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lunes, 5 de enero de 2009

HA NACIDO UNA ESTRELLA

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Unos magos se presentaron en Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, que según pensaban acababa de nacer, porque habían visto su estrella.

«Vidimus stellam eius in oriente» dice el texto bíblico (Mt 2,2: Evangelio de la Misa). Y la liturgia de la Iglesia traduce: «Hemos visto salir su estrella». 

Se traduce «in oriente» como «al salir», o «al nacer». Hemos visto su estrella «al nacer», porque «oriente» no es sólo un lugar de la tierra, oriente también indica «nacimiento», lo mismo que occidente es el declive o muerte.

UNA ESTRELLA

Algunos también hemos visto cómo la estrella de Dios nacía en nuestro corazón. Nos acordamos ahora de esos momentos en los que vimos brillar la llamada. Nos dimos cuenta de que no eran casualidades lo que nos estaba sucediendo: y como siempre el Señor nos exigió fe para lanzarnos y ponernos en camino. 

Te cuento una historia: los profesores y la gente que le conocía en su pueblo –y más tarde en la Ciudad– le habían dicho que le veían para el sacerdocio. «Pero él siempre se había resistido» a pensar en eso.

De todas formas a ese chico, una idea le rondaba en la cabeza: en los caminos de Dios no hay nada parecido a la mera coincidencia.

Huérfano antes de la mayoría de edad; sus cualidades intelectuales; las dificultades que había padecido; su inclinación a la oración; la gente que había influido en él.

Todo esto no se trataban de incidentes aislados en su vida, sino de postes que le indicaban un camino, que llevaba directamente hacía lo que Dios quería de él.

Durante la primavera y el verano de 1942 creció en su interior la convicción de que había sido elegido, y de que ante esa elección sólo podía existir una respuesta.

Había tardado un año y medio en madurar esa decisión, lo que quiere decir que tuvo lugar en su interior una intensa lucha antes de decidirse.

Pasado el tiempo se refería a aquellos años, como un proceso de gradual clarificación o «iluminación interior».

Como ya os habréis dado cuenta este chico se llamaba Karol Wojtyla.

UNA LLAMADA 

También algunos de nosotros hemos recibido ya esa iluminación de Dios. Notamos aquella llamada de Jesús: «venid». Y dejamos todas las cosas para seguirle: igual que los Magos. 

Se cuenta que un pensador ruso, que pasaba por una etapa de cierta crisis interior, decidió ir a descansar unos días a un monasterio. 

Allí le asignaron una habitación que tenía en la puerta un pequeño letrero en el que estaba escrito su nombre. 

Por la noche, no lograba conciliar el sueño y decidió dar un paseo por el claustro. A su vuelta, ese encontró con que no había suficiente luz en el pasillo para leer el nombre que figuraba en la puerta de cada dormitorio. 

Fue recorriendo el claustro y todas las puertas le parecían iguales. Por no despertar a los monjes, pasó la noche dando vueltas por el enorme y oscuro corredor. 

Con la primera luz del amanecer distinguió al fin cuál era la puerta de su habitación, por delante de la que había pasado tantas veces, sin reconocerla. 

Aquel hombre pensó, que todo su deambular de aquella noche era una figura de lo que los hombres nos sucede con frecuencia en nuestra vida. 

Pasamos muchas veces por delante de la puerta que conduce al camino que estamos llamados, pero nos falta luz para verlo.

Tantas veces nos ocurre esto a nosotros, que nos falta oración para ver con claridad. Pero no sólo es cuestión de que tengamos luz. 

El Señor le mandó la estrella a los Magos pero ellos tuvieron que tomar una decisión, y cambiar los planes que tenían hasta ese momento.

Esto es lo que han hecho todos los santos: pues para seguir al Señor hay que tener cintura, cambiar los esquemas, no aferrarse a lo que ya hacemos, a nuestros proyectos.

CAMBIO DE PLANES

Poco tiempo después de ser elegido, Benedicto XVI «nunca pensé en ser elegido Papa ni hice nada para que así fuese. 

Cuando, lentamente, el desarrollo de las votaciones me permitió comprender que, por decirlo así, la “guillotina” caería sobre mí, me quedé desconcertado. 

Creía que había realizado ya loa obra de toda una vida y que podía esperar terminar tranquilamente mis días. Con profunda convicción dije al Señor: ¡no me hagas esto!»

Se ha escrito que no era algo nuevo en la vida de Joseph Ratzinger. Un día de 1977 recibió la visita del Nuncio: 

«charló conmigo de lo divino y de lo humano y, finalmente, me puso entre las manos una carta que debía leer en casa y pensar sobre ella. 

La carta contenía mi nombramiento como arzobispo de Múnich y Frisinga. Fue para mí una decisión inmensamente difícil. Se me había autorizado a consultar a mi confesor. 

Hablé con el profesor Auer, que conocía con mucho realismo mis límites tanto teológicos como humanos. Esperaba que me disuadiese. Pero con gran sorpresa mía, me dijo sin pensarlo mucho: “Debe aceptar”. 

Así, que después de haber expuesto otra vez mis dudas al Nuncio, escribí, ante su atenta mirada, en el papel de carta del hotel donde se alojaba, la declaración donde expresaba mi consentimiento»

Joseph Ratzinger había elegido una vida de estudio, pero Dios le llevó por otros caminos, pues después de este cambio de planes vino otro, en 1981, cuando fue llamado a Roma por Juan Pablo II para presidir la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Como en el caso de los Reyes Magos, el Señor nos pide cosas curiosas. Cada etapa de nuestra vida tiene su cierta originalidad.

Por ejemplo lo de seguir una estrella tiene mucho de poético, pero en realidad no deja de ser pintoresco. 

DIOS JUEGA

podía haberlos avisado a través de un ángel, así cosa hubiera sido menos problemática, y con un grado de más certeza. 

Ayer leía en el periódico que en una ciudad española querían poner en los autobuses el siguiente anuncio: «Probablemente Dios nos existe. Deja de preocuparte y goza de la vida».

Algunas personas cuando desgraciadamente han perdido la amistad con Dios, intentan olvidarse de Él. 

Y Dios no les deja que le olviden, porque todo en su creación sigue gritándoles: «Dios existe». 

Esto nos recuerda esa escena impresionante del tercer capítulo del Génesis, en que Adán y Eva, después de caer en el pecado de desobediencia, intentaron huir de la presencia de Dios, ocultándose entre los árboles del Paraíso. 

Y, por supuesto, eso no les dio resultado. No pasa mucho tiempo antes de que se oiga la voz del Señor que dice: «Adán, ¿dónde estás?». 

Dios se comporta con nosotros como las personas mayores con los niños: como si jugara al escondite con nosotros. 

Esa historia del Génesis es una imagen de lo que realmente sucedió; porque Dios está en todas partes y lo ve todo; realmente no tiene que ir buscando a la gente entre los arbustos, como tenemos que hacer nosotros cuando la gente se esconde. 

Pero la mejor manera de explicárnoslo a nosotros para que entendiéramos lo que pasó tras la caída del hombre, es esta imagen que la Biblia nos da:

Un Dios eterno, que nos trata como la gente mayor trata a los niños, jugando.

Jugando, cuando se encuentra a la persona que se ha escondido. Le toca a la otra persona, que había estado buscando, esconderse; y Dios sigue las reglas del juego. El hombre ha intentado esconderse de Dios y Él le ha encontrado. 

Ahora Dios se ha escondido y al hombre le toca intentar encontrarle. 

Dios vino y se escondió bajo el aspecto de un Niño pequeño, recostado en su Madre, en una oscura cueva, en una ciudad insignificante llamada Belén. Allá en la Judea. 

Fue una forma de esconderse. Y como nosotros los hombres somos limitados, tuvo miedo de que fuésemos demasiado inútiles para encontrarle, e hizo lo que hacen las personas mayores en esas ocasiones: se asomó. 

Nos dejó pistas por todos sitios. Ése fue el papel que tuvieron los Profetas. «He aquí que una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo... Y tú Belén, tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los clanes de Judá... El buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su amo... Una rama brotará de la raíz de Jesé –Jesé fue el padre de David– y así una flor brotará de esa raíz».

Esas pistas son las que nos prepararon para ir a buscar a un Niño, nacido de la familia de David, en Belén.

«Adelante» dirían los Profetas, «te estás acercando». Entonces una estrella apareció a los Magos de Oriente y esto mejoró aún las cosas. «Adelante», diría la estrella, «te estás acercando aún más». 

Un ángel se apareció a los pastores y les habló de un Niño que yacía en un pesebre, y esto hizo que fuera facilísimo. «Adelante», dijo el ángel, «casi estás allí». Y así se reveló el secreto.

Hemos de dejar a Dios que juegue con nosotros, que nos haga descubrir su voluntad de la forma que Él quiera.

En este caso fue poco racional, si lo miramos humanamente hablando. Pues si Dios quería que unos Magos le adoraran,

DEJARSE LLEVAR 

Pero el Señor tiene sus planes, que muchas veces están concadenados unos con otros: tenían que enterarse unos sabios en Jerusalén y el Rey Herodes. 

Había que probar la fe y la esperanza de unos hombres piadosos... Cosas que tiene Dios para funcionar con los hombres: juega a varias bandas... lo que tenemos que hacer nosotros es dejarnos llevar.

Eso hicieron los magos, y por eso «vieron al niño con María, su madre».


domingo, 6 de enero de 2008

FIESTA DE MAGOS

Hoy, 6 de enero, es la fiesta de Magos. Eso es lo que dice la Sagrada Escritura, que aquellos hombres eran magos.

Ahora están de moda los magos. El libro más conocido es el de Harry Potter. Allí, a los que no son familia de magos les llaman sangre sucia. Resumiendo mucho, se trata de la historia de un niño, Harry Potter que es perseguido por un mago malo, que se enfrenta con él y le hiere dejándole una cicatriz. Esa cicatriz le recordará al maligno su fracaso porque no pudo derrotar a Harry.

También la Navidad tiene su magia. En este tiempo celebramos que nuestro Señor se aparece a nosotros: se presenta silenciosamente en un portal.

Siempre está cerca de nosotros. Sin ir más lejos, toda la creación nos grita su presencia y su amor. Pero se esconde porque no quiere forzar nuestra libertad, obligarnos a que confiemos en Él.

Como cantaba el poeta, diciéndole al Señor: –¿A dónde te escondiste, mi Amor, y nos dejaste?

Ya sabemos que los magos aparecen y desaparecen. Cuando hablamos de ellos hablamos de sus trucos de magia. Un buen mago sabe cómo hacer aparecer y desaparecer cosas y personas.

Hoy celebramos que Dios «se nos ha aparecido». Epifanía significa «hacerse presente».

El libro del Génesis cuenta como Adán y Eva, después de cometer el Pecado original intentaron ser autónomos, y esconderse de la presencia de Dios.

Pero les duró poco, porque Dios se paseó por donde se ocultaban y les preguntó: Adán, ¿dónde estás?

Somos criaturas suyas y se comporta con nosotros como cualquier padre con su hijo: Él nos conoce y nos sorprende continuamente.

Al ser humano le apasiona el juego, como a los niños el circo. Y Dios se comporta como un ilusionista. Dios se esconde, porque es un Dios absconditus.

El Creador del universo es un niño tan débil que parece que se envuelve entre pajas por su fragilidad. Dios es un Niño pequeño.

En casa de mi madre trabajaba una chica musulmana. Y le intentaba explicar el cuadro de la Virgen con el Niño que, como buena católica, tiene en su cuarto. Y la chica musulmana le decía: –Pero Dios no tiene Madre, es grande.

Pues, entonces ¿qué estamos celebrando estos días de Navidad?

–Y la chica respondía: pero Dios es uno.
Y mi madre me comentaba: –y ahí quedó la cosa. Y conociéndola entendí: por el momento.

Efectivamente Dios es uno, pero ha querido revelarnos, que también es Hijo, ha querido hacerse hombre, naciendo de una Virgen.

Y en Navidad lo contemplamos siendo Niño, escondiendo su grandeza. Dios está acostado en un pesebre, en una ciudad insignificante llamada Belén, en Judea.

En la primera lectura de la Misa de hoy dice Isaías: «Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti».

Parece como si nos contará lo que va a suceder. Es como un juego: ahora hay tinieblas, pero luego el Señor sacará luz de la oscuridad. Como si Dios diera un golpe de efecto, sacando de su chistera cosas que no había.

Así Dios juega con nosotros, nos va dando pistas a través de los Profetas: «
He aquí que una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo...

Y otra pista: Y tú Belén, tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor...

Y otra cita que parece un acertijo: El buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su amo... Y otra pista más: Una rama brotará de la raíz de Jessé –Jessé fue el padre de David– y así una flor brotará de esa raíz».

También en nuestra vida va dando pistas. Podemos aprender de la magia de Dios. En realidad todos podemos ser un poco magos, todos podemos «descubrir ese algo santo» que, en el fondo, es el truco final de nuestra vida. Ese algo santo que está escondido para los que no han sido purificados por la «sangre limpia» de Jesucristo.

Dios se oculta en la Eucaristía. Los que no son cristianos no descubren el poder que tiene la sangre de nuestro Señor.

Precisamente la palabra «santidad» en griego, viene de «a-gios»: limpieza; y en latín de «sanguine tinctus: sanctus». «Teñido de sangre».

La «sangre limpia» de nuestro Señor, oculta en la Eucaristía, hace que nosotros descubramos la estrella de nuestra vida.

A las personas que comulgan con frecuencia les sucede que, sin saber porqué, van descubriendo a Dios en todo lo que hacen, y también mejoran en todos los campos como por arte de magia porque no tiene mucha explicación tanto cambio. Es el truco de la gracia de Dios que les toca de lleno.
En la vida de los Magos por un momento la estrella desapareció. Y volvió a aparecer de nuevo, como si Dios hiciera un truco. Y los Magos al verla de nuevo se sonrieron, como si aplaudieran.

En nuestra vida también sucede a veces que dejamos de ver la estrella aunque nuestra intención es de seguirla. Perdemos la ilusión que hemos podido tener por las cosas de Dios.

El Señor juega con nosotros. La vida es un juego en el que nosotros intervenimos. A veces Dios arregla las cosas a su manera, tiene salidas sorprendentes porque juega, no contra nosotros sino con nosotros, es de nuestro de equipo.

Por eso no nos debe preocupar cuando las cosas no salen según habíamos previsto.

A veces, parece que se esconde, que está callado, en silencio. No hay que preocuparse porque vuelve a aparecer siempre. Y utiliza efectos especiales como la estrella.

Muchos vieron en Jesús a un niño semejante a los demás. Los Magos, en cambio supieron ver en él al Niño, que vencería al Maligno con el amor: y así lo hizo con su cicatriz en forma de cruz.

Al reconocerle le ofrecieron sus presentes, los dones más preciosos del Oriente. También nosotros podemos ofrecerle nuestros dones más mágicos: la fe, la esperanza y la caridad.

Estos son los regalos que más le gustan, pues Él, aun siendo el Señor, no los posee: tiene necesidad del oro de nuestra fe, para comprar almas, y así extender su reinado. Tiene necesidad de nuestra esperanza, que es el incienso que necesita como Sacerdote, la oración humeante que une la tierra con el cielo. Tiene necesidad de nuestro amor.

Un acto de fe, es un tipo de magia por la que los misterios de Dios se nos hacen presentes.

¡Qué fuerza tiene un acto de fe! Que es capaz de traer a Dios sobre el altar.

¡Qué agradable es el incienso de nuestra esperanza, capaz de llegar al trono de Dios!

Pero nuestro amor es tesoro más precioso. Dile: Señor, te quiero, auméntanos la esperanza y la fe.

El oro de nuestra fe, que cree en la realeza de ese Niño.

El incienso de nuestra esperanza, que es el buen perfume que notan los que nos tratan; y la mirra de nuestro amor, que es bálsamo para aliviar el sufrimiento de los demás.

La fe nos hace ver de repente las cosas de distinta manera. La esperanza transforma las situaciones más problemáticas en optimismo. Y la caridad hace que los esfuerzos mayores parezcan que no son para tanto.

Como siempre, Herodes, «quien–no–debe–ser–nombrado», intentó engañar a los Magos, pero ellos se escabulleron por arte de magia.

Buen ejemplo para nosotros que debemos utilizar la magia de Dios –fe, esperanza y caridad– para vencer al Maligno.

Allí está la Virgen para recoger nuestro oro, el incienso y nuestra mirra, y ponerlo todo cerca del Niño para que lo vea.

Ella es la que le lleva al Señor nuestras cosas buenas. Como Madre saca de la manga todo lo nuestro que hace sonreir al Niño.

Tú eres nuestra Estrella Mar, Estrella de Oriente, que surge cuando te necesitamos.


Antonio Balsera e Ignacio Fornés

FORO DE MEDITACIONES

Meditaciones predicables organizadas por varios criterios: tema, edad de los oyentes, calendario.... Muchas de ellas se pueden encontrar también resumidas en forma de homilía en el Foro de Homilías