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lunes, 7 de diciembre de 2009

INMACULADA CONCEPCIÓN


Como sabéis Inmaculada Concepción es una de las celebraciones más importantes de la Virgen.

Por eso nos hemos estado preparando con una novena. Y ya ha llegado el día grande.

En 1854 el Papa Pio IX quiso definir como dogma de fe que la Virgen fue concebida sin pecado original.

NACIÓ SIN PECADO GRACIAS A JESÚS

En previsión de los méritos que iba a alcanzar su Hijo, Jesús, Ella se vio libre del pecado.

En el libro del Génesis, que hemos leído en la Primera lectura (3, 9-15.20), vemos como Dios anuncia ya algo de este privilegio.

El Señor le dice a la serpiente:

–pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú intentes herirla en el talón.

Por eso a la Virgen Inmaculada se la suele representar con la serpiente a sus pies.

Porque María no tuvo parte con el demonio, y gracias a su humildad pisó la cabeza del soberbio satanás.

Gracias a su humildad venció.

Por eso el título con se llama a sí misma es Esclava del Señor, y precisamente por eso Dios la llenó de gracias.

EL TRIUNFO DE LA INMACULADA

Muchos cristianos durante siglos ya creían en este privilegio de la Virgen.

Granada es junto con Sevilla una de las ciudades del mundo donde más existía esta creencia antes de que la Iglesia lo definiera como verdad de fe.

Aquí en Granada está el templo más antiguo dedicado a la Inmaculada Concepción.

Muchos granadinos hicieron voto de sangre por defender este privilegio de María.

Se comprometían a llegar a sufrir derramamiento de su propia sangre, si esto hiciese falta, para que María fuese considerada la Purísima.

Defendiendo que a Ella no le había rozado el Pecado original.

Esta promesa la hacían –entre otros– los antiguos alumnos de la Abadía del Sacromonte. Que tienen como lema en su escudo: A María no tocó el pecado primero

Y a dos pasos de aquí hay un monumento que simboliza precisamente esta fiesta: es el triunfo, el triunfo de la Inmaculada.

Antes de que fuera definido por la Iglesia los granadinos y sevillanos, pensaban así.

Por eso en la capital de Andalucía se armó mucho revuelo porque un fraile llamado Molina, dijo desde el púlpito de la iglesia de Regina que María no Inmaculada.

Y en Sevilla se inventaron una copla que decía:

Aunque no quiera Molina
ni los frailes de Regina,
ni su padre provincial
María fue concebida
sin pecado original.

Pues a partir de lo que definiera el papa Pio Nono ya lo tenemos que creer todos los cristianos.

PIONONOS

Y en Granada la declaración del dogma de la Inmaculada se vivió con tanta alegría, que un pastelero de Santa Fe, se inventó un dulce que se ha hecho famoso.

Los piononos se hicieron en agradecimiento al Papa que había declarado esta verdad de fe.

Hoy es un día de para todos los cristianos. Porque María es nuestra Madre y nosotros queremos hacerle algún regalo como le hicieron nuestros antepasados.

Pienso que lo que más le puede gustar a nuestra Madre, la Mujer humilde que pisó la cabeza del Maligno es que nos confesemos semanalmente.

Que vayamos al sacramento de la Penitencia para que el Señor nos aparte del mal.

Y otra cosa que le puede gustar es que todas las noches le recemos las tres avemarías, pidiendo nuestra pureza de alma y de cuerpo.

Así nos pareceremos cada vez más a la Inmaculada, Madre de Dios y madre nuestra.


miércoles, 6 de mayo de 2009

LA VIRGEN


SU ÚLTIMA VOLUNTAD

El testamento de Jesús, su última voluntad para nosotros fue darnos a su Madre. Escribe san Juan:

Jesús viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su madre: "Mujer, he ahí a tu hijo". Después dice al discípulo: "He ahí a tu madre" (19,26-27).

Las palabras del Señor no pueden ser más claras. La Virgen es Madre de Dios y Madre nuestra. 

HACERLE CASO

Dice el Evangelio que el joven apóstol, desde aquel momento la recibió en su casa. Le hizo caso. Trató a María como si fuera su madre. Vivió como hijo suyo, y empezó una forma de vida maravillosa.

Nosotros ¡qué poco caso le hacemos a veces! Sin embargo, ella nunca nos deja solos. Somos nosotros los que nos olvidamos. ¡Cuántos propósitos nos hemos hecho para tratarla más! 

En una plática un niño preguntaba:
¿Por qué la Virgen se aparece tanto y Jesús tan poco? Y otro le respondía: porque Jesús está con nosotros y no le hace falta aparecerse.

Con la Virgen a lo mejor nos puede ocurrir que nos resulte más difícil verla porque no la tenemos aquí como está Señor. 

Quizá, por eso existen muchos días del año que son fiestas suyas, meses dedicados a ella, octubre y mayo, incluso años enteros. Todo para que nos propongamos una y otra vez hacerle más caso, sin cansarnos.

Vamos a aprovechar este mes de mayo para tratarla más. Tenemos la ayuda del Señor para dar un salto en el trato con nuestra Madre.

NO ES SENTIMENTALISMO BARATO

Buscar la sonrisa de María no es sentimentalismo, dice el Papa. Es lo normal en una relación profundamente humana con ella (cfr. BXVI homilía en el Santuario de Lourdes, 15-IX-2008).

Tenemos que vivir como lo que somos, como personas que tienen corazón, y por eso nos hace falta dar cariño a María.

El trato con la Virgen es algo muy importante para la vida interior. Es una pieza clave. Es la garantía de que aquello tiene buena pinta. Dicen los teólogos que la devoción a María es signo de predestinación. 

-Señor quieres acercarnos a ti a través de ella, es al camino más corto.

Me acuerdo un día que, hablando con una persona, decía: yo soy más de tratar a Jesús. Justamente, le respondí, para eso necesitas a su madre.

LA EFICACIA DE LA VIRGEN

Los santos han sido siempre muy marianos. ¡Cómo iban a hacer otra cosa si lo dijo el mismo Dios!

San Josemaría expresa su propia experiencia al escribir: El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima (prólogo Sto Rosario).

Podemos decirle a nuestra Madre como hacía en una ocasión el Papa: muéstranos a Jesús. Y ella responde con el Niño en brazos. Así nos facilita acercarnos a él (cfr. BXVI, homilía en el santuario de Mariazellen 8-IX-2007).

MANO DE SANTO

Todos nos damos cuenta de muchas cosas que no van en nuestra vida: pereza, vanidad, faltas de fortaleza, rezamos poco, problemas con gente, enfados, etc. 

Nuestro peligro es querer luchar a brazo partido, teniendo como tenemos a María que es la solución a todo, un camino que tiene todas las ventajas.

¿Cómo no vamos a amar a la Madre de Dios, que es Madre nuestra?, dice san Josemaría, ¡Si además la necesitamos! Yo la necesito. Como un niño pequeño, cuando tiene miedo a la oscuridad de la noche, grita: ¡mamá!; así tengo yo muchas veces que clamar con el corazón, sin ruido de palabras: ¡Madre!: mamá, no me abandones.

-Muestra que eres nuestra Madre.

EL CARIÑO EXIGE ESFUERZO

-¿Quieres amar a la Virgen? Dice san Josemaría, –Pues, ¡trátala! ¿Cómo? –Rezando bien el rosario de Nuestra Señora (Sto Ros, prólogo). Es un propósito muy concreto.

No se trata de querer a la Virgen haciendo cosas imposibles o yéndose lejos a santuarios que estén a miles de kilómetros. Se trata, más bien, de hacer un viaje interior cada día para ponernos más cerca de ella cada vez. Eso, que es cariño, exige esfuerzo.
Esfuerzo en mirar los cuadros de la Virgen y acompañar esa mirada con una jaculatoria. Esfuerzo en buscarla.

San Josemaría cada vez que la miraba expresaba el fondo de su alma. Y, a veces le salían eran miradas dolorosas, o agradecidas, o suplicantes, según las circunstancias, pero siempre esas miradas eran expresiones de verdadero amor.

Nos podemos preguntar ahora como aconseja el Prelado del Opus Dei: ¿en qué puedo mejorar al mirar las imágenes de nuestra Madre? ¿Cómo saborear cada Avemaría, la Salve, el Regina Coeli?

Podemos también llevar en la cartera o en el bolso una imagen de la Virgen para tenerla siempre muy presente.

Benedicto XVI comentando el salmo 44, dice cuando el salmista dice“los más ricos del pueblo buscan tu sonrisa (44, 13) se está refiriendo a la Virgen. Y sigue diciendo: los cristianos han buscado siempre la sonrisa de Nuestra Señora (…). Este sonreír de María es para todos. 

Al final de la oración le decimos al Señor: Te pido ayuda para ponerlos por obra. Como respuesta a esta petición nos da a su Madre. Esa es la herencia que nos deja, su testamento: he ahí a tu Madre.

Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Estrella del mar brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.




domingo, 30 de noviembre de 2008

NUESTRA MEJOR ARMA (INMACULADA CONCEPCIÓN)

Después del pecado original, cuando Dios se dio cuenta de que el diablo había engañado a Eva, castigó a la serpiente y la maldijo: «Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida» (Gen 3, 9-15.20: Primera lectura).

Pero, como Dios es nuestro Padre, no se enfadó con Adán y Eva, ni los dejó abandonados a su suerte. Quiso protegerlos contra Satanás y les dio alguien que los defendiera de nuevos ataques.

Por eso le dijo al tentador: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te herirá en la cabeza».

Nos puso a alguien capaz de combatir al maligno, de vencerlo. A través de esa mujer, de María, nos vino la victoria porque nos trajo a Jesús (Sal 97 1.2-3ab.3cd-4: Salmo Responsorial).

Efectivamente dio a luz a un Hijo que fue grande, llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios, dice la Escritura, le dio «el trono de David, su padre, y reinará sobre la descendencia de Jacob por siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc 1, 26-38: Evangelio de la Misa).

San Pablo nos dice que Dios, antes de crear el mundo, contaba con nosotros para que «fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia» (Efesios 1, 3-6.11-12: Segunda lectura).

O sea que, a pesar del pecado original y de nuestros pecados personales, el Señor nos quiere limpios, santos.

Para conseguirlo no estamos solos, Ella nos ayuda. Como es la llena de gracia, cuenta con todas los medios para vencer al enemigo. Es la Purísima, la Inmaculada, nuestra mejor arma. Satanás nunca pudo ni podrá jamás nada contra Ella.

Desde siempre se ha creído que a la Virgen no le tocó el pecado primero. Así se ha dicho desde antiguo. Y aparece en más de un escudo de las ciudades que habían hecho la promesa de defender el dogma de la Inmaculada Concepción.

Incluso los estudiantes de la época hacían un juramento para defender con su vida esta verdad, antes de que se promulgara el dogma en 1854.

Desde siempre lo hemos tenido claro y le hemos dicho: Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres (Aleluya de la Misa)
No solo rebosa de gracia humana, sino que está llena de Dios. Es la gratia plena porque dijo en todo que sí al Señor. Para conseguir nosotros llenarnos de gracia necesitamos su ayuda.

Se la pedimos directamente a Dios: Tú que has querido culminar en María la plenitud de la gracia, concédenos ser reflejo de su hermosura inmaculada.

Lo mismo que una niña se parece a su madre en la manera de andar, de hablar o de peinarse, tanto que incluso, a veces, pueden decirle: ¡Eres igual que tu madre!, ahora le pedimos a Dios que seamos iguales a nuestra Madre del cielo.

Como todas las cosas bonitas tienen muchos nombres, fruto del saber popular, también a la Inmaculada se la conoce como La siempre entera. Así la llamaba un conocido santo de estas tierras granainas. El pecado divide al hombre y lo separa de Dios.

A Ella nunca nada le ha separado de la Trinidad. Por eso, acudir a su intercesión nos une con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por esta razón le pediremos en la Misa que los que se han alejado del camino, por intercesión de la Virgen, refugio de pecadores, se conviertan y obtengan el perdón de sus culpas (cfr. Oración de los Fieles).

–Señor, así como a Ella la preservaste limpia de toda mancha, guárdanos también a nosotros limpios de todo pecado (Oración sobre las Ofrendas).

Nosotros, en una fiesta como la de hoy, podemos mirar a María para llenarnos de esperanza en la lucha.
De la Virgen se cantan grandes cosas, porque por Ella nos ha nacido el Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios (Antífona de la Comunión).

San Josemaría tenía una gran confianza en la Virgen porque le trataba mucho. De hecho nunca salía de su casa sin saludarla, incluso le daba un beso a una imagen.

Te voy a leer parte de su diario en el que cuenta su lucha y la ayuda que le daba su Madre del Cielo:

«Esta mañana (...) me desperté segurísimo de que había llegado el momento de levantarme. Efectivamente, eran las seis menos cuarto. »Anoche, como de costumbre también, pedí al Señor que me diera fuerzas para vencer la pereza, al despertar, porque —lo confieso, para vergüenza mía— me cuesta enormemente una cosa tan pequeña y son bastantes los días, en que, a pesar de esa llamada sobrenatural, me quedo un rato más en la cama. »Hoy recé, al ver la hora, luché... y me quedé acostado. Por fin, a las seis y cuarto de mi despertador (que está roto desde hace tiempo) me levanté y, lleno de humillación, me postré en tierra, reconociendo mi falta —serviam!—, me vestí y comencé mi meditación. »Pues bien: entre seis y media y siete menos cuarto vi, durante bastante tiempo, cómo el rostro de mi Virgen de los Besos se llenaba de alegría, de gozo. »Me fijé bien: creí que sonreía, porque me hacía ese efecto, pero no se movían los labios. Muy tranquilo, le he dicho a mi Madre muchos piropos . »(Llegué a hacer pruebas –escribe–, por si era sugestión mía, porque no admito fácilmente cosas extraordinarias. Inútilmente: la cara de mi Virgen de los Besos, cuando yo positivamente, tratando de sugestionarme, quería que sonriera, seguía con la seriedad hierática que tiene la pobre escultura). »En fin, que mi Señora Santa María [...] ha hecho un mimo a su niño (Vázquez de Prada, Tomo I, p. 469).

Es nuestra mejor arma para los combates diarios. Y si caemos vencidos, la Virgen no levanta.

Como San Josemaría lo tenía comprobado en su vida diaria, escribió: «Antes solo no podías…–Ahora, has acudido a la Señora, y, con Ella, ¡qué fácil!(Camino, 513). O esta otra frase que nos traza un camino seguro «A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María» (Camino, 495).

Terminamos con una oración para que nos proteja: Dulce Madre no te alejes. Tu vista de mí no apartes. Ven conmigo a todas partes y solo nunca me dejes. Ya que me proteges tanto, como buena Madre, haz que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

martes, 15 de julio de 2008

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

La primera lectura de la Misa de hoy nos recuerda de donde viene nuestra alegría

«Canta de gozo y regocijate pues vengo a vivir en medio de ti» (Zac 2, 14-17).

El instrumento que el Señor escogió para vivir en medio de nosotros es la Santísima Virgen.

Ella es la causa de nuestra alegría.

Además, la fiesta de hoy nos recuerda cómo la Santísima Virgen está especialmente pendiente de nosotros.

Son muchas las promesas de Ella bajo esta advocación.

Cuentan las crónicas que, el 16 de julio de 1251 se apareció la Virgen Santísima a San Simón Stock, General de la Orden de los Carmelitas.

Y le prometió unas gracias y bendiciones especiales para aquellos que llevaran el escapulario.

La devoción a la Virgen está prefigurada también en el Antiguo Testamento.

Se relaciona con una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que subía desde el mar (cfr. 1 Rey 18, 44) y que se divisaba desde la cumbre del Monte Carmelo, mientras el profeta Elías suplicaba al Señor que pusiese fin a una larga sequía.

La nube cubrió rápidamente el cielo y trajo lluvia abundante a la tierra sedienta durante tanto tiempo.

En esta nube cargada de bienes se ha visto una figura de la Virgen María (Cfr. Prof Salamanca, Biblia Comentada, BAC, Madrid 1961, vol. II, p. 450).

Muchos son los cristianos que lo llevan y han llevado desde hace cientos de años.

Ella prometió una especial atención a los cristianos en el momento de la muerte y el privilegio sabatino.

De alguna manera, las promesas están presentes en la fórmula de la imposición del escapulario:

Por los méritos de Santa Maria llévalo sin pecado, que te defienda de toda adversidad y te conduzca hasta la vida eterna (cfr. Breviario Romano de San Pío V, Ad Mat L VI).

San Josemaría decía: Lleva sobre tu pecho el santo escapulario del Carmen. —Pocas devociones —hay muchas y muy buenas devociones marianas— tienen tanto arraigo entre los fieles, y tantas bendiciones de los Pontífices. —Además ¡es tan maternal ese privilegio sabatino! (Camino, 500).

Tenemos hoy una oportunidad más de renovar la devoción mariana. Es un buen momento para sacudir la posible rutina que pueda haberse introducido en nuestro trato con Santa María.

Podemos agradecerle estos privilegios espirituales que nos benefician y podemos renovar hoy nuestro aprecio al escapulario.

Te pedimos, Señor, que la gloriosa intercesión de la Santísima Virgen María nos ayude siempre para que, protegidos por su auxilio, logremos llegar hasta el monte carmelo: Cristo tu Hijo y Señor Nuestro (cfr. Or. Colecta de la Misa).

Acudimos a Nuestra Señora del Carmen para que vele por nosotros, para que seamos fieles.

El Papa Juan Pablo II, hablando a jóvenes en una parroquia romana dedicada a la Virgen del Carmen, recordaba en confidencia el especial socorro y amparo que recibió de su devoción a la Virgen del Carmen.

«Debo deciros les comentaba que en mi edad juvenil, cuando era como vosotros, Ella me ayudó. No podría decir en qué medida, pero creo que en una medida inmensa. Me ayudó a encontrar la gracia propia de mi edad, de mi vocación».

Y añadía que la misión de la Virgen, la que se halla prefigurada y «toma inicio en el Monte Carmelo, en Tierra Santa, está ligada a un vestido. Este vestido se llama santo escapulario. Yo debo mucho, en mis años jóvenes, a éste, su escapulario.

«La Virgen del Carmen, Madre del santo escapulario, nos habla de este cuidado materno, de esta preocupación suya para vestirnos. Vestirnos en sentido espiritual. Vestirnos con la gracia de Dios, y ayudarnos a mantener siempre blanco este vestido».

El Papa hacía mención del vestido blanco que llevaban los catecúmenos de los primeros siglos, símbolo de la gracia santificante que iban a recibir con el Bautismo.

Y después de exhortar a conservar siempre limpia el alma, concluía: «Sed también vosotros solícitos colaborando con la Madre buena, que se preocupa de vuestros vestidos, y especialmente del vestido de la gracia, que santifica el alma de sus hijos e hijas» (Juan Pablo II, Alocución 15 enero 89).

Esto nos recuerda que nos tenemos que revestir con la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Revestirnos del hombre nuevo (cfr. Ef 4, 20–23).

Para eso, nos tenemos que llenar o empapar de la vida de nuestro Señor. Tenemos que conocerla y meditarla.

De la mano de la Virgen en la contemplación de los misterios del rosario, o cuidando la lectura del Evangelio a diario.

Por eso el Prelado del Opus Dei, en la carta de este mes nos pregunta: ¿Cómo amas, como cuidas, cómo aprendes de la lectura del Evangelio? ¿Viene a tu cabeza el pensamiento de que esas palabras las ha querido el Señor para tí? ¿Recomiendas esa manera de conocer y de tratar a Jesucristo? (Carta Julio 08).

Toma el Evangelio a diario y léelo y vívelo como norma concreta. Así han procedido los santos. (Forja 754).

La verdadera alegría nuestra que viene precisamente de Cristo que nos la ganó con su encarnación, muerte y resurrección. Seremos felices si le imitamos. Por eso mucho podemos sacar al meditar el Evangelio.

Seremos felices si hacemos lo que hizo Cristo. Es decir, en la medida en que nos entreguemos. Por eso nuestra alegría no es algo superficial. No sólo viene cuando uno está a gusto porque no se presenta dificultades.

La alegría cristiana es distinta.

Junto al Señor nada ni nadie nos la puede quitar.

-¡Señor, la alegría eres Tú. Contigo todo va bien aunque no vaya bien!

Con este vestido del que a lo largo de la vida ha luchado por imitar al Señor es el traje o vestido con el que un día nos presentaremos al banquete de bodas.

«Morir es para nosotros ir de bodas. Cuando se nos diga: ecce sponsus venit, exite obviam ei (Mt 25, 7) -sal que viene el esposo, que viene Él a buscarte-, pediremos la intercesión de la Virgen. Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora...y verás a la hora de la muerte! Que sonrisa tendrás a la hora de la muerte! No habrá un rictus de miedo, porque estarán los brazos de María para recogerte» (San Josemaría, 1974).

«No os preocupéis cuando llegue el momento estad tranquilos. Pido al Señor que llegue muy tarde para vosotros, para que podáis ir con las manos llenas de frutos y de flores al encuentro de Dios» (San Josemaría 1972).

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Por eso, Madre, permaneces con nosotros como Madre de la esperanza.

-Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino (cfr. Benedicto XVI, Spes Salvi).
Estanis Mazzuchelli

FORO DE MEDITACIONES

Meditaciones predicables organizadas por varios criterios: tema, edad de los oyentes, calendario.... Muchas de ellas se pueden encontrar también resumidas en forma de homilía en el Foro de Homilías