bienes estime el hombre que puedan asegurar su grandeza y su dignidad (altitudo, sublimitas).

La avaricia se pone de manifiesto en la angustia de los viejos, que sólo busca seguridad y garantía.

Por eso no es posible la prudencia sin la juventud de ánimo que se olvida de todo interés egoísta.

La prudencia necesita humildad de escuchar en silencio, escuchar con sencillez.

En los asuntos humanos los medios que se pueden poner para alcanzar un fin pueden ser muy variados.

Los medios para alcanzar un fin son variados porque las personas somos distintas, también los asuntos, y las circunstancias.

A personas distintas, medios distintos.

En los asuntos humanos los medios hay que tener en cuenta, que las personas, los asuntos y las circunstancias son variables, y que harán que los medios también lo sean.

Las personas, los asuntos, y las circunstancias son cambiantes.

Pero el hombre en su afán de seguridad quiere forzar la realidad para que quepa en el cajón de sus experiencias.

Meter en cintura la realidad para que quepa en el corsé que había preparado con la experiencia de los años.

Pero la prudencia necesita elasticidad para poder adaptarse a la realidad cambiante: lo que pudo ser bueno, ahora ya no lo es, pues han cambiado las personas, los asuntos y las circunstancias.

La prudencia es lo más opuesto al dogmatismo riguroso y sin vida, que empequeñece la mente.

La prudencia es apertura a la realidad, que si cuenta con el pasado es porque fue verdad, pero que puede que no se repita de la misma forma.

La prudencia busca la libertad, por eso no se anquilosa en un conjunto de prohibiciones engorrosas.

El prudente no es el que conoce el conjunto jurídico de las prohibiciones sino el que juzga con rectitud contando con el pasado.

Pero sobre todo el prudente cuenta con la verdad de las cosas que tiene que resolver en la actualidad.

Mirar desde Dios, desde su amistad, hace que se descubran nuevas dimensiones.

La verdad de las cosas reales se muestra con más nitidez teniendo como punto de mira ese amor de amistad con Dios.

Precisamente la prudencia sobrenatural consigue que la verdad del ser de Dios se convierta en la regla y medida del actuar.

Por eso dice la Escritura que el hombre que hace la verdad por fuerza tiene que acercarse a la luz. Dios es esa luz.

viernes, 19 de junio de 2009

OBEDIENCIA FRUTO DE LA LIBERTAD


Hay quien cree que la persona más libre es la que hace lo que le da la gana. La que puede disponer de su vida sin que nada le ate. Una situación así es irreal, no se da. Todos estamos condicionados por alguna cosa: lo importante es apostar por un compromiso que merezca la pena.


Somos humanos y habitualmente nos molesta hacer la voluntad de otro. Y muchas veces, lo que más nos molesta no es hacer una cosa concreta, sino que nos la mande alguien. Queremos sentirnos libres y hacer nuestra santísima y amabilísima voluntad. Pero no toda elección me hace libre. En muchos casos me esclaviza.


VIVE LA VIDA


El Señor cuenta en el Evangelio una parábola que, de primeras, puede ser desconcertante. Es la parábola de los talentos (cfr. Mt 25, 14-30).
Hay muchos que no la entienden. Les parece que el Señor es injusto y actúa con dureza.
-Un talento me diste, y aquí lo tienes: te devuelvo lo que es tuyo. ¿Dónde está el problema?
Efectivamente, a simple vista parece que el empleado ha hecho lo correcto: devolvió a su Jefe lo que le había dado.
Sin embargo, con su actitud le está diciendo al Señor: -no quiero nada Tuyo porque sí acepto el talento me va a comprometer toda mi vida y no quiero líos. Vive tú vida que yo viviré la mía.
Por eso, cuando recibió el talento, hizo un agujero en el suelo y lo enterró. Y hasta que su amo no se lo reclamó no lo sacó de allí. No quería cuentas con el Señor.
Que bien se entiende ahora la reacción del Señor: -“Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. (...) En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y rechinar de dientes.”
Cumplir la voluntad de Dios da la felicidad. De otro modo acabamos obedeciendo a nuestros sentimientos:
-Ahora me apetece un helado… me ordeno tomarme un helado; ahora me apetece tumbarme en la cama… me ordeno tumbarme en la cama; ahora me apetece ver la televisión… me ordeno ver la televisión; ahora me apetece estudiar un poco… pues te aguantas, porque no se te puede dar todo.
Si obedeces a los sentimientos acabas siendo una piltrafa.


LA HISTORIA DE UN SÍ

La Virgen es modelo de persona libre: desde el principio se comprometió con el Señor.
Cuando el arcángel Gabriel le plantea la posibilidad de ser la Madre de Dios, de comprometer su futuro, no lo duda: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tú palabra.
Se identifica totalmente con el querer de Dios, con su Voluntad. Obedece a lo que Dios le pide porque sabe que así va a ser feliz. Toda su vida es un ejemplo de obediencia, aunque a veces no entendiera.
La obediencia es fruto de la libertad. Puede parecer paradójico, pero la persona más libre es la que más obedece.
Y obedecer significa oír: oír a Dios y a los demás. De un modo o de otro, todo el mundo obedece. Lo importante es acertar en la obediencia. El que no obedece a Dios acaba obedeciendo a sus sentimientos.

EL DESOBEDIENTE

Dios quiere tu felicidad. Y está empeñado, más que nosotros, en hacernos felices. Nosotros no sabemos que nos hace felices, Dios sí.
Nuestros primeros padres se dejaron engañar por la serpiente: Dios os ha prohibido tomar del árbol porque si coméis seréis como él.
Se fiaron más del demonio, de un desconocido que no les había hecho ningún favor, que de Dios.
A veces podemos confiar más en una persona de fuera, en las amigotas, que en las directoras.
Adán y Eva, al fiarse más del diablo, se apartaron de Dios. Comieron la fruta que estaba prohibida, se rompió el interior, y se desordenó todo. Se apuntaron al no te serviré del diablo.
Dicen algunos autores espirituales que Lucifer era como la Virgen, una criatura perfecta, pero en ángel. Probablemente sería buen político porque engañó a un tercio del Cielo y todavía sigue engañando a muchos. Como era guapo, listo, y hablaba muy bien, sabía como camelarse a la gente.
La felicidad la da el bien. Nadie se cree que una cualquiera, una profesional, que hace lo que le apetece, es la más feliz.
¡Que pena que liarse con siete es pecado! Es que eso no te hace feliz.
¡Hombre, yo no quiero ser una cualquiera! Yo quiero ser amater, una aficionada, no una profesional: hoy con uno y mañana con otro.
Si la felicidad la diera la prostitución, animaríamos a la gente a eso.
Cuando se nos dice que cuidemos la pureza, que no vayamos al botellón o a determinados sitios no es por fastidiar. Es por nuestro bien.

-Bueno, pero yo no voy a emborracharme, solo a tomar un poco. En cosas grandes lo notamos, pero no en pequeñas. No es el cura o las directoras que se empeñan en decirnos que no a cosas.

Esas amigotas lo que buscan es tu dinero, no tu felicidad. La felicidad la quiere nuestro Padre Dios.

Cuando una persona elige carrera, pregunta: no quiere equivocarse. Da igual hacer una cosa que otra, pero lo que se hace por obediencia es eficaz.

LOS TRES MALES

Los religiosos, cuando entregan su vida a Dios, hacen tres votos o juramentos: obediencia, pobreza y castidad.

¿Qué busca el hombre? El placer, el dominio, y el dinero. Son las tres concupiscencias de las que habla San Juan: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos (la ambición, lo material), y la soberbia de la vida.
Está tan arraigado en el hombre, que los religiosos hacen una promesa donde juran vivir así. Nosotros no hacemos votos. Pero estamos heridos por ahí.
La obediencia le da un palo a la soberbia: no haces tu voluntad sino la de otro.
San Josemaría decía que la obediencia es la humildad de la voluntad que se somete al querer ajeno, por amor.

Cualquier persona enamorada le pregunta al otro: ¿Qué te apetece comer? Porque lo que quiere es hacer la voluntad del otro.
¿Cómo obedeces a las amigas? Una persona que se deja llevar por los sentimientos acaba obedeciendo a todo: a la televisión, al capricho, a las amigas, a la comodidad… menos al que le quiere de verdad: a su Padre.


Tú quieres ser como Dios, pero sin Dios. Quieres ser feliz sin Dios. Ser buena cristiana, pero sin obedecer.

AFINAR EN LO PEQUEÑO

La Sagrada Escritura resume en pocas palabras la vida de Jesús.
Erat subditus illis: les obedecía. Era Dios y obedecía a unas criaturas. Y también dice de Él: obedeció hasta la muerte.

Como el primer pecado era de soberbia, nuestro Señor vino por la puerta de la humildad.
En cosas gordas obedecemos: en pequeñas a veces nos da igual. ¿Por qué no haces esto, en lugar de esto otro?
Para ir al Club puedes ir por una calle o por otra: da igual. Puedes llegar a las 6 ó a las 7. Poner la Misa o no ponerla. Acostarte a las 11 ó a las 11.30. No hay gran diferencia.
Lo que ocurre es que si te lo piden por amor de Dios, la cosa cambia. Eso es lo eficaz, porque es lo que quiere Dios.

DIME LO QUE SEA QUE ME OPONGO

La experiencia dice que cuando nos ponen el examen particular en un punto concreto, en la devoción a la Virgen, uno quiere luchar en todo menos en eso. No porque no quiera a la Virgen, sino porque me lo han dicho.
Es lo que se llama espíritu de contradicción: dime lo que sea, que me opongo. Si dices ve, no va; en cambio si le sugieres, sale de ella.

EL COLOR DEL SOBRE

Tenemos que obedecer por motivos sobrenaturales, no humanos: Tengo genio de carnero cuando me mandan lo que quiero.
¿Puedes ir al video club a por una peli? ¿Puedes ir a comprar unos helados?
Para eso sí somos muy diligentes: ¡¡¡a por los helados!!!
Dios utiliza mensajeros: algunos son más monos, otros menos. Hay un proverbio africano que dice: cuando recibas un mensaje no te fijes en el mensajero.
La Obediencia tiene que ser sobrenatural, no sentimental: si me lo manda fulanita, entonces sí.
Si el sobre viene en rosa entonces sí hago caso, pero si es un sobre normal, no. Eso es una superficialidad. Lo importante de una carta no es el sobre. El sobre se abre y se tira. Lo importante es el contenido.
Una persona, que quizás tenías en un pedestalillo porque te llevó por el Club, a lo mejor después no siguió yendo por allí. No pasa nada, da igual. Era el sobre, el instrumento del que se sirvió Dios para que tú te acercaras a Él. Lo importante es que te llevó por Casa.

No obedecemos a los hombres, sino a Dios. Por eso nuestra perseverancia no depende de la que nos habló para pitar, pues en algún caso, a lo mejor no te habló nadie.
Si una persona no obedece, para eso está el purgatorio, para acabar de rectificar. Y si uno no obedece nunca, para eso está el infierno. Aunque este no es vuestro caso.

LA OBEDIENTE

La Virgen ocupó el sitio de Lucifer: Yo, ¿por qué voy a servir a Dios? Yo, ¿Cómo voy a servir a esta directora si soy más lista?
Lucifer dejó a Dios y su sitio lo ocupó la Obediente: María.
Frente al non serviam! del diablo, la Virgen dijo: He aquí la esclava del Señor.
María fue obediente hasta la muerte de su hijo. Por eso fue libre: no solo Ella, sino también nosotros.

San Josemaría, para que nos quedara muy clara la importancia de obedecer, sentenciaba: Obedecer o marcharse (Camino)

viernes, 12 de junio de 2009

UN SAGRADO CORAZÓN (CICLO B)

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús recibió un especial impulso el 16 de junio de 1675.

En esa fecha se le apareció Nuestro Señor a Santa Margarita María de Alacoque y le mostró su Corazón. Estaba rodeado de llamas, coronado de espinas, con una herida abierta que manaba sangre y, del interior, salía una cruz.

Santa Margarita escuchó al Señor decir: «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor».

Aunque pensemos que el amor de Dios no se puede ver, sí se puede porque se ha encarnado. Amó al joven rico y se compadeció al ver tanta gente que estaba sin comer.

Fue su Sagrado Corazón el que cargó con las miserias y pecados de todos los hombres de todos los tiempos.

UNA OPERACIÓN A CORAZÓN ABIERTO

En la noche del Jueves Santo, en el Huerto de los Olivos, Jesús nos enseñó su Sagrado Corazón lleno de toda la miseria humana.

Cuenta Catalina de Emerich que se llevó a Pedro, Juan y Santiago, y entró en el jardín de los Olivos. Estaba muy triste: Mi alma está triste hasta la muerte, dice la Escritura, porque sabía lo que se le venía encima.

Por eso les dijo a los discípulos: velad y orad conmigo para no caer en tentación. Es justamente lo que estamos haciendo ahora, acompañarle.

Jesús se separó, y se metió debajo de un peñasco, como una especie de gruta. Se metió hacia adentro. Cuenta la Emerich que vio alrededor del Señor un círculo de figuras que lo estrechaban cada vez más. Se llenó Jesús de tristeza y angustia.

Él que era la pura inocencia empezó a temblar al ver el horrible espectáculo de todos los pecados cometidos desde la caída del primer hombre hasta el fin del mundo, y su castigo.

UN CORAZÓN EN CARNE VIVA

Postrado en tierra, inclinado su rostro todos los pecados del mundo se le aparecieron bajo infinitas formas en toda su fealdad interior; los tomó todos sobre sí, y se ofreció para pagar esa deuda.

Todos los pecados, toda la malicia, todos los vicios, los tormentos, las ingratitudes que le oprimían: el espanto de la muerte le llenaron de terror. Se echó encima todos los pecados, también vio los nuestros.

Al principio, Jesús estaba arrodillado y oraba con serenidad. Después su alma se horrorizó tanto al ver los crímenes de los hombres y su ingratitud con Dios que sintió un dolor tan grande que le salió decir: ¡Padre mío, todo os es posible: alejad este cáliz!

Sus rodillas vacilaron, juntaba las manos, inundado de sudor, y se estremecía de horror. Tenía la cara descompuesta. Estaba desconocido, pálido y erizados los cabellos sobre la cabeza. Había estado orando una hora.

CONSOLANDO A DIOS

Jesús no aguanta más y va donde estaban los tres Apóstoles en busca de consuelo. Pero los encontró dormidos, cansados por la tristeza y la inquietud.

El Señor acude a ellos lleno de terror, pero ellos dormían: Simón, ¿duermes? ¿No podíais velar una hora conmigo?

Hoy queremos estar despierto, acompañado y consolando su Sagrado Corazón.

Impresiona imaginarse al Señor temblando, descompuesto, pálido, empapado en sudor; con un timbre de voz que no era el suyo.

El Señor, en el Huerto de los Olivos sudó sangre al ver toda la miseria humana, por eso las venas no le aguantaron y, en la cruz, de su corazón traspasado salió sangre y agua (Jn 19,31-37: Evangelio de la Misa).

Hoy, Jesús nos enseña su Corazón herido, y, sin embargo, es continuamente rechazado. Lo enseña para que los vea todo el mundo, a ver si reaccionamos.

Parece como nos dijera: «A vosotros os es natural amar a alguien que os ha sacado de un gran peligro; pero a Mí, que os he librado del Infierno, ¿por qué no Me amáis?».

DIOS, NUESTRO CONSUELO
Dios se nos ha revelado en el Señor. Se ha abajado para que nosotros viéramos como es.

¡Qué consuelo da saber que Jesús soportó nuestros pecados, que su corazón sufriera tanto por amor a nosotros!

Esta manera de ser de Dios viene de antiguo. En el Libro del Profeta Oseas leeremos unas palabras desconcertantes, pero que nos ayudan a entender el amor de Dios. Dicen: «cuando Israel era niño, Yo lo amé» (11, 1.3-4.8-9). Y san Juan afirma que «el amor es de Dios» (1 Jn 4, 7: Aleluya de la Misa).

Dios nos ama aunque seamos infieles. Nos quiere porque es bueno. Y nos querrá siempre aunque no le correspondamos. En él, siempre encontraremos comprensión y perdón.

Por eso dice Isaías: «sacaréis agua con gozo de las fuentes del Salvador» (Is 12,2-6). Podemos repetir ahora: -Bendito sea su sacratísimo Corazón.

SER CONSUELO PARA LOS DEMÁS

Los santos han sido conscientes de esto. Por eso, san Josemaría decía: «Tengamos presente toda la riqueza que se encierra en estas palabras: Sagrado Corazón de Jesús (…).

»En la fiesta de hoy hemos de pedir al Señor que nos conceda un corazón bueno, capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender que, para remediar los tormentos que acompañan y no pocas veces angustian las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad.

»Si queremos ayudar a los demás, hemos de amarles, insisto, con un amor que sea comprensión y entrega, afecto y voluntaria humildad. Así entenderemos por qué el Señor decidió resumir toda la Ley en ese doble mandamiento, que es en realidad un mandamiento solo: el amor a Dios y el amor al prójimo, con todo nuestro corazón» (Cfr. Mt 12, 40).

-Danos, Señor, un corazón como el tuyo, capaz de querer a los demás con sus defectos y pecados (cfr. Salmo 102).

Gracias a la Virgen el Corazón de Jesús late, a pesar de estar lleno de nuestras miserias. Pidamos a nuestra Madre que el nuestro también sea misericordioso con los demás.

martes, 9 de junio de 2009

UNA ALIANZA NUEVA

En un día de fiesta como hoy, Corpus Christi, la misa que se celebra es la del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. No solo del Cuerpo sino también de la Sangre.

En la Antigua Ley, tanto los sacrificios como las alianzas exigían el derramamiento de sangre.

AL PIE DEL SINAÍ

Yavhé hizo una alianza con su pueblo. Eso es lo que nos narra la Primera lectura. En esa ocasión también hubo, como era de esperar, derramamiento de sangre.

Moisés, después de hablar al pueblo, levantó un altar al pie del monte, allí al aire libre. Luego mandó que algunos hicieran sacrificios a Yavhé y dijo al pueblo: Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho Yavhe.

Después tomó una de las vasijas con la sangre de los animales sacrificados y la derramó sangre sobre el pueblo mientras diciendo: Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos (Ex 24,3-8).

LA SANGRE DEL CORDERO

Esa fue una de las muchas alianzas que hizo Dios con los hombres dentro de su plan salvífico. Pero la Alianza definitiva llegó con Jesús.

En Jesús, Dios se une con el hombre haciéndose hombre. Se hizo carne y selló una Alianza Nueva.
Para esta alianza, el Señor derramó su propia sangre. Por eso es la definitiva, la que puede lograr el perdón de los pecados de todos los hombres y la unión más estrecha con Dios.

Esta es mi sangre de la Nueva Alianza, dijo Jesús en la Última Cena, que será derramada por muchos (Evangelio del día: Mc 14,12-16.22-26).

Ahora se entiende mejor el salmo: Alzaré la copa de la salvación invocando el nombre del Señor (Sal 115). Jesús en la Eucaristía es una garantía para nosotros.

LO NOVEDOSO DE LA EUCARISTÍA

Esta Nueva Alianza fue muy distinta a las demás. Tenía mucho de novedoso, no era una alianza más. De hecho se sigue llamando Nueva a pesar de los siglos que han transcurrido, porque sus efectos siempre lo son.

La Eucaristía nos ofrece el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Esto es algo maravilloso y desconcertante: Dios que se pone en nuestras manos.

Parece como si el Señor se quedara para consolarnos por no haber podido estar con él en los 33 años de su paso por la tierra. Nos hubiéramos alegrado tanto como la Magdalena.

Pues aquí está en el sagrario. Por eso celebramos esta fiesta. Por eso nos alegramos y nos llenamos de fe y de esperanza, porque sigue derramando sus gracias.

CONTAR CON ÉL

En la fiesta del Corpus nos postramos, como dice el Papa, ante Aquel que se inclinó hasta nosotros y dio la vida por nosotros.
Nos reunimos alrededor del altar, en la catedral, para estar en su presencia, como el pueblo judío al pie del Sinaí. Así empieza la celebración de esta fiesta.

Luego, saldremos a la calle para caminar con el Señor y terminaremos arrodillados ante él, para continuar adorándole y recibir la bendición (cfr. Benedicto XVI: Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, 22-V-2008).

Esto es lo que hacen muchos cristianos todos los días. Se reúnen por la mañana en su presencia. Luego salen a la calle con él e intentan adorarle con lo que hacen.

Hay un hecho de la vida de San Josemaría que ilustra esta actitud que debemos con el Señor. Después de ser ordenado sacerdote le enviaron a un pueblecito de Zaragoza. Un pueblín de pocos habitantes. Todos los días, a eso de las tres o cuatro de la tarde, cuando la siesta se ha apoderado de todos los habitantes, San Josemaría se pasaba horas cerca del sagrario haciendo compañía a Jesús Sacramentado en la soledad de la iglesia del pueblo, Perdiguera se llamaba.

Eso le costó que le empezaran a llamar Rosa mística. Así se le conocía por los pueblos de la zona, como si estuviera todo el día en Babia. En realidad estaba siempre acompañando al Señor.

Vamos a pedirle ayuda a la Virgen: Madre nuestra, Madre del Amor Eucarístico, que el amor a la Sagrada Eucaristía colme nuestro corazón.

lunes, 1 de junio de 2009

SANTÍSIMA TRINIDAD

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Hace unas semanas, vi una madre que llevaba a su niño de la mano por la calle. Cruzaron la calle, se dirigió a un policía, le preguntó algo, el poli le indicó un sitio y se fue hacia allí, siempre con el niño cogido.

Y pensaba yo al verles que así hace también nuestra Madre la Iglesia con nosotros.

Nos lleva de la mano hacia Dios, porque sabe que lo necesitamos. Para eso, nos facilita el trato con el Señor a través de las fiestas litúrgicas.

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. Y nos atrevemos a pensar en cómo es Dios.

Hubo un escritor muy conocido en Inglaterra (Collins), famoso por su incredulidad, que se encontró en cierta ocasión con un obrero que iba a la iglesia y le preguntó con ironía:–¿Cómo es tu Dios, grande o pequeño?

El obrero le contestó con sencillez: -Es tan grande que tu cabeza no es capaz de concebirlo, y tan pequeño, que puede habitar en mi corazón (Cfr. T. Tóth, Venga a nosotros tu reino).

LA BONDAD DE DIOS

Bendito sea Dios Padre, y su Hijo unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros (Antífona de entrada).

Así vamos a empezar nuestra Misa: alabando a Dios, que se abaja a querernos como somos, no como Él quiere que seamos. Tiene misericordia de nosotros, asume nuestra miseria, no sólo las cosas buenas que Él nos ha regalado.

¡Cómo descansa saber que el Señor nos quiere con nuestros defectos! Por eso, es capaz de perdonarnos, porque nos quiere. Carga en su corazón con lo malo que tenemos: así de bueno y grande es nuestro Dios.

LA ALEGRÍA DEL ENAMORADO

Ante el amor lo que te sale es cantar. Es como lo que le sucede a la gente que se enamora: cuando se ven correspondidos explotan de alegría.

Se les nota porque no hablan de otra cosa. Están como ensimismados. Incluso los más rudos se vuelven un poco cursis.

Pues, nosotros, al ver el Amor tan grande de Dios, nos volvemos litúrgicos y repetimos lo que han dicho tantos santos durante siglos: A ti gloria y alabanza por los siglos.

-Te reconocemos, Señor, como único Dios (cfr. Dt 4,32-34. 39-40: Primera lectura).

Nos sale solo decir con el Aleluya de la Misa: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Y con el salmo: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

EL AMOR DE DIOS

San Juan nos dice en el Evangelio: tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna (Jn 3, 16-18).

¿Cómo nos podemos imaginar el amor que Dios nos tiene? ¿Cómo podríamos entenderlo?

Podemos seguir pensando en el amor humano. Es una imagen no perfecta, pero que todo el mundo entiende.

De hecho, las películas románticas nunca pasan de moda, porque reflejan como está hecho el corazón del hombre.

El amor es tan fuerte que constituye una Persona: Dios Espíritu Santo. El amor entre un hombre y una mujer es tan fuerte que engendran vida.

También el amor de un padre y una madre representa el amor de Dios. Quizá el amor de madre es el amor más fuerte que se da en esta tierra. Puede ser el más parecido al que Dios nos tiene: porque Dios es Padre y Madre a la vez.

El Señor, como buen Padre, está con nosotros todos los días, no nos deja (cfr. Mt 28,16-20: Evangelio de la Misas).

Por eso entendemos que san Pablo diga que podamos llamar a Dios como llaman los niños judíos a sus padres: ¡Abba! (Padre) (Rm 8,14-17: Segunda lectura).

LA VIDA INTERIOR DE DIOS

Decíamos que la Iglesia nos lleva de la mano para que nos sorprendamos ante este admirable misterio. Tres personas en la más estrecha unidad. Tres personas que se relacionan en una comunión de Amor.

Una Trinidad de Personas que dan y reciben perfectamente durante toda la eternidad. Se quieren para siempre y mucho. Así es la vida interior de Dios.

Qué bien se entienden las palabras de Benedicto XVI cuando dice: Dios no es soledad infinita sino comunión de luz y amor.

Ante un Dios así caemos de rodillas y, la Iglesia, nos recomienda que repitamos una y otra vez: Tibi laus, Tibi gloria, Tibi gratiarum actio in saécula sempiterna. O Beata Trínitas!

Con todas las fuerzas de nuestro corazón y de nuestra voz, te reconocemos, Señor, te alabamos y bendecimos.

San Josemaría, cuando rezaba el Sanctus, Sanctus, Sanctus de la Misa, disfrutaba pensando que miles de ángeles revoloteaban por ahí, cerca del altar, dispuestos a adorar a Dios.

EL CIELO EN LA TIERRA

Los santos, como querían tanto al Señor, han procurado también hacer como él: querer mucho también a sus enemigos.

Porque es más humano y más divino la comunión, la unión con los demás, que la lucha, la división y el egoísmo.

Dice San Pablo: tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros (2 Cor 13, 11-13).

DIOS NOS BUSCA

Somos sociables, necesitamos compartir. Eso es lo que hace Dios: busca compartir con los hombres todo su amor, le sale solo.

Así buscó a su pueblo elegido y lo sacó de las tierras de Egipto con brazo fuerte (cfr. Primera lectura).

Lo peor de todo es que el hombre rechaza ese amor con el pecado. Eso fue lo que les ocurrió a los judíos, que se hicieron un becerro de oro y se enemistaron con él.

La situación de amistad con Dios, que existía antes, en el paraíso, se rompió con el pecado. Adán y Eva quisieron hacerse como Dios y se alejaron de él.

SER COMO DIOSES

El hombre se convierte en más santo cuanto más se parece a Dios. Nos convertimos en imagen suya cuando comulgamos.

Dios se realiza entregándose. A nosotros nos pasa lo mismo. Uno se realiza plenamente cuando se entrega, no cuando se afirma a sí mismo. Esa es la Trinidad, y esa es la vida nuestra.

Una cosa es pecado no porque Dios, de manera arbitraria, declare que lo sea, sino porque destruye la verdad del hombre: que estamos hechos para los demás.

Gracias a María late un corazón humano en el interior de la Trinidad. Gracias al fiat de la Virgen se hizo hombre Dios. Para que nosotros participáramos de su vida divina.
Gracias a Ella somos humildemente dioses, porque contamos con nuestro Padre Dios y con la misma Madre.

martes, 26 de mayo de 2009

UNA AYUDA DEL CIELO



Dios tiene unos planes con cada persona, pero no los revela de golpe, va poco a poco. Tampoco a nosotros nos es fácil descubrirlos, porque el pecado nos impide ver con claridad su voluntad.

Si a esto añadimos nuestra tendencia a hacer el mal, resulta evidente que nos hace falta una buena ayuda. Por eso, Dios nos envió el Espíritu Santo para que nos guiara.

Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad (Jn 16,13) dijo Jesús.

EL ESPÍRITU SANTO ACTÚA.

El día de Pentecostés, el Espíritu Santo conmocionó a toda una ciudad. Fue algo prodigioso (cfr. Hch 2,1-11). Aquel día se armó un buen jaleo.

El Señor envió su Espíritu y literalmente renovó la cara, el ambiente de Jerusalén. Se convirtieron miles. Dios mostró su inmensa grandeza.

Dios Espíritu Santo, cuando se le deja, no para quieto. Hace y deshace, sugiere cosas que no van o que deberían ir mejor. Actúa en silencio, como el fuego. Pero, si le dejas, lo devora todo. En las profundidades de nuestra naturaleza caída, El está trabajando, sin saberlo nosotros. Sin saberlo nosotros, pero, quizá, no sin nosotros pedirlo.

-Llena lo más íntimo de nuestro corazón (Secuencia) y haz que ardamos en el Amor de Dios (cfr. Aleluya de la Misa).

DOS EJEMPLOS

En una ocasión, un sacerdote me aconsejó: cuando tengas la próxima plática con Primaria (6 años), prueba una cosa: que le pregunten al Espíritu Santo qué es lo que quiere de ellas, іya verás!

Yo tenía mis dudas de que aquello saliera, pero tampoco iba a pasar nada por probar. Les expliqué antes que el Espíritu Santo es el que nos dice las cosas que tenemos que hacer para irnos al cielo. Luego nos dimos 20 segundos para ver que nos decía.

Se armó una buena. Empezaron a levantar la mano. Algunas decían el clásico obedecer a mamá y comerse todo, pero una soltó, así, sin anestesia: tengo que pedir perdón a la seño porque he pensado mal de ella. La seño se reía, supongo que por no llorar. Y para que no llegara la sangre al río rezamos un avemaría y cada una a su clase.

En otra ocasión, predicando un curso de retiro, vino una persona contando que se le había ocurrido preguntarle al Señor lo que quería de ella. Se puso a apuntar directamente y le salieron 23 cosas en dos minutos, y todo de corrido.

¿CÓMO ACTÚA?

El Espíritu Santo actúa de una manera muy concreta: nos hace ver con claridad cosas que debemos cambiar. Si le hacemos caso, nos dice cosas nuevas. Sino, se retira y se queda callado.

Y no vuelve a decirnos nada hasta que no le pidamos perdón con insistencia. Es la manera que tiene de respetar nuestra libertad.

El Espíritu Santo "sirve" si le hacemos caso. Esto se nota mucho con la gente que se va a confirmar. Los que van a Misa y rezan notan la acción de Dios. Los que no, no. Por eso hay gente que piensa que lo de la confirmación tampoco es para tanto.

DEJARLE HACER

Para facilitarle las cosas lo mejor es pedirle que nos ayude. Para eso vamos a seguir la secuencia que se lee en la Misa de hoy.

Ven, Espíritu divino, mana tu luz desde el cielo (…) Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Sigue la secuencia hasta un párrafo donde se le piden varias cosas:

Lava quod est sordidum, lava lo que es inmundo. No solo son las tentaciones contra el sexto y noveno mandamiento. También se refiere a de pedirle que nos limpie de toda envidia que tenemos de los demás, de que les salgan las cosas mejor que a nosotros.

Lo sórdido es todo lo que nos avergonzaría que se supiera. También, cuando nos enfadamos porque alaban a una persona, eso es sórdido. O cuando, por rencor, no ayudamos a alguien, solo porque es una persona que no nos entra bien, eso es sórdido.

Riga quad est aridum, riega el suelo seco. Cuando decimos eso, no nos referimos solo a que empape nuestra alma seca y árida y haga de nuestra piedad algo fresco. También se trata de la sequedad y aridez en nuestra relación con las personas.

Como una especie de egoísmo que nos separa de los demás y que nos hace ir a lo nuestro. Le pedimos, ahora, que nos libre de ese egoísmo que crece en nuestro interior.

Sana quod est saucium, cura lo que está enfermo. A veces tenemos ciertas fobias o antipatías con determinadas personas, gente que no podemos ver por la manera que tiene de hacer las cosas o por como son.

Podemos tener guardadas cosas que nos han hecho y que no estamos dispuestos a perdonar. A veces, todo eso llega a formar parte de nosotros y, por decirlo así, no podemos evitarlo.

Justamente, como nosotros no podemos, le pedimos al Espíritu Santo que sane esas heridas ocultas.

Flecte quod est rigidum, doblega nuestra rigidez. Es la actitud rígida, de falta de comprensión ante los defectos de los demás. En vez de rezar, nos enfadamos. Le pedimos también que nos libere de esa reacción.

Fove quod est frigidum, calienta lo que está helado. A veces, tenemos una especie de torpeza mental para rezar y para hacer apostolado. Estamos paralizados como las personas mayores el los fríos duros del invierno.

Le pedimos que no estemos insensibles cuando estemos con el Señor como si fuéramos un mueble. Y en el apostolado, que hablemos de él con vibración, dando una imagen atractiva de Dios.

Rege quod est devium, endereza lo que está desviado. Hay gente que disfruta llevando la contraria a todo. Es algo que, con el tiempo, se puede convertir en una manía. Le pedimos que enderece exageraciones y complicaciones, que nos haga sencillos.

Madre nuestra, Esposa del divino Espíritu, que nos dejemos guiar, que le obedezcamos.

martes, 19 de mayo de 2009

LA ALEGRÍA DE LA HUERTA


Siempre me ha llamado la atención la paciencia que tienen las personas que trabajan en el campo. Son muy constantes, porque el campo necesita continuidad, pero van sin prisas. 

Un día, paseando por un camino de tierra, apareció una motillo con un señor mayor que nos pasó muy despacio. Salió del camino un poco más adelante, aparcó la moto debajo del único árbol que había, se bajó lentamente, se acercó a la huerta y se puso a darle un poco con la azada. 

A simple vista, parecía que lo que hacía no servía para nada. Lo increíble es que, cuando volvimos a pasar, de vuelta, el hombre seguía prácticamente en el mismo sitio. Eso sí que es paciencia. 

La gente que trabaja el campo es capaz de esperar, dejando tiempo a la naturaleza para que de fruto. Echan agua y abono y esperan, sobre todo espera. 

Te leo unas palabras de Santiago Apóstol: Mirad, el labrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y las tardías. 

Tened también vosotros paciencia (...) porque la venida del Señor está cerca (Santiago 5, 7-8).

DIOS ES EL QUE HACE CRECER

Dios todo lo gobierna. De él dependen los frutos de un naranjo. Hasta los males el Señor los utiliza para el bien, como el agricultor utiliza el abono. 

Dios mira a las personas como el campesino la tierra, con paciencia y serenidad. Podemos pedirle ahora, en nuestra oración: que yo vea con tus ojos las situaciones y las personas.

Has de ver las cosas, dice san Josemaría, con ojos de eternidad, “teniendo en presente” el final y el pasado (Camino, 837). 

LA ESCUELA DEL MAESTRO

Dios tiene una paciencia infinita con las personas y hace todo cuanto puede para ayudarlas.

Jesús estuvo mucho tiempo con los Apóstoles. Los Doce no hacían más que meter la pata. Él los corregía y los formaba. 

El resultado fue que le traicionaron. Humanamente no puede haber un final más trágico. Pero es que eso no fue el final.

Curiosamente, cuando el Señor se fue al cielo y ya no estaba con ellos, fueron mejorando. Dios Espíritu Santo actuó y les hizo santos. Y, los que parecían que no se enteraban de nada, gastaron y dieron su vida por él.

Más increíble todavía fueron los fariseos. Eran los que perseguían a Jesús en su paso por la tierra. Pues muchos fariseos se convirtieron al cristianismo con el paso de los años. De hecho fueron ellos los que provocaron el concilio de Jerusalén, donde se aclaró que no hacía falta circuncidarse para ser cristiano (gracias a Dios).

Y más impresionante fue lo que cuenta Caterina de Emerich de los que apresaron al Señor en el Huerto de los Olivos. Esos que le empujaron, maltrataron e insultaron, también se convirtieron.

-Señor, enséñanos a rezar, hacer todo lo que esté en nuestras manos y esperar. 

Rezar y hacer, sabiendo que es Dios quien hace las cosas. Yo planté, Apolo regó, pero Dios es quien ha dado el crecimiento (1Cor 3,6-7).

TENER PACIENCIA Y NO DESESPERARSE 

Sino se tiene esto claro entonces vienen las prisas para solucionarlo todo y, muchas veces, el cansancio o la tristeza cuando las cosas no salen como queremos.

El camino del cristiano, el de cualquier hombre no es fácil, dice san Josemaría. Ciertamente, en determinadas épocas, parece que todo se cumple según nuestras previsiones; pero esto habitualmente dura poco (Amigos, n.77).

Es importante saber que Dios está detrás de todo lo que ocurre. Quiere que todos los hombres se salven, a pesar de que tengamos también nuestro días.

CONFIANZA

Dios sabe por donde nos lleva. A veces nos hace conocer los adelantos interiores cuando quiere y como quiere. Otras vemos más nuestras miserias.

Lo mismo que el agricultor no pierde la serenidad al ver de un día para otro que aquello no crece, nosotros debemos confiar porque cerca, muy cerca está Dios. 

TIEMPO Y CALMA

Las almas necesitan tiempo para mejorar. Hay que confiar en Dios y actuar como él. Y el Señor tiene una paciencia infinita: continuamente perdona, da su gracia y anima.

Además, quien conserva la calma está en condiciones de pensar, de estudiar los pros y los contras (Amigos, n.79).

CONSTANCIA

Con las almas es fundamental la constancia. De una semana a otra. Procurar que no se rompa la frecuencia semanal. Esos son como los cuidados que exige el campo.

LA ALEGRÍA DE LA HUERTA

Actuando así, rezando y haciendo todo lo posible, se está sereno porque el fruto vendrá.

Convéncete: cuando se trabaja por Dios, no hay dificultades que no se puedan superar, ni desalientos que hagan abandonar la tarea, ni fracasos dignos de este nombre, por infructuosos que aparezcan los resultados (Surco, n.110).

Por eso entendemos ahora mejor las palabras de san Pablo: Gaudete in Domino semper: iterum dico: gaudete (Fil 4,4) vivid siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad contentos. 

іQué paciencia la de las madres! Un día y otro rezando por sus hijos y esperando que crezcan bien. La Virgen está siempre sonriendo. El Papa nos aconseja que busquemos sus sonrisa. Ella reza, actúa y espera, pero serena, siempre serena.

martes, 12 de mayo de 2009

ADORADORES DEL ESFUERZO



El Libro de los Proverbios recoge una serie de enseñanzas que son fruto de la experiencia de los hombres porque reflejan la vida misma.

Al tratar la vanidad, habla de las personas que se empeñan en hacer muchas cosas, una detrás de otra, pero que cuentan poco con Dios. 

Se esfuerzan lo más grande, pero al no contar con el Señor no tienen todo el fruto que deberían y, humanamente, lo pasan mal y se lo hacen pasar mal a los demás. 

Por eso dicen los Proverbios: ¿Qué le queda a aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol?

Pues todos sus días son dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa. También esto es vanidad.

Detrás de esta enseñanza hay mucha experiencia porque puntualiza mucho. 

LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA

Teóricamente sabemos que Dios es quien hace las cosas. Eso lo hemos predicado y aconsejado muchas veces, y lo seguiremos haciendo porque es la realidad.

Pero, luego, en la práctica actuamos como si eso fuera relativo. No falso sino relativo.

Creemos firmemente que la gente responde por las cosas que les decimos o que las cosas salen adelante por nuestro esfuerzo infinito, no tanto por la gracia de Dios. Por supuesto que hay que contar con ella, pero sobre todo, lo importante es moverse.

Las personas así actúan como diciendo: hay que obedecer a Dios, lo quiera Dios o no. Lo importante es tirar del carro apretando los puños y los dientes, ir hacia adelante pase lo que pase y caiga quien caiga. El Señor, en la práctica, cuenta más bien poco. 

UNA CONCIENCIA TRANQUILA

Todo el mundo busca tener la conciencia tranquila. Es lógico porque se vive mejor sin remordimientos.

Lo interesante es descubrir qué es lo que nos tranquiliza la conciencia. Para muchos, lo que más les tranquiliza es tener todo hecho y no fallar. Además, así se consigue también que los demás piensen bien de nosotros. 

Y, cuano fallan o no se llega a todo, pierden la tranquilidad e intentan por todos los medios resolverlo sin contar mucho con Dios.

CUMPLIR POR CUMPLIR

Las personas así luchan para hacer todo bien y poder dar cuenta positiva de lo que hacen. No se paran a pensar si todo eso les une más a Dios o no. 

Buscan cumplir con lo teóricamente establecido, da igual de lo que se trate, ya puede ser hablar con una persona, acompañar a alguien, cambiar una bombilla o ir a Misa. Por encima del amor a Dios está la tranquilidad del deber cumplido. 

ADORADORES DEL ESFUERZO

Debemos tener siempre presente que la mayoría de las cosas buenas que tenemos son regaladas. Pero, los hombres, inconscientemente, tendemos a valorar solamente lo que hace cada uno. 

Un hombre tenía un hijo muy laborioso y bueno: ese muchacho se levantaba con el alba y trabaja de sol a sol. Pero la tierra que cultivaba era mala y no disponía de más instrumentos de labranza que un burro viejo y achacoso, que más que ayudarle le daba trabajo.

Estando el padre de viaje, llegó a la casa el Rey del país. Pero no lo reconocieron porque llevaba vestiduras normales, y hablaba como ellos, pero un poco más culto.

Como la familia era muy buena lo invitaron a cenar, y a que descansara esa noche. El Rey pudo enterarse de los apuros económicos que pasaban, de la falta de instrumentos adecuados, y de lo mucho que se esforzaban todos en aquella casa. 

El Rey se enterneció al oír sus preocupaciones. Se compadeció y, antes de marcharse, les dejó lo más valioso que llevaba a mano, un anillo con un brillante. Pensó el Rey que con aquello podrían comprar aperos de labranza y material para la despensa, y hacer el arreglo del tejado. 

Al cabo de unos días volvió el padre, y le hablaron del forastero que habían tenido alojado. Y le enseñaron el anillo que les dejó, en agradecimiento.

El padre de familia lo examinó detenidamente, estudió la piedrecita, y tiró el anillo a las gallinas, mientras con mucha sabiduría dijo: —Hijo, nada que no se consiga con esfuerzo puede ser bueno. 

Sin lugar a dudas en el siglo XX, hubo muchos adoradores del esfuerzo, que no necesitaron de Dios. Para la salud tenían medico especialistas, para el confort el estado de bienestar. Pero queda el alma... Para el alma estaban los psiquiatras. 

VIVIR EN TENSIÓN, CON OJERAS Y DE LOS NERVIOS.

Una vida así es poco apetecible. Se vive en continua tensión, sin paz para uno mismo ni para los demás. Para conseguir unos objetivos son capaces de dormir poco y sufrir como nadie pudo haber sufrido antes. 

Se exigen y exigen tanto que parece cosa inhumana. No descansan ni dejan descansar. Buscan tanto lo humano que la propia persona se hace inhumana. Al ser tan poco sobrenaturales, su fruto es la ineficacia.

Pretenden que todo el mundo siga su ritmo. Hay quien lo aguanta una temporada, otros no. Y si alguien no entiende que haya que seguir ese ritmo, entonces se escandaliza y se enfada.

Si la que no lo entiende está por debajo de ella, no le hace caso y ya está. Pero si está por encima, la critica y llega a la conclusión de que no la entienden.

Se ponen nerviosas si las cosas no salen como ellas piensan. Y es muy raro que cedan. Si lo hacen es porque no queda otra.

Nunca están contentas con lo que tienen. Y nunca lo estarán, porque cada persona es distinta, y no lograrán que sean como ella, por eso se quejan y protestan con frecuencia.

Como no tienen rectitud, un comentario favorable las traslada al olimpo de los dioses. Y uno desfavorable las hunde en la miseria. Viven de comentarios tipo: fíjate ésta qué sacrificada es, así da gusto. 

Se sacrifica, en parte, para que alguien se de cuenta. Y, por si acaso y para amarrar, lo van diciendo por ahí y así no hay duda de lo que le cuestan las cosas. 

CALIDAD DE VIDA

Si una persona está en tensión, no duerme, se enfada mucho, se agita y no es feliz, tiene ojeras y está de los nervios, la solución no es el suicidio sino contar más con el Señor. Porque, en el fondo desconfían de todo lo que no sea propio, también de Dios.

El Señor ayuda a los necesitados. A los no necesitados también les ayuda, pero estos echan los regalos de Dios a las gallinas.

No se dan cuenta de que, si cuentan con el Señor, además de haber fruto, van a mejorar bastante su calidad de vida.

Por eso, sigue diciendo el Libro de los Proverbios: No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas. 

Yo veo que también esto viene de la mano de Dios, pues quien come y quien bebe, lo tiene de Dios.

Todo lo bueno depende de Dios, también la bondad y calidad de una vida.

Porque a quien le agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; más al pecador, da la tarea de amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios (Prov 2,22-26).

CONTAR CON DIOS

Vale la pena, hasta humanamente, contar con Dios. Y mucho más cuando Jesús está continuamente a nuestro lado para echarnos una buena mano con su gracia. Sería absurdo no utilizar la ayuda qe quiere darnos en cada momento. ahora mismo está con nosotros. 

Porque ha hecho cosas grandes e mí. Pidámosle a nuestra Madre que nos fiemos más de Dios, que contemos más con él. Que le dejemos hacer porque, además, así se vive mejor.

FORO DE MEDITACIONES

Meditaciones predicables organizadas por varios criterios: tema, edad de los oyentes, calendario.... Muchas de ellas se pueden encontrar también resumidas en forma de homilía en el Foro de Homilías