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miércoles, 6 de mayo de 2009

LA CHAMPIONS


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El Papa en su libro sobre Jesús de Nazaret, cita un salmo que explica porqué lo ha escrito: el interés que tiene en conocer mejor al Señor.

Es el Salmo 27,8–9 se refiere a Dios y dice: «De ti ha dicho mi corazón: “Busca su rostro”»

Y continua el Salmo hablando con Dios: «Sí, tu rostro, Señor, es lo que busco; no me ocultes tu rostro, no rechaces irritado a tu siervo»

Esto se lo podemos decir ahora al Señor en la oración: –Nuestro mayor interés es tener amistad contigo. Es así como nunca nos encontraremos solos.

UN EJEMPLO ACTUAL

Desde luego que en la vida existen más cosas que ésta. Como humanos que somos tenemos también otras cosas que nos ayudan a descansar. Por ejemplo los deportes.

En la actualidad algunos equipos de fútbol se juegan su permanencia en Primera División.

No es lo mismo estar jugando con los grandes equipos que bajar al purgatorio de la Segunda.

Hemos visto la alegría de los jugadores de baloncesto del Granada por su permanencia en la liga ACB.

Por su parte, la fe nos habla de lo que tiene que ser pasión para los cristianos, nuestro principal ejercicio. En definitiva, el Evangelio nos habla de lo que Dios ve como la permanencia en Primera.

EN PRIMERA

Los hombres de todas las épocas se han preguntado siempre cómo alcanzar la felicidad.

Y muchas veces han encontrado tres salidas para conseguirla: el dinero, el placer, y el poder.

Quizá se identifican con las tres concupiscencias de la que habla San Juan: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida.

De esas tres cosas. El dinero es el medio para conseguir cualquier cosa. Y aunque vivimos en una sociedad metalizada, nos damos cuenta que por ahí no anda la felicidad.

Tampoco está en el placer, que aunque ya no es un medio como el dinero, nos afecta interiormente. Pero vemos que no nos llena del todo.

El poder aparentemente atrae más a los mayores que a los jóvenes. Pero se ha dicho que «nadie se escapa de su capacidad de seducción».

En una obra maestra de la literatura y del cine de todos los tiempos se nos relata la historia de un anillo de poder.

¡Que levante la mano aquél que no le guste mandar! El ansia de los hombres por gobernar y mantener su posición –como se demuestra en la política– debe ser arrebatador.

Por eso se ha escrito: «Las alfombras de los salones donde acontecen los traspasos de poderes en los Ministerios y Secretarías del Estado están regadas por las lágrimas de melancolía de los salientes y de emoción de los entrantes». Conmovedor.

Siempre ha sucedido: el dinero, el placer, el poder, seducen. En definitiva buscamos el éxito. Como los jugadores de todos los equipos buscan la permanencia en Primera.

Y el mensaje que nos transmite es otro. Dice Jesús: «permaneced en mí». Jn, 15,4).

Para los cristianos jugar en Primera División es permanecer en Jesucristo.

–«Permanece con nosotros», le decimos al Señor.

Así le dijeron al Señor dos discípulos, horas después de la Resurrección.

Y el Papa el lunes de la octava de Pascua nos decía:

«En estos días (...) oiremos a menudo resonar las palabras de Jesús: “He resucitado y estoy siempre contigo”».

NO SÓLO EN BBC

–Permanece con nosotros, Señor, por se hace de noche cuando Tú no estás al lado.

Este es nuestro ejercicio, nuestro deporte: permanecer en el Señor.

Y nos ocurre que a veces perdemos partidos, oportunidades, y vamos bajando en la clasificación.

–¿He tenido presente al Señor esta mañana?

Pues se permanece en Jesucristo cuando se le tiene presente durante el día. No basta con tenerle presente en los momentos estelares.

Como algunas personas que se relacionan con Dios sólo en Bautizos, Bodas y Comuniones: BBC. Así es muy difícil estar con él de manera más o menos continua.

TRATO

Si queremos permanecer en el Señor, y no sólo ser conocido de BBC hemos de tratarle mucho. Los santos han sido amigos de Dios porque lo trataban continuamente.

Jesús dedicaba mucho tiempo a la oración, a tratar a su Padre Dios, a escucharle.

Porque Dios habla a través de los sucesos de esta vida. Si los vemos con ojos de eternidad, los acontecimientos actuales son minúsculos: pronto los olvidaremos.

¿Dónde están ahora las glorias de la selección española de hace 20 años?

¿Quizá dentro de 200 años ya no guste el fútbol?

Como diría Jorge Manrique, que no es un entrenador argentino, sino un poeta:

"¿Qué fue de las preocupaciones, que teníamos hace 2 años, de los fracasos de hace 20? Nadie se acuerda."
Todo pasa menos nuestra amistad con Dios.

DIOS NO ABURRE

Con el tiempo uno se va dando cuenta de que no hay almas gemelas. Nadie, por muy amigo que sea, puede llegar a comprendernos totalmente. Siempre hay algo que nos separa, que no podemos comunicar. Eso en el mejor de los casos.

Qué pena es estar solo. Sentirse sin posible comunicación, cuando hemos sido creados para relacionarnos. Para conocer y ser conocidos, amar y ser amados.

Hace poco, yendo por la calle con un amigo me decía que la gente mayor estaba muy sola. Me lo hacía ver porque pasamos al lado de una señora mayor que iba sola con una bolsa llena de lechugas.

Al principio pensé: caray qué capacidad de sacarle punta a todo. Pero luego vi que era verdad, hay gente que está muy sola, por lo menos aparentemente.

Digo aparentemente porque te encuentras con personas que viven solas pero que se sienten muy acompañadas por el Señor. Y, dicen, que si no fuera por él se aburrirían.

Una persona que viva bien su vida cristiana no puede sentirse solo, porque Él nos conoce y nos quiere más que nosotros mismos podemos hacerlo.

UNA PETICIÓN URGENTE

El Salmo (116,9–13) viene a recoger un desahogo del Autor: Quiero vivir en presencia de Dios en mi vida corriente. ¡Tengo fe, aún cuando pienso: «Me apalean porque me ven débil»!,
yo que he dicho en mi tribulación: «No hay nadie que quiera ayudarme».
De todas formas ¿Cómo podré pagar a Dios todo el bien que me ha hecho? Lo que haré es beber el cáliz de sufrimiento, llamando al Señor para que me ayude.

Y Él nos dice: –Ten paz, estoy siempre contigo.

JUNTO A NOSOTROS

Jesús está continuamente junto a nosotros, pero no nos damos cuenta. La fe hace que le veamos sin verle. Que le hablemos aunque parezca que no responde.

El Señor siempre contesta. Lo que ocurre es que hay que descubrir la forma en la que habla.

El nos habla más con hechos que con palabras. Porque la Palabra suya ya la pronunció, y suena en nuestros oídos.

Nos habla con hechos, con lo que los teólogos llaman Providencia.

Las cosas que nos ocurren durante el día podemos verlas como venidas de la mano de Dios, aunque nos contraríen.

Sobre todo notar su presencia al pedirnos que le ayudemos a llevar la cruz.

Y es que cuando el Señor nos envía cosas buenas es porque nos quiere, y cuando permite cosas que la gente llama malas, es para ver si le queremos a Él.

JUGAR LA CHAMPIONS

Para ganar en amistad con el Señor hay tratarle en la Eucaristía: se ha quedado no sólo para sus grandes santos, sino para que nosotros también seamos grandes amigos.

Si en la Comunión lo tratamos bien no sólo estaremos en Primera, sino que jugaremos en el mismo equipo de Dios.

Vamos a decirle a Jesús que nosotros queremos recibirle como le recibió la Virgen.

Ella no buscó el triunfo, ni el dinero, ni el placer, ni el gobierno. Ella buscó el rostro del Señor, y se lo encontraba en su casa. Allí donde nadie lo buscaba, allí estaba junto a María.

jueves, 29 de enero de 2009

UNA PANDA DE AMIGOS

El Evangelio nos cuenta como los apóstoles fueron conociendo a Jesús. Y fue de la manera más natural. 

Se fueron presentando unos a otros, hasta que formaron la clásica panda de amigos.

«Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y siguieron a Jesús. 

»Encontró primero a su hermano Simón (...) y lo llevó a Jesús» (Jn 1,40-42).

Después el Señor encontró a Felipe, y, Felipe le llevó a Natanael (cfr. Jn 1,43-46). Así, hasta que se formó el grupo entero. Aquello fue el inicio de una gran amistad, de un grupo muy unido. 

Unos que llaman a otros, y todos siguen a Jesús. Ven y sígueme, esa es la clave.

LA LEY DE LA AMISTAD

«Un trozo de hierro se afila con otro hierro; y a un amigo también se le da forma con otro amigo» (Prv 27, 17).

Esto dice precisamente el libro de los Proverbios cuando trata el tema de la amistad. 

Literalmente, el dice: «El hierro se afila con otro hierro y el amigo afila la cara del amigo». Es el modo hebreo de decir las cosas. 

Los amigos se influyen mutuamente. Es la ley de la amistad. Y se influyen tanto que acaban pareciéndose uno al otro.

Del mismo modo que una pieza de hierro vuelve a otra de una forma determinada si la rozamos contra ella. 

La amistad engendra en nosotros una forma de ver las cosas, de pensar, de divertirse, de hablar, etc.

Las amigas muchas veces visten parecido o igual, porque comparten los mismos gustos.

Todo esto se nota. Las madres se dan cuenta muchas veces que los gestos, y la forma de pensar de los amigos nos acaban influyendo. Por eso se preocupan de saber con quien vamos y salimos.

Que los amigos se influyen es algo evidente. Y ocurre, no porque se lo propongan, sino por el contacto diario.

EL LIDER DEL GRUPO

Entre las amistades suele haber algunos que destacan más. Muchas veces el motivo es porque tienen más personalidad que el resto. Llevan la voz cantante. 

Jesús es perfecto hombre. Él es el Maestro. Su personalidad es tan fuerte que no deja indiferente a nadie que se acerca a él.

Cuando dice su nombre en el Huerto Olivos cayeron a tierra los que iban a apresarle. El Señor no pasa desapercibido. Sus enemigos quieren acabar con él porque está influyendo sobre las personas.

Los Apóstoles fueron cambiando poco a poco con el pasar de los días. Se fueron transformando casi sin darse cuenta.

San Juan que, como su hermano, era de carácter fuerte, se volvió suave.

Pedro que fue cobarde, terminó dando su vida por él. Y así todos. Todos menos Judas, que en el fondo no era amigo de Jesús.

El Señor influye tanto que nos cambia la vida. A san Pablo le ocurrió eso, por eso decía «Vivo pero no soy yo, sino Cristo el que vive en mí» (Gal 2,20). Lo que le impulsaba era Espíritu de Jesús resucitado. 

Su actividad ya no se movía por el «haré esto» o «no lo haré», sino que el Espíritu de Dios le hacía decir «Abba Padre». Lo mismo les sucede a los santos. Se mueven por una fuerza interior que les lleva a superar las dificultades.

El trato con Jesús les hacía tener en cuenta, no solo lo material sino también lo espiritual.

A ESE GRUPO PERTENECEMOS

Los santos se han rodeado de amigos. Formaban grupos de gente que tenían verdadera amistad. Y como estaban tan cerca de Dios han sido la pieza que les unía a Jesús.

San Josemaría empezó con tres. El grupo inicial lo formaban Pepe Romeo, don Norberto Rodríguez e Isidoro Zorzano, que eran, a su vez, continuadores de los asistentes al Sotanillo (cfr. Vázquez de Prada, Tomo I, p. 446).

Curiosamente las primeras vocaciones aparecían cuando se presentaba la fiesta de unos de los apóstoles. 

«Para la historia de la Obra de Dios —escribía en una catalina del 8-V-1931—, es muy interesante anotar estas coincidencias: El 24 de agosto, día de S. Bartolomé, fue la vocación de Isidoro. El 25 de abril, día de S. Marcos, hablé con otro [...]. El día de S. Felipe y Santiago (1-V-31), tuve ocasión —sin buscarla— de hablar a dos. Uno de ellos, con quien me entrevisté de largo, quiere ser de la Obra» (p. 448).

Esa amistad con San Josemaría les llevaba a seguir al Señor. Por eso escribe de los que llegaban: «Ninguno dudó; conocer a Cristo y seguirle fue uno. Que perseveren, Jesús: y que envíes más apóstoles a tu Obra» (p. 449).

Esa era siempre su actitud. Dirigir cada persona al Señor. El escultor Jenaro Lázaro, que los domingos por la tarde, a la salida del Hospital General, se quedaba charlando un rato con don Josemaría, refiere sus recuerdos: «Estas conversaciones, me produjeron una impresión imborrable: era un hombre de Dios, que arrastraba hacia El a las personas que trataba» (p. 452).

LA LLAVE QUE ABRE CUALQUIER ALMA

A veces en el apostolado vamos probando cosas que vemos que no sirven porque la gente no avanza. 

Hay unas palabras que le dice Don Jose María Samoano a María Ignacia Escobar, la primera vocación a la Obra, que dejan claro el camino que hay que seguir. Le aclaraba que para construir bien el Opus Dei era preciso echar sólidos cimientos de santidad: «No queremos número, eso... ¡nunca!, le decía el capellán. Almas santas... almas de íntima unión con Jesús... almas abrasadas en el fuego del amor Divino ¡almas grandes! ¿Me entiende?» (445)

Jesús es la llave que encaja perfectamente en la cerradura de cualquier alma. A veces uno va con un manojo de llaves y va probando hasta que encuentra la adecuada.

El Señor es como una llave maestra que abre la puerta del mundo sobrenatural.

COMUNIÓN, CONFESIÓN Y ORACIÓN

Nuestro apostolado debe consistir en llevar a nuestros amigos a Jesús. Y el Señor influye a través de la gracia, con los sacramentos y en la oración.

Debemos presentarlos, porque, aunque lo conocen de oídas, no lo tratan personalmente.

Comunión, confesión y oración. De esa manera el Señor va influyendo en nosotros casi sin darnos cuenta.

Él es siempre eficaz, porque Jesús no cambia, actúa siempre, es el mismo ayer, hoy y siempre. Entonces nuestros amigos serán santos. 

Nosotros hemos cambiado mucho, y más que nos queda. Si hacemos la cuenta, yendo a Misa a diario durante 10 años hemos recibido al Señor unas 3.000 veces. Y son muchas las horas que nos hemos pasado delante del Sagrario. Y cientos las confesiones.

A pesar de que nuestros defectos y pecados, Jesús es el que nos ha transformado y nos seguirá cambiando.

La Virgen, cuando está en la cruz no está sola. Está con su grupo de amigas. Allí están todas con Jesús. Que nosotros sepamos también hacer lo mismo.


viernes, 13 de junio de 2008

CON UN PROYECTO COMÚN

Hoy comenzamos el año que la Iglesia ha querido dedicar a San Pablo.

También celebramos la fiesta de San Pedro, el primer Papa (cfr. Mt 16, 13-19: Evangelio de la Misa del día).

La verdad, es que los dos Apóstoles eran muy distintos.

Tenían diferencias por nacimiento (San Pablo no era de Palestina), por culturas, incluso también las profesiones no se parecían en nada: Pedro era pescador, y Pablo, parece ser que trabajaba en un negocio de tiendas de campaña.

Muchas cosas los separaban en lo humano, y también en los espiritual: Pedro había vivido con el Señor, y Pablo había sido enemigo declarado de los cristianos.

Pablo era un experto en la Escritura, y Simón tenía una cultura teológica elemental.

La manera de actuar en el apostolado también era distinta. Por lo que sabemos San Pablo viajó y escribió mucho más que San Pedro.

Todo esto es complementario, porque tenían un proyecto común.

Aunque eran muy diferentes, los dos fueron a lo mismo: «plantaron la Iglesia con su sangre» (Antífona de entrada de la Misa).

«Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo, el maestro insigne que la interpretó» (Prefacio de la Misa).

Los dos dedicaron su vida al mismo proyecto: guardar la fe. Y por eso sufrieron cárcel y persecuciones.

A Pedro se le podrían aplicar íntegramente las palabras que dijo San Pablo poco antes de morir: «he peleado buena batalla, he acabado mi carrera, he guardado la fe» (2 Tim 4, 6-8: Segunda Lectura de la Misa).

Participaban de la misma empresa aunque tuviesen puntos de vista diferentes. Mejor: así se adaptaban a todas las sensibilidades.

Los dos estaban en la tierra para lo mismo: salvar almas. Pero de distinta forma: Pedro «fundó la primitiva iglesia con el pueblo de Israel, Pablo la extendió a todas las gentes» (Prefacio de la Misa).

–Señor, haz que nosotros también actúemos con un solo corazón y una sola alma (cfr. Oración depués de la comunión).

Hoy le damos gracias a Dios por haber hecho a los santos tan diferentes y tan amigos.

Porque no se fijaban en lo que les separaba sino en lo que les unía: la amistad con el Señor.

En el carácter no parece que tengan mucho que ver el Santo Cura de Ars y el Fundador del Opus Dei. Son lo menos parecido que puedes encontrar. Uno era descuidado para algunas cosas materiales, el otro muy práctico.

Y sin embargo, San Josemaría escogió al Santo párroco como uno de los intercesores de la Obra.

Siendo distintos quieren lo mismo: salvar almas, como San Pedro y San Pablo.

Hay santos que se han pasado la vida en un mismo sitio, como San Alejo debajo de una escalera?

Otros, en cambio, han dormido en cama y han viajado por todo el mundo, como Juan Pablo II. Pero, sin embargo, Benedicto XVI viaja mucho menos. Pero al final todos pretenden lo mismo.

Al comenzar hoy el año de San Pablo, hacemos el propósito de aprender a hacer apostolado en nuestro ambiente, cada uno a su manera de ser. Sin miedos.

En la Iglesia hay maneras muy distintas de actuar. Lo importante no son las diferencias, sino tener un mismo proyecto común.

Estos días lo estamos viviendo con la Eurocopa de fútbol. Jugadores que durante el año están en equipos distintos.

Incluso que son eternos rivales, pero que tienen ahora un proyecto único: ganar la Eurocopa para su país.

Nuestro proyecto común es llevar almas al Cielo.

La manera, quizá, más frecuente de hacerlo es hablando de Dios de tú a tú, a través de la amistad:

este es el mejor regalo que le podemos hacer a las personas que queremos.

Para eso hemos nacido, para ser santos y hacer apostolado.

-Señor, concédenos seguir en todo las enseñanzas y el ejemplo de estos dos Apóstoles (cfr. Oración colecta Misa del día).

Si somos amigos de Dios –eso es lo que nos une a todos en la Iglesia–, entonces daremos la cara por Él, cada uno a su estilo.

Dar la cara. San Pedro y San Pablo murieron por el Señor y por su Iglesia. A uno lo crucificaron, y al otro le cortaron la cabeza.

A Juan Pablo II no había más que verlo por la televisión, lo gastado que estaba.

Nosotros ¿qué estamos dispuestos a hacer? ¿Hablamos con frecuencia de Dios? ¿Estamos dispuestos a quedar mal, a cansarnos hasta físicamente?

Cuando San Josemaría montó la residencia de Ferraz, aquello costó mucho.

«
El primero en sucumbir al cansancio fue Ricardo, el director. Tuvo que guardar cama en el mes de agosto.

Don Josemaría, más curtido y resistente —también más agotado—, arrastró como pudo su cansancio hasta septiembre, en que se fue a hacer un retiro espiritual en los Redentoristas de la calle Manuel Silvela.

Meses antes, don Francisco Morán, notando su agotamiento, le ofreció unos días de descanso en una finca de su propiedad, en Salamanca. No pudo aceptar don Josemaría
» (Vázquez de Prada, Vol I, p. 551).

Estaba tan cansado que él mismo comentaba: «me echaría ahora en cualquier sitio, aunque fuera en medio de la calle, igual que un golfo, para no levantarme en quince días» (Ibidem).

–Regina Apostolorum. ¡Reina de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo ayudádnos en nuestro proyecto común!

miércoles, 27 de febrero de 2008

TIEMPO DE AMIGOS

Qué maravilla tener al Señor tan cerca de nosotros, dando sentido a nuestra vida. ¡Jesús en el sagrario es el motor de la Iglesia, y de todo el mundo!

La Iglesia vive de la Eucaristía, y cada uno de nosotros tenemos que vivir de la Eucaristía.

Aquí parece que no tiene ningún poder, ni siquiera la vida: y sin embargo es el creador de la vida.

Como han hecho todos los santos para seguir al Señor hay que tener cintura, cambiar los esquemas, no aferrarse a lo que ya venimos haciendo.

Y ahora el Señor quiere que entendamos que somos Cristo que pasa para muchas personas.

Esta es la misión para la que el Señor nos ha puesto en esta tierra: salvar almas y santificarlas.

Jesús significa: Dios que salva. El nombre del Señor lo identifica con su misión: el Salvador.

Aquí lo tenemos en el sagrario, y nos suplica calladamente que le ayudemos.

Para eso nos ha dado la vocación, aunque personalmente seamos peores que los demás. Estamos para orientar en el camino a Dios.

La Iglesia con alguna frecuencia nos trae a nuestra consideración la figura del Bautista, que preparó la llegada de nuestro Señor.

Por aquel tiempo se presentó en el desierto de Judea, predicando –nos dice San Mateo 3, 1-12–: «Convertios, porque está cerca el reino de los cielos»

El mensaje es bastante fácil, es el siguiente:
Si queremos vocaciones, conversiones.

Si queremos conversiones, confesiones.

Luego: si queremos vocaciones, confesiones.

Y esto se consigue con las conversaciones.

Decía Napoleón, ese gran estratega: –hay muchos, y muy buenos generales en Europa, pero ven demasiadas cosas. Yo veo un punto importante y me lanzó sobre él, como si no hubiera otra cosa. Lo demás ya caerá.

Y por el contrario la dispersión de las fuerzas es lo más nefasto. Por eso en las batallas sólo puede haber una consigna que debe repetirse machaconamente.

Pues lo que el Señor quiere transmitirnos es que si queremos vocaciones, confesiones.

Esto es lo mismo que decir si queremos vocaciones diarias, confesiones diarias.

Estamos en la presencia de Dios y podemos preguntarnos:

¿por qué motivo no puede hacer apostolado una persona mayor o una persona enferma?

No será que no hacen apostolado de la confesión las personas mayores, porque no se siente animadas por nosotros.

Seguía diciendo el Bautista a la gente que se le acercaba: –Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro Padre”

Las vocaciones, el fruto que dice el Señor que nos ha destinado, no se consigue de la noche a la mañana: lo nuestro no es esperar al maná extraordinario, llovido del Cielo, sino que nos santificamos con el trabajo apostólico ordinario.

Si queremos vocaciones, conversiones:

Es necesaria una conversión de la sociedad y de las personas, empezando por nosotros: es necesaria una conversión para recuperar la esperanza.

Pues aquí estamos nosotros. En la carta Ecclesia in Europa, dice la entradilla:

SOBRE JESUCRISTO VIVO EN SU IGLESIA Y FUENTE DE ESPERANZA PARA EUROPA

Juan Pablo II hablaba mucho esperanza, igual que el Papa Benedicto.

No pueden desanimarnos las dificultades: son un reto. Como para un montañero una cumbre.

Que sería de Teresa de Jesús sin su época, de San Josemaría sin las dificultades que tuvo. Eso desde Abrahán: –tendrás un hijo: Sara se rió.

La esperanza es la virtud que más necesita este continente viejo y cansado.

El cambio de ritmo en la labor apostólica nos puede parecer imposible. Y lo es para personas pesimistas...

Pero para eso está el Señor en el sagrario, para llenarnos de optimismo. Dios lo puede todo, puede quizá que tengamos que rezar más.

La situación actual puede llevarnos a la desesperanza: no podemos nada. Por eso hemos de reaccionar con fe en el Señor, no en nuestras fuerzas.

Aunque seamos poca cosa - san Josemaría se veía como un borrico- somos de Cristo, mejor dicho somos el mismo Cristo. Por eso debemos portarnos como él.

Una de las tentaciones permanentes y a veces más sutiles en la vida espiritual es la de basarla en nuestros propios esfuerzos y no en la misericordia de Dios, que es gratuita.

Te damos gracias Dios nuestro, porque nosotros somos mejores que los demás, somos el paladín de la ortodoxia, hacemos oración dos veces al día, no tomamos azúcar en el café...:

Así no puede ser nuestra oración.

Porque nuestra fuerza es la misericordia de Dios. No buscamos vocaciones para nuestra honra corporativa, sino que...

Deo omnis gloria, para Dios toda la gloria.

Aunque no somos mejores que los demás el Señor ha querido que en este Milenio que comienza nosotros, junto con otros cristianos, actuemos de médicos.

Si queremos conversiones, confesiones:
Hemos de contar con la gracia de Dios para la conversión nuestra y la de los demás

Más alegría hay por un pecador que se convierte que por 99 santos.

También le sucede a los médicos: no es lo mismo bajarle la fiebre a un griposo que sacar adelante a un infartado.

Medios humanos y medios sobrenaturales: pero eso no quiere decir que sean al 50%. La oración tiene que ser lo más abundante, porque eso es lo que convierte a las almas.

Porque los grandes evangelizadores han sido los santos.

Y Junto a los medios sobrenaturales, los medios humanos.

Si queremos confesiones, conversaciones:
esa es la base humana de la labor de apostolado, y es lo que hicieron los primeros cristianos.

Napoleón, que como decíamos antes, era un genio militar pero ganaba las batallas con una guerra convencional.

Se topó en España con una guerra de desgaste, la guerra de guerrillas.

Con un país que se levanta no se puede. El heroísmo de un pueblo inventó la guerra de guerrillas.

Esto contrasta con la decadencia de Roma: unos ciudadanos aburguesados que contrataban a otros para que luchasen.

Pues podíamos decir: ahora es el momento del apostolado personal, por la corporación en Occidente no surgen las vocaciones.

La guerra convencional de los ejércitos ha cambiado. Ahora 3 personas con varios cortaúñas ponen en jaque a la mayor potencia en el mismísimo Pentágono.

Un experto del CESID nos hablaba de la nueva guerra de redes compuesta por células que son autónomas.

En el terreno del apostolado, parece que el Señor quiere que haya un mínimo de estructura y mucha espontaneidad personal.

Por eso el espíritu de los primeros cristianos es muy adecuado para nuestro tiempo. Porque hay que vivir bien las cosas, porque sino la estructura acaba ahogando la iniciativa personal.

Esto es guerra de guerrilla.

El peligro es el excesivo peso de las cosas que conlleva la organización. Peligro que existe en este continente donde la Iglesia lleva tantos siglos, y hay tantas estructuras consolidadas.

Y entonces –podríamos preguntarnos– ¿quién habla de Dios? Porque parece que no da tiempo. Entonces esto se parecería a la leyenda del parto de los montes: una Gran Montaña que parió a un pequeño ratón.

No nos engañemos, los árboles crecen por las raíces, los hombres por los amigos. Los que tienen discípulos pero no amigos difícilmente podrán contar con una base humana sólida para el apostolado.

Sin la base humana no puede darse lo sobrenatural. Y un hombre sin amigos es un hombre pobre, por muy alto que haya llegado.

A veces pasa que decimos mis amigos. Y lo que son es sólo simples conocidos o conocidas.

Si nos fijamos, el Señor hizo la Iglesia con amigos de verdad: eligió a sus amigos. Igual nos toca a nosotros: porque los amigos se eligen.

Pero hay que tener paciencia. Después de tres años de trato pocos apóstoles fueron fieles en el momento duro de la Cruz. A pesar de haber sido formados directamente por nuestro Señor.

Aquellos hombres aunque eran amigos del Señor todavía no estaban preparados. Más tarde darían la vida por Jesucristo.

En la cruz sólo fue fiel un apóstol que se fue allí con María. Y además estaban las amigas de la Virgen.

FORO DE MEDITACIONES

Meditaciones predicables organizadas por varios criterios: tema, edad de los oyentes, calendario.... Muchas de ellas se pueden encontrar también resumidas en forma de homilía en el Foro de Homilías